Álvaro Duarte, se jugó el partido de la vida y metió gol

Miércoles, 25 Noviembre 2020 01:07

Este bogotano supo desde muy pequeño que quería ser jugador de fútbol profesional y lo logró. Desde los 13 años ha pasado su vida en las canchas y sólo lo alejó de ellas una situación que puso su vida en riesgo. Aun así, este habilidoso delantero jugó a la altura y triunfó.

Álvaro Duarte, ex jugador de fútbol profesional colombiano, ahora entrenador.|Nómina embajadora en la final del campeonato del 78||| Álvaro Duarte, ex jugador de fútbol profesional colombiano, ahora entrenador.|Nómina embajadora en la final del campeonato del 78||| Equidad|Noticias Millos|||
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Su voz es grave; tiene el peso de la experiencia. Sus ojos oscuros, de mirada dulce, siempre están atentos. Su sonrisa es una línea delgada y torcida que resalta en su cara. Hace muchos años lleva el pelo largo; siempre largo. Álvaro Duarte constantemente está moviendo las manos: cuando simula la trayectoria de la pelota por el campo al reconstruir una jugada, cuando las frota una con la otra al explicar un movimiento en cancha, o cuando entrelaza los dedos entre su pelo y los pasea por su cabeza en los momentos más tensionantes del juego.

Hace más de 35 años que se retiró del fútbol profesional, pero no de las canchas. Ahora permanece entre las líneas punteadas que demarcan las laterales, dirigiendo. Las recorre de un lado a otro, deseando entrar a jugar. Su mente está maquinando todo tipo de jugadas, técnicas y movimientos. Porque, como jugador, una de sus grandes fortalezas es que su cabeza siempre anduvo tan rápido como sus pies.

Años de gloria

Álvaro Duarte no se hizo jugador, nació jugador. Como él mismo lo dice, “ fue una capacidad innata”. A los 13 años ya sabía que lo que quería hacer por el resto de su vida era jugar con la pelota. Un cometido difícil de lograr desde la perspectiva de sus familiares, no por falta de habilidades, sino porque quién en su sano juicio podría pensar vivir de darle patadas a un balón, así como lo cuestionaba un tío suyo. Álvaro recuerda que durante su infancia, el imaginario sobre este deporte hacía pensar que era una actividad para las personas que estaban desocupadas, pues suponía descuidar los estudios.  Sin embargo, “mi única ilusión era la pelota”, dice.

El fútbol era el deporte que podía jugar cualquiera: sólo se necesitaba un espacio y un balón. Él empezó a jugar en escuelas públicas, pero era una época muy difícil. Década de los años 60; época del hippismo, la marihuana estaba de moda. “Yo tenía dos caminos: o el fútbol o desviarme un poquitico. De hecho, muchos amigos míos terminaron mal por la droga”. Pero él no. Persistió, entrenó con disciplina para potenciar su agilidad natural y a los 13 años entró a las divisiones menores de Millonarios. Luego, en 1976, debutó en el equipo profesional y dos años después adquirió el título del trigésimo primer torneo de la Categoría Primera del fútbol profesional colombiano. La estrella número 11 del cuadro embajador la ganó Álvaro con el número 17 en su espalda.

En aquella época dorada del equipo, Álvaro compartió con figuras como Arturo Segovia, Roberto Riquelme, Willington Ortíz y Jaime Morón, entre otros. Más adelante, en el año 1980  jugó en Santa Fe con Radamel García padre y de allí surgió una gran amistad. Algún tiempo después, partió hacia Puerto Rico para jugar en el Remanso y, al retornar a Colombia, volvió a la que siempre fue su casa: al equipo embajador. Cuando se retiró del fútbol, viajó a Brasil para formarse en administración deportiva. Como entrenador lleva aproximadamente 37 años dirigiendo a equipos masculinos y más de 20 años con grupos femeninos.

En esta nueva faceta, dirigió la Selección Venezolana de Fútbol Sala para el mundial de Italia de 1991 y a nivel universitario trabajó con la Universidad La Gran Colombia. Después, dirigió durante más de 15 años los equipos de fútbol masculino y femenino de la Universidad del Rosario y fue el director técnico del equipo femenino de Equidad Fútbol Club, en el año 2017.

El fútbol le dio todo

Año 1981. Bogotá, Estadio Nemesio Camacho El Campín. Partido amistoso entre la Selección de Brasil y Millonarios. En el minuto 70, ingresó Álvaro Duarte a enfrentarse en el terreno con figuras como Paulo Roberto Falcão, Sócrates, Zico, y el arquero Emerson Leão. De repente quedó la pelota frente a Duarte, flotando a unos 40 metros del arco en que Leão era guardián. Álvaro apuntó y el arquero brasilero se estiró y con mano cambiada sacó el balón. “El estadio gritó gol. Desgraciadamente no entró, pero para mí fue algo muy emocionante, un momento que me marcó”. Además, es un gran recuerdo para él  haber podido compartir el terreno con estas históricas figuras, referentes mundiales, monstruos en el fútbol.

Aún así, más allá de estas anécdotas excepcionales, el fútbol marcó a Álvaro de una manera más profunda e íntima. “Para mí, el fútbol ha sido lo máximo, ha sido mi vida”. Él es un hijo natural, lo que en su época significaba que su padre no lo reconoció, relata. Lo crió una tía, que prácticamente fue como su madre, pero tuvo muchas carencias. El fútbol lo salvó de muchas maneras, a él y a su familia. “Gracias a este deporte mis hijos no sufrieron las carencias que yo sufrí, por eso para mí el fútbol es lo más grande”.

Hoy en día, todos sus hijos son profesionales bien formados en lo que siempre quisieron hacer. Uno de ellos, también llamado Álvaro, trabaja en el cuerpo médico de las divisiones menores del Atlético de Madrid, Mateo es periodista y comunicador social en la W y Pamela, su hija, es antropóloga. Poder sacar a sus hijos adelante es el regalo más grande que le dijo el fútbol. Siempre lo comenta enternecido. Álvaro recuerda el día en el que su hijo Mateo emitió su primer programa musical en la emisora La W. Era un martes a las 6 p. m y él se dirigía a su casa cuando escuchó la voz de su hijo salir de la radio. Tuvo que detener su Mercedes Benz SLK porque lo invadió la emoción. Cerró los ojos y agradeció al fútbol en silencio.

Su mejor victoria

El 28 de octubre del 2019, Álvaro Duarte fue internado en la clínica Reina Sofía. Meses antes le diagnosticaron Melanoma: un tipo de cáncer que ocurre cuando las células que dan color a la piel se vuelven cancerosas. Aquel octubre, después de algunas sesiones de quimioterapias, debían practicarle un trasplante de médula que podría erradicar por completo la enfermedad. Ese viernes, Álvaro entró a la clínica con la esperanza de salir victorioso de aquel encuentro con el rival más fuerte que enfrentó en toda su vida.

Como buen puntero, Duarte fue superior en el encuentro uno a uno con el Melanoma. Fue más hábil y veloz que su adversario y supo que había anotado el mejor gol que hizo en su vida cuando su médico de cabecera le confirmó que estaba curado de cáncer. Desde la tribuna, todos sus familiares, amigos, jugadores y jugadoras, a quienes nos formó, celebramos su triunfo. El profe Álvaro puede relatar que no solamente jugó junto Willintong Ortiz, que fue campeón con Millonarios, que casi le anota un gol a Emerson Leão, sino que jugó el partido de su vida, por la vida, y anotó gol.