Ruedas de fuego

Lunes, 23 Octubre 2023 09:15
Escrito por

En una de las pocas canchas dispuestas para patinaje en Bogotá, mujeres de todas las edades se dan cita para enfrentarse en un deporte de contacto. Crónica de un partido de Roller Derby femenino.

Jugadoras de Roller Derby de la categoría Fresh Meat dando el cierre a uno de sus partidos.||| Jugadoras de Roller Derby de la categoría Fresh Meat dando el cierre a uno de sus partidos.||| grimaldo_mariac|||
1195

Entre el rechinar frenético de las ruedas y el desarmónico sonido que emitían los silbatos, Necrosis y Alegría caen al suelo después de chocar sus cuerpos. Alegría se levanta rápidamente, empuja a Iris y la esquiva por el costado derecho. Da una vuelta más acompañada de la mujer a rayas que tiene un pañuelo blanco en la muñeca. Vuelve a encontrarse con la pared azul, pero impulsa todo su cuerpo hacia ellas y las deja de rodillas. Las rebasa, y pocos segundos después levanta sus manos desde las caderas y el estruendo de los silbidos se repite una vez más.

Con el sol de la tarde cayendo y en una cancha de terrazo llena de hojas secas, amontonadas en las esquinas, empezaban a ordenarse las patinadoras. Habían dejado sus pertenencias en las gradas de madera. Se habían puesto sus uniformes y cambiado su casco de motocicleta por uno lleno de calcas. El reloj marcaba las 6:24 P.M. cuando las jugadoras de Roller Derby se preparaban para rodar.

(Le puede interesar: La comunidad de Roller Derby defiende la autonomía de su deporte ante Fedepatín)

«¡Quimeras, Quimeras, Quimeras!», fue el grito que se escuchó al unísono ya entrada la noche en Bogotá. Este era el nombre de uno de los equipos que jugaría hoy, se identificaba con el color azul.

Sus contrincantes eran Capital Rats, y usaban uniformes de color blanco. Pocos segundos más tarde ellas también gritaron. Primero su entrenador «¡Capital!», a lo que le respondieron «¡Rats!».

Todas juntas daban vueltas alrededor de la pista ovalada. Revisaban su protección. Rodilleras, coderas y, con suerte, protector bucal. Cerca de las 6:34 P.M. tuvieron una última conversación con su entrenador.

—¿Dónde están las Rats?— preguntó uno de los árbitros momentos antes de iniciar el juego.

—Cinco segundos— le respondió Camila, una de las referees.

El sonido del silbato fue el llamado final a la pista y el mismo que indicó el inicio del juego. Eran las 6:37 P.M. cuando las jammers dieron sus primeros golpes con el grupo de bloqueadoras del otro equipo.

Eran diez mujeres que, entre golpes, caídas y empujones, se habían encargado de alentar a las pocas personas que presenciaban el evento. Iban girando sobre el escenario en el sentido contrario a las manecillas del reloj. Patinaban, tropezaban, se levantaban, y volvían a patinar.

(Le puede interesar: Mundial de patinaje 2023: campeones, el Equipo Bogotá logró diez medallas para el país)

En el Roller Derby existen tres posiciones distintas: jammer, pivot y bloqueadora. Es sencillo identificarlas al inicio de un jam, que es la forma en que se divide cada tiempo y puede durar hasta dos minutos. Las jammers llevan una funda sobre su casco y en esta sobresale una estrella, ellas son las encargadas de sumar los puntos. Aunque no pueden hacerlo solas.

Las pivot y bloqueadoras son el complemento de toda jammer. Se ubican formando un triángulo con el cual evitan que la jammer de otro equipo pueda pasarlas, y así sumar puntos. Pero al mismo tiempo deben ayudar a su anotadora a que pueda pasar el pack sin mayor dificultad.

Un pack es el grupo entre la pivot y las bloqueadoras. Usualmente se trata de cuatro jugadoras, aunque esto puede variar si alguna de ellas es sancionada. Así, el equipo que gana un juego es aquel que acumule más puntos en los dos tiempos, que deben durar 30 minutos cada uno en un juego oficial. Estos puntos los obtiene la jammer por cada jugadora que logre pasar del pack del otro equipo, es decir, en una vuelta puede obtener hasta cuatro puntos.

Y aunque aparentemente que todo está permitido en la pista, la realidad es que todas las normas de este deporte parecen interminables. En un partido oficial de Roller Derby, debe haber 17 árbitros, pero en esta ocasión eran seis los que supervisaban cada movimiento. «Blanco, 13, corte de pista» gritó una de las mujeres vestida de rayas blancas y negras, el uniforme de los referees que se mueven en patines.

—Así es como se indican las faltas. Dicen el color del equipo, el número de la jugadora y la penalización. Luego ellas tienen que ir a la caja— explicaba Camila.

La caja es el lugar al que van las patinadoras durante 30 segundos después de cometer una falta. Una mezcla entre ira y razón las colma cuando están ahí. Ver el partido desde afuera les permite analizar con más calma sus jugadas, pero al mismo tiempo parece que una fuerza extraña recorriera su cuerpo y las empujara a salir de ahí tan rápido como pudiesen.

