Así es la rutina de un fisicoculturista

Miércoles, 31 Agosto 2016 05:05

Para Andrés Navarro, fisicoculturista de 22 años, el gimnasio es su segundo hogar. Hacer ejercicio se ha convertido, más que un hobby, en parte esencial de su vida.

|||||| |||||| Foto:Andrés Navarro||||||
1202

Son las 6:10 pm y Andrés, cansado del día tan pesado que tuvo, llega a comer su primera cena de la noche. Hoy, que es su día de dieta baja en carbohidratos, comerá atún y quinua con leche. Dentro de dos horas, que le vuelva a dar hambre, planea comerse un wrap con jamón, y dos o tres claras de huevo. Aunque sus papás no lo apoyan en el físico culturismo, para él ha sido una de las mejores cosas que le ha pasado en la vida.

Mientras come, recuerda, con una sonrisa en la cara, la competencia de hace unas semanas en la que quedó de tercer puesto. Sonríe ahora que puede, pues el nivel de deshidratación en el que se encontraba durante el concurso no le permitía mover un solo músculo de la cara. Su boca ya no producía saliva y sus ojos no dejaban de tener tics. Aun así, él lo recuerda como un momento de gloria, o mejor, como SU momento de gloria. Aunque anhelaba la medalla de oro, el bronce no estaba nada mal para ser su primera competencia.

No haber logrado el primer puesto lo ha motivado a exigirse más cada día y a tener una mejor preparación para su segunda competencia, en la que quedó de segundo puesto. Una medalla de plata que, con mucho esfuerzo y dedicación, obtuvo a finales del mes de agosto en Pereira. Pero primero lo primero, Andrés, antes de ir a un concurso, se asegura de que no se le cruce con la universidad. “Yo no voy a dejar de lado mi estudio, lo que me va a dar plata, por irme a hacer algo que me gusta”, comenta.

Salió de la casa esta mañana a las 7:00 am, con una sudadera roja, jeans y tenis grises. Nos encontramos en su edificio y caminamos alrededor de cinco cuadras para tomar el bus que lo deja cerca de su universidad. Si hubiera sabido que me iba a cansar tanto durante el día, con lo mucho y lo rápido que caminé para seguirle el paso, me habría puesto zapatos deportivos.

Estudiar Ingeniería Química le ha servido para abrirle la mente a llevar una mejor nutrición. “Yo tenía muchos pensamientos inciertos en la cabeza y materias como Bioquímica y Química orgánica me han enseñado sobre los ciclos de mi cuerpo y la importancia de diferenciar anabolismo de catabolismo”, afirma.

Cuando se sale por la noche no se come, simplemente se toman líquidos. Al no comer, se forma catabolismo, destrucción de la proteína, y se pierde todo lo construido durante el día. Lo ideal es estar siempre en anabolismo, que es construcción de músculo. “Por eso yo solo salgo si es una ocasión especial, de familia o amigos muy cercanos. Son sacrificios que toca hacer, pero ya me he ido acostumbrando”, dice.

Al salir de clases y antes de entrenar, El Coste, como lo llaman sus amigos, almorzó pollo con arroz que él mismo preparó y empacó por la mañana. En medio de la comida se acuerda de su “ensalada”, una pastilla de multivitamínico de color azul. Esta píldora, según él, suple sus verduras del día, ya que le aporta vitaminas y nutrientes.

Su rutina ‘fit’

Andrés se ejercita todos los días de semana en el gimnasio de la universidad, por cuestiones de comodidad y tiempo. Los sábados y domingos son sus “días de descanso”, en los que se dedica a hacer cardio y calistenia. Hace ejercicios físicos con el peso corporal propio que generalmente se hacen en barras.

Al llegar al gimnasio, luego de saludar a muchas de las personas que allí se encuentran, se pone ropa deportiva y una gorra que llevaba amarrada de su maletín durante todo el día. Saca su celular y los audífonos, que lo ayudan a la concentración, y empieza su rutina. La música que escucha depende del ejercicio que haga. Cuando hace pesas y abdomen escucha géneros como electrónica, reggaetón y alternativo; y cuando hace cardio o kickboxing prefiere escuchar ópera, por raro que suene, porque esta lo ayuda con la respiración.

Al alzar pesas se le marcan las venas de los brazos, como si estuvieran ejercitándose ellas también. Sus gritos y su cara, roja como un tomate, me acuerdan a Óscar Figueroa en Rio 2016. Si este medallista olímpico viera a su casi-colega alzar pesas, se sentiría muy orgulloso.

Mueve su cabeza al ritmo de los beats de la electrónica, mientras se mira en el espejo entre cada set de pesas. Es como aquellas modelos que, orgullosas de su cuerpo, posan sin cansarse para la cámara. Andrés posa para cada uno de los espejos que se encuentran en las paredes del gimnasio. Él dice no ser vanidoso, pero su foto de perfil en Whatsapp, una selfie sin camisa en el espejo, dice todo lo contrario.

Hace abdomen tres veces a la semana y los otros días hace lumbar, zona del cuerpo situada al final de la cintura, u otro músculo que, para él, esté débil. Solo con verlo siento que me duele el cuerpo, pues mientras todos los demás alzan máximo 10 kgs en cada brazo, para él eso es “cualquier vaina”.

Después de dos horas de ejercitarse sin parar, se despide del lugar de paredes cubiertas de espejos y con olor a bus en tierra caliente. Se pone el mismo jean que tenía en la mañana y una camiseta de mangas en la que se le marcan el pecho y los brazos. Sale sin chaqueta, porque su cuerpo aún está caliente del gimnasio.

La preparación para la competencia

Camina a tomar el bus de vuelta a casa, mientras me cuenta sobre la competencia en la que participó a finales de julio. La categoría en la que compitió se llama Men´s Physique, en la que exigen un cuerpo de playa. No es necesario ser corpulento, tipo Arnold Schwarzenegger, sino estilizado y fitness, como su ídolo Jeff Seid (por favor buscar en Google, no se arrepentirá). “Debo estar grande y muy definido, pero no exagerado”, comenta Andrés.

Sin embargo, a pesar de lo importante que es el físico en el concurso, la competencia se define por el carisma, las poses y el color de piel. Los concursantes deben tener bronceado artificial para lograr un color naranja metálico, que se asemeja al de un primo lejano de Los Simpsons.

Antes de competir, Andrés suspende totalmente la sal en la comida. “El sodio retiene mucha agua en el cuerpo”, dice.

- ¿No te sabe feo la comida sin sal?

- No, lo que pasa es que yo no como por lo que sepa más rico, sino por lo que más me alimente. Le perdí el gusto a la comida.

Su rutina consiste en tomar, tres semanas antes de la competencia, cinco litros de agua diarios. Luego comienza a bajarle a tres, para finalmente eliminar el agua de su dieta e irse deshidratando hasta que se le marquen más los músculos. Pero cuando se acabó la competencia, lo primero que hizo fue buscar una botella de Coca-Cola. “Eso fue la locura, para mí tomarme una gaseosa, así completica, era ufff... el cielo”, afirma El Coste.

A las 6:30 pm, cuando ya Andrés ha cenado, es hora de irme para la casa. Mientras camino no puedo dejar de pensar en que todos, de alguna manera u otra, somos físicoculturistas. Nos dedicamos a moldear nuestro cuerpo como si fuera plastilina y lo esculpimos como un escultor lo hace con su obra de arte.