El legado de un caminante: Alfredo Molano (1944-2019)

Domingo, 22 Noviembre 2020 13:32

El sociólogo Alfredo Molano recorrió como pocos los campos colombianos. A través de sus obras supo mostrar la realidad de una Colombia rural, olvidada y excluida. A su vez, fue partidario de buscar la paz y la verdad mediante el diálogo y de aportar su amor y conocimiento para terminar con una guerra de más de 50 años.

Serie de retratos de Alfredo Molano con cigarro habano en mano.|Serie de retratos de Alfredo Molano con cigarro habano en mano.|Serie de retratos de Alfredo Molano con cigarro habano en mano.||| Serie de retratos de Alfredo Molano con cigarro habano en mano.|Serie de retratos de Alfredo Molano con cigarro habano en mano.|Serie de retratos de Alfredo Molano con cigarro habano en mano.||| REVISTA BOCAS / Pablo Salgado|REVISTA BOCAS / Pablo Salgado|REVISTA BOCAS / Pablo Salgado|||
391

Eran las 6 de la mañana del 31 de octubre de 2019 cuando Alfredo Molano Jimeno confirmaba la muerte de su padre. El periodismo estaba de luto, había fallecido a sus 75 años el reconocido cronista y reportero luego de luchar durante meses contra un cáncer de garganta. Alfredo de la Cruz Molano Bravo, un sociólogo que no ejerció de forma tradicional su profesión y un periodista aun cuando nunca se formó como tal.

De pocas palabras, con acento cachaco, voz ronca, estatura baja, cabello liso, ojos marrón oscuro, barba canosa, piel aceitunada y llena de pequeñas manchas con pliegues marcados por los signos de su vejez. Molano fue amante del campo, de los caballos, de las corridas de toros, de los espaguetis y sobre todo de la voz de los trabajadores y campesinos, pues hasta su último día narró con ética y estética las historias de los seres condenados al olvido y a la guerra de un país.

Ver: Lina Gómez: “El fútbol también puede ser para las mujeres, no solo para los hombres”

Alfredo se crio al lado de sus padres, hermanos, primos y tíos en una hacienda ganadera y agrícola ubicada en las montañas de La Calera Cundinamarca. Estudió en el Refous, en el Cervantes, en La Salle, en el Real Santander y en otros colegios más de Bogotá, pero de allá siempre fue expulsado porque a lo largo de su vida tuvo una relación muy tensa con las normas y la autoridad. Y, aunque tenía varios compañeros de colegio, sus amigos siempre fueron los hijos de los campesinos pues allí empezó su pasión por conocer la vida rural, las diferencias sociales y las injusticias con el campesinado.

A los nueve años conoció por primera vez los Llanos Orientales. Desde ahí y durante 40 años, Molano dedicó su vida para recorrer de punta a punta el país en donde nació. Aquella aventura comenzó al salir del colegio cuando presentó y aprobó los exámenes de admisión para estudiar Derecho en la Universidad Nacional, tal y como lo había hecho toda su familia. Sin embargo, su rumbo cambió cuando haciendo la fila para presentar el formulario, Camilo Torres y Orlando Fals Borda pasaron contando sobre una carrera nueva en Colombia: la Sociología. "¡Vengan pelaos, inscríbanse!"  a lo que Molano se interesó y decidió dejar atrás aquel destino que le tenían impuesto y organizado.

Con la influencia de los años 60, se vinculó a distintos movimientos estudiantiles de izquierda y grupos trotskistas. A raíz de ello y debido a la ignorancia de ciertos individuos, durante años fue considerado comunista cuando en realidad era todo lo contrario. Además, sus mayores inspiraciones fueron Orlando Fals Borda, Camilo Torres Restrepo y Eduardo Umaña Luna, más que sus maestros ellos fueron sus más íntimos amigos, quienes además fueron claves para determinar la manera de entender y poner en práctica la Sociología.

Cuatro años después de obtener su licenciatura como sociólogo, viajó a Francia para estudiar en la Universidad École Pratique des Hautes Études de París. Allí se alejó por completo de la academia cuando su director Daniel Pécaut, rechazó la tesis doctoral que Molano estaba realizando acerca de la vida de los campesinos. “Muy lindo el texto, aunque me da pena decirle, pero esto no es ciencia. No tengo cómo identificar qué de esto es cierto y qué no”. Motivo que lo incitó para desistir y regresar a Colombia. A partir de ese momento dejó a un lado su escritura acartonada y seca, tomó papel y lápiz y escribió hasta encontrar el tono que siempre deseó.

Aquel bogotano a lo largo de su trabajo memorizó hasta los lugares más recónditos como la palma de su mano y como si fuera su guardián atravesó hasta el último río, sendero, trocha, selva y montaña del suroriente colombiano. Nunca concibió la historia sin geografía y por eso utilizó cientos de mapas para relatar un infierno lleno de mafia, coca, tierras, paras y guerrilla a lo largo de más de 27 libros y cientos de reportajes, columnas semanales, entrevistas y crónicas publicadas en Eco, Cromos, Alternativa, Semana y en el diario El Espectador. Sin quedarse atrás como profesor investigador en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Externado aportó soluciones invaluables para los problemas sociales, económicos y políticos de esta sociedad manchada por el odio y el poder.

Ver: Así es la experiencia de una persona no contagiada en un hospital en Bogotá en tiempos de COVID

Su trabajo lo llevó de pasar del anonimato a la vida pública cuando en el año 2016 obtuvo el premio Simón Bolívar, el máximo galardón de Periodismo, por su enorme preocupación y ardua labor frente a aquellos relatos que le dieron voz y vida a campesinos y trabajadores olvidados por la injusticia de todo un país. Igualmente, ganó el Premio Nacional del Libro de Colcultura, el Premio a la Excelencia Nacional en Ciencias Humanas de la Academia de Ciencias Geográficas y entre otros reconocimientos más.

Cuatro décadas fueron determinantes para pertenecer a la Comisión de la Verdad en la que pondría a disposición de las víctimas su mejor cualidad, la escucha, más que escribir su verdadero talento era ese, escuchar con devoción. No cabe duda que sus letras siguen vivas, pues un año después de su muerte, su hijo Alfredo Jimeno publicó "Cartas a Antonia", un libro inédito que escribió Molano durante más de una década a su nieta, su motor y más grande amor. Aquel texto reunió enseñanzas y reflexiones acerca de su lucha contra el cáncer, de la vida y la muerte, la belleza y el miedo, la paz y la guerra de un país que tanto amó y recorrió.