Advierten sobre riesgos de 'fumar' cigarrillos electrónicos

Viernes, 01 Abril 2011 08:34

Los cigarrillos electrónicos son para muchos un forma de fumar “sanamente”, para otros un peligro del cual no se conocen los efectos. Desde su aparición en mayo del 2004, estos dispositivos han levantado una serie de debates en torno a sus beneficios y desventajas.

Cigarrillos electrónicos desechables que tiene un  valor $37.000||| Cigarrillos electrónicos desechables que tiene un valor $37.000||| |||
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No se sorprenda si ve a alguien aspirando humo de un dispositivo de plástico de forma alargada, pues se trata de un cigarrillo electrónico. Este novedoso invento creado en China, es promovido por muchos como la solución para dejar de fumar. Para otras personas, este producto es peligroso, ya que contiene elementos nocivos para la salud.

Al igual que un cigarrillo común, el electrónico necesita la inhalación de las personas para que el atomizador, una pequeña resistencia, se caliente y pueda emitir el vapor. Éste saldrá por los cartuchos (filtros), dando una sensación similar a la del humo real. En la parte blanca del cigarrillo, se encuentra ubicada una batería de litio, encargada de dar la energía para el funcionamiento del dispositivo y al igual que la batería de un celular, debe ser recargada.

Ángela Ordoñez, una de las promotoras de estos dispositivos en Bogotá, afirma que a diferencia de los cigarrillos de tabaco, los electrónicos no generan monóxido de carbono ni alquitrán, elementos no sólo dañinos para el medio ambiente, sino para el ser humano. “Al no producir gases contaminantes, no hay efectos colaterales para terceros y pueden ser utilizados en lugares públicos como: restaurantes, bares aeropuertos y cines”, afirma.

El Instituto Nacional de Cancerología (INC), advierte que estos productos contienen substancias dañinas para la salud. El vaho o vapor que produce los dispositivos electrónicos, contiene nicotina, causante de enfermedades respiratorias, cerebrovasculares, cardiovasculares y neoplasias, crecimiento anormal de células que pueden llegar a generar un tumor. También tienen substancias cancerígenas como las nitrosaminas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha anunciado que todavía se desconocen los efectos de los e-cigarrillos, como son conocidos, debido a la poca investigación que se ha realizado sobre estos. Por su parte, el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA), ha declarado que estos dispositivos no cuentan con su respaldo, pues no son considerados como un medicamento que contribuya a dejar de fumar y no contienen bondades terapéuticas.

Tanto la OMS, el INC y el INVIMA ratifican que este producto no es una ayuda o alternativa para disminuir el habito de fumar, pues no hay investigaciones científicas que lo corroboren. Estas declaraciones se realizan con el fin de impedir que promotores de estos elementos, los impulsen con dichos beneficios.

La ley 1335 del 2009, prohíbe la distribución, importación y comercialización del cigarrillo electrónico, pues el principal objetivo de esta, es prevenir daños a la población no fumadora, dentro de la cual se encuentra el público infantil. En el artículo 4 de la misma ley, se prohíbe la venta y distribución de productos cuya forma sea similar a la de un cigarrillo y puedan resultar atractivos para los menores de edad.

Luz Ángela Grosclaude de 50 años de edad, solía fumar tres cajetillas de cigarrillos por semana. “Me pasé al electrónico, porque mi cuñado me lo regaló para que dejara de fumar”, dice. Ángela se gastaba entre 30.000 y 40.000 mil pesos al mes en cigarrillos, ahora gasta $28.000, que es lo que cuesta el líquido recargable de los e-cigarrillos.

Al igual que Ángela, Camilo comenzó a usar estos dispositivos por que se los obsequió un familiar. “Me gustan porque es una manera de fumar sana, lo malo son los precios, son muy caros”, menciona. Los e-cigarrillos más baratos, los desechables, cuestan $37.000 y tienen una vida útil de 30 cigarrillos normales. Los más caros oscilan entre $195.000 y $270.000 y pueden llegar a durar de 2 a 5 años, dependiendo del uso que se le dé.