(Le puede interesar: Paula Muñoz, la única ajedrecista del club)

A las 6:45 P.M. el coach de Capital Rats pide su primer tiempo muerto. Van perdiendo. Sus jugadoras han obtenido más faltas en comparación con el equipo azul. La fatiga sobresalía de sus rostros. No habían pasado más de 10 minutos desde el inicio del juego, pero la velocidad, sumada con todas sus caídas y empujones, era agotadora.

Dos minutos más tarde se reanuda el juego. Las deportistas vuelven a sus posiciones y toman una última bocanada de aire. Mientras que, en una esquina, los gritos y consejos del equipo anularon cualquier posibilidad de escuchar los silbidos de los árbitros, en el otro costado los bloques de jugadoras parecían imperturbables. No importaba el número de veces que sus rodillas chocasen con el piso, volvían a pararse sobre sus patines sin tambalear o limpiar sus piernas llenas de polvo.

Un llamado se escuchó a las 7:08 P.M. Era el fin del receso de 10 minutos e inicio el segundo tiempo. Con algunos cambios entre las jugadoras el tiempo volvió a correr.

Aunque puede parecer que la rabia es un sentimiento constante en el ambiente, la realidad es que más allá de los golpes, no profesan esto por sus contrincantes. Quienes juegan este deporte tienen más de una razón para estar ahí. Muchas llegan gracias a una película que se hizo popular a inicios de los 2000, “Whip It”, y es la calidez que se crea entre los equipos aquello que las une.

A diferencia de otros deportes, practicar Roller Derby conlleva un esfuerzo aún más grande. No basta con tener a las jugadoras, se necesita un buen espacio, equipamiento, jueces y entrenadores. Los equipos en Colombia son autogestionados, lo que implica que ellas mismas deben encontrar los recursos para uniformes, pistas y torneos. Esto no sería posible si ellas se dedicaran exclusivamente al deporte. Por esta razón, muchas fluctúan entre ser profesionales y estudiantes y para poder ser deportistas.

Contrario a lo que se pensaría, la autofinanciación es, en parte, una decisión propia. El Roller Derby colombiano ha intentado formar parte de la Federación Colombiana de Patinaje, lo que les representaría beneficios como entrenadores permanentes, apoyo médico y un sueldo fijo. Sin embargo, esto también les obligaría a cambiar sus reglas de juego.

“Nosotros tenemos una federación que nos regula, y no nos podemos afiliar a una institución que no sea reconocida por el Comité Olímpico Internacional”, afirmó Jorge Roldán, gerente deportivo de la Federación Colombiana de Patinaje. Esto implica que, si las jugadoras de Roller Derby se federan, no podrían jugar bajo la WFTDA, lo que representa un problema para ellas, pues la gran mayoría de equipos a nivel mundial están bajo esta asociación.

Y como si fuera poco, también se enfrentan a los estigmas de quienes no conocen las dinámicas del deporte. No es común ver a mujeres enfrentando sus cuerpos, empujar, chocar y caer sin cansancio. Esto lleva a que muchas personas prefieran no involucrarse, lo que es un problema, pues siempre hacen falta más jugadoras, más recursos, más personas que compartan esta pasión.

—¡Tiempo oficial! — gritó Camila luego del sonar de cuatro silbidos cortos y mientras hacía señas con sus manos indicando la orden. La hora era 7:25 P.M.

La pista quedó despejada. Los referees se agruparon en medio del circuito, discutían si los puntos se asignaron incorrectamente. Pasados algunos minutos el tiempo muerto se acabó e iniciaron un nuevo jam.

(Le puede interesar: Gimnasios nocturnos públicos: iniciativa contra el sedentarismo en Bogotá)

Ya entrada la recta final del juego, las jammers empezaron a hacer más cortas cada ronda. Apenas daban dos o tres vueltas y les indicaban a los árbitros que el jam debía terminar. Miraban constantemente a sus entrenadores, se aseguraban de seguir sus indicaciones. «¡No pasa, no pasa!», gritaban otros entrenadores a las bloqueadoras en un intento desesperado por ganar.

Eran las 7:55 P.M. cuando uno de los árbitros anunció el fin del juego. Cada equipo se desplazó a una esquina, se abrazaban entre ellas y recuperaban el aliento. El cierre oficial fue una despedida amistosa entre las competidoras. Quimeras formó un arco por el que pasaron las Rats, y así, sin más pretensiones, se alejaron de la pista. Nadie anunció por lo alto el nombre del equipo ganador, y tampoco parecía importar. Quizás toda su energía se había ido en los últimos 50 minutos.

Llegaba el momento de dejar ir a Necrosis, Thunder, Iris y Alegría, para que llegaran Alice, Paula, Sofía y Alexa. Aunque volverían a encontrarse nuevamente, solo cuando la noche llegase, y otra vez su alter ego pudiese rodar.