“Uno piensa que en la hoja de vida solo toca poner experiencia, perfil y educación, con eso es suficiente, pero no es así", comenta Manuella Díaz, ingeniera en producción agroindustrial y bioproducción, sobre los desafíos que tuvo a la hora de buscar empleo después de salir de la universidad. Desde que se graduó ha tenido dos trabajos a largo plazo con contrato indefinido. Ella reconoce que está dentro de los pocos afortunados, y que, según lo que ha visto en el mercado, hay “empresas que por la poca o nula experiencia que tienen los jóvenes no contratan”.
Aunque el desempleo en Colombia alcanzó uno de sus niveles más bajos en los últimos años, los jóvenes entre 15 a 28 años siguen enfrentando mayores dificultades para insertarse en el mercado laboral. En Bogotá, la tasa de desempleo juvenil se ubicó alrededor del 11 % a corte de enero de 2026, una cifra por encima del promedio de la ciudad (7,5 %)
A esto se suma que, aunque el indicador ha mostrado una tendencia a la baja, con registros cercanos al 15 % en 2025 y reducciones recientes, persisten las dudas sobre la calidad del empleo al que acceden los jóvenes, especialmente en un contexto en el cual la informalidad es un rasgo estructural del mercado laboral.
Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) los puestos de trabajo en los cuales hay mayor cantidad de jóvenes son el de obrero o empleado particular, trabajador por cuenta propia, jornalero y trabajador familiar sin remuneración. Esta tendencia demuestra que los jóvenes, entre 15 y 28 años, acceden principalmente a trabajos informales.
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El problema de fondo: informalidad en los jóvenes
En Bogotá 3 de cada 10 personas trabajan en la informalidad, mientras que a nivel nacional 4 de cada 10 personas, esto según la gran encuesta integrada de hogares del DANE publicada en febrero de 2026. En áreas metropolitanas como Bogotá 4 de cada 10 jóvenes trabajan informalmente, mientras que en las zonas rurales la proporción aumenta a 8 de cada 10.
“La informalidad reduce las perspectivas de inserción productiva. En este sentido, existe una relación directa entre el desempeño de la economía y las decisiones que toman los jóvenes respecto al trabajo”, resalta Andrés García, decano de la facultad de Economía de la Universidad del Rosario. Esta situación también crea un problema a futuro, debido a que en la informalidad las personas no tienen acceso a un sistema de pensiones, perpetuando ciclos de pobreza.
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El nuevo panorama del mercado laboral
García explica que el mercado laboral funciona como un “termómetro” del dinamismo económico: “Cuando la economía crece y se generan empleos de calidad, los jóvenes perciben mayores oportunidades y se incentiva su participación en el mercado laboral”.
Manuella Díaz opina que las oportunidades laborales más comunes son las de corta duración. "Últimamente he escuchado por amigos, gente que conozco, que las vacantes disponibles son temporales o de periodos de corto plazo. Sin embargo, creo que si uno sabe cómo aprovecharlo puede ser una oportunidad para sobresalir”.
El 83 % de empresas del mundo usan Inteligencia Artificial (IA) para revisar hojas de vida y, actualmente, entre el 70 % y el 75 % emplean Applicant Tracking System (ATS), según datos de Forbes México. Este es un software que permite filtrar hojas de vida y que facilita o dificulta la selección de un trabajador.
“Hoy en día muchas empresas usan la IA como método de filtro paras las personas, haciendo que la hoja de vida tenga que ser hecha de cierta manera, con palabras clave y demás”, cuenta Díaz.
El reto no solo está en reducir las cifras de desempleo juvenil, sino en garantizar condiciones laborales sostenibles para quienes ingresan al mercado. Andrés García opina que son las empresas las que desconocen las verdaderas capacidades y potencial que tienen los jóvenes. Para reducir esta brecha se podría impulsar proyectos que inviertan en la formación y contratación de jóvenes como el financiamiento de programas de pasantías y prácticas laborales.
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