En la Plaza de Paloquemao, donde el día empieza antes del amanecer, Alexander Huertas aprendió a trabajar de la mano de su mamá. Desde niño estuvo entre canastas de frutas y conversaciones de pasillo. Ella soñaba otro camino para él, pero la vida lo fue llevando de vuelta al mismo lugar que lo vio crecer. No terminó la universidad y decidió quedarse.
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Hoy es el dueño de El Naranjal, el puesto que heredó y convirtió en proyecto de vida. En la plaza conoció al amor de su vida, “La Mona”, con quien construyó su familia y ahora sostiene el legado de su madre. La plaza de Paloquemao es su casa, su sustento y su identidad, y en medio de la rutina, las frutas y el tiempo que no se detiene, tiene algo claro, le debe la vida a este lugar y no la cambiaría por nada.











