De Laura a Lila había un camino espiritual en “el vaishnavismo”

Sábado, 23 Mayo 2020 17:31

Laura Riveros, una practicante del vaishnavismo que tiene 24 años, buscó un cambio de vida que la llevaría a encontrar un lugar al que sí siente pertenecer, un lugar en el que dejaría de lado los estereotipos y se despojaría de las cargas emocionales. El cambio que está colombiana encontró en Argentina se dio en muchos ámbitos de su vida, incluyendo el personal, el espiritual y el profesional.

Disfrutando el cambio||| Disfrutando el cambio||| Cortesia de Lila Kanti Dasi|||
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Luego de no pasar una prueba para ingresar a estudiar Odontología en la Universidad Nacional de Colombia, Laura se sentía muy frustrada. Con solo 17 años, estaba tratando de buscar nuevos rumbos. Encontró en los planes de una amiga una gran alternativa: ella ya tenía todo organizado para viajar a estudiar a Argentina, y a Laura le gustó la idea de hacer lo mismo. Era la oportunidad perfecta para empezar de cero. El paso siguiente fue convencer a sus padres, lo que no se mostró difícil. Solo tenía que comprar los tiquetes y emprender el viaje.

Ella era consciente de que en algunas oportunidades disfrazaba sus miedos detrás de su hermoso rostro, con una actitud de fortaleza y una sonrisa que parecía ser fingida. Esa sensación se manifestaba a pesar de que sus padres eran abiertos a que sus tres hijos expresaran sus emociones. Laura no la hacía, por sus miedos e inseguridades. A la vez, desde afuera, no pasaba desapercibida: una mujer con una estatura promedio, un cabello largo, grueso y abundante que despertaba envidia, una piel blanca, ojos negros y profundos y sus pestañas largas que solían decorar su cara en un juego con su armonioso cuerpo.

 

En Argentina

Cuando llegó a Argentina en el 2013, vivir en un país con una cultura diferente hizo salir a flote uno de los miedos más profundos de su niñez: sentirse sola y que sus padres no estuvieran allí. Decidió continuar adelante con su desafío, a pesar de los momentos de angustia, del estrés y de las “sombras” que a veces la atormentaban. La dificultad le generó la voluntad de encontrar un significado de vida distinto que no se basará en vivir bajo la superficialidad de las sociedades como sentía que se mostraba al mundo exterior, todas esas sensaciones hacían ruido internamente y en 2014, motivada a modificar su estilo y forma de vida incluyendo sus creencias, se acercó a la “comunidad”, como la llaman los devotos del vaishnavismo de la filosofía de la India.

Al principio, las marcadas diferencias en los estilos de vida y creencias no le permitían acercarse tanto, eran pocas las personas que ella conocía que se dedicaran al cultivo de la vida espiritual en comunidad. Sin embargo, ella también tenía su lado espiritual. Aun en Colombia, daba sin saber sus primeros pasos para la construcción de Lila, asistía a festivales y eco yogas en donde disfrutaba de comidas sin proteína animal. Desde entonces, conoció la visión de la comunidad sobre la importancia de los animales, que son vistos por los devotos “como seres de vida”. Es su forma de en primer lugar honrar y respetar la vida misma y también.

 

Una forma de hinduismo

Para los devotos la comunidad, “el vaishnavismo” es una forma del hinduismo que se da a través de Vishnu la manifestación de Krishna, conocido como el “supremo atractivo”, “la fuente de todas las reencarnaciones y manifestaciones de Dios”. Él es la representación de la divinidad, adorada por los creyentes, representada en los libros sagrados y de la cual se desglosan los mantras que son cánticos que restablecen los momentos espirituales con Dios. Es una combinación de sonidos que alivianan la mente de todas las ansiedades con sus vibraciones. Así como afirma Laura, “los mantras que nosotros meditamos son una oración, un pedido a Dios para poder ser un instrumento de su amor”.

A Laura la comunidad le ha enseñado a vivir de una forma distinta, a respetar y aceptar al otro tal cual es, con sus defectos y virtudes, a tener una apreciación del ser en sí mismo, que no critica ni juzga y vive en paz. También aprendió a integrar en su vida cada uno de esos valores. “Estamos tan