En medio de una pandemia: vulnerables y encerrados

Domingo, 26 Abril 2020 17:15

La zozobra, el miedo y la vulnerabilidad de los seres humanos ha debido convertirse en aceptación, esperanza y paciencia en el primer semestre del 2020. Y es que el mundo ha cambiado por completo y eso nos ha permitido reevaluar las cosas que considerábamos “normales”, pero que no entendemos cómo llegaron a serlo.

Spinetta dijo: “las almas repudian todo encierro”, pero que tranquilidad se respira sin ese caos cotidiano.|Conversaciones con limitaciones pero que no opacan la esperanza. En la imagen: Madre e hija comunicándose.|Ingenio y seguridad: formas de celebrar nuestras creencias. En la imagen: Martín celebrando la Semana Santa|La necesidad de acostumbrarse. En la imagen: Sofia reemplazo a su celular y audífonos por tapabocas, alcohol y antibacterial cuando sale de su hogar.|[Parte I] La ironía tiene su punto de encuentro en lugares confinados. En la imagen: La tienda de Carlina y Luis Eduardo permanece cerrada a petición de sus hijos, pues la prevención disminuye el riesgo.|[Parte II] Borrosas muestras del miedo colectivo. En la imagen: Supermercado en Facatativá.|[Parte I] Retratos de amigos que perciben la vulnerabilidad humana. En la imagen: Sasha en su lugar favorito: el balcón.|[Parte II] Parecidos y opuestos: rostros y hocicos, paciencia y desespero. En la imagen: Telma mediando con el confinamiento.||| Spinetta dijo: “las almas repudian todo encierro”, pero que tranquilidad se respira sin ese caos cotidiano.|Conversaciones con limitaciones pero que no opacan la esperanza. En la imagen: Madre e hija comunicándose.|Ingenio y seguridad: formas de celebrar nuestras creencias. En la imagen: Martín celebrando la Semana Santa|La necesidad de acostumbrarse. En la imagen: Sofia reemplazo a su celular y audífonos por tapabocas, alcohol y antibacterial cuando sale de su hogar.|[Parte I] La ironía tiene su punto de encuentro en lugares confinados. En la imagen: La tienda de Carlina y Luis Eduardo permanece cerrada a petición de sus hijos, pues la prevención disminuye el riesgo.|[Parte II] Borrosas muestras del miedo colectivo. En la imagen: Supermercado en Facatativá.|[Parte I] Retratos de amigos que perciben la vulnerabilidad humana. En la imagen: Sasha en su lugar favorito: el balcón.|[Parte II] Parecidos y opuestos: rostros y hocicos, paciencia y desespero. En la imagen: Telma mediando con el confinamiento.||| Foto por Daniela Venegas. Imagen de la carrera 1ra, vía principal de Facatativá, que conecta al municipio con la calle 13 de Bogotá y con la Autopista Medellín. Durante la cuarentena obligatoria pasan pocos vehículos de carga pesada.|Foto por Daniela Vene
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En los últimos días, todo es por prevención y nada por confianza. Nos miramos a través de una cámara y convivimos -de verdad- con nuestras mascotas. Reconocemos la ventaja de un balcón o de un patio y agradecemos la comida en nuestra mesa. Ahora, controlamos quien sale a la calle. Nos preocupa ver que los supermercados están vacíos, las tiendas de barrio cerradas y los parques de juegos clausurados. Nos estamos acostumbrando a no ver sonrisas sino máscaras en nuestros rostros, a no ver audífonos en nuestros bolsos porque todo lo ocupa el alcohol y antibacterial. Vemos más pijamas que jeans y más las ventanas de nuestros hogares que el caos del transporte público.

Las siguientes imágenes muestran diferentes escenarios a los que nos estamos acostumbrando. Días de estudio o trabajo, recorridos al supermercado e incluso la Semana Mayor, se han vivido en medio de un pánico colectivo por el futuro y en la búsqueda de una vacuna que controle al covid-19. Sin embargo, nunca antes el mundo había estado tan en calma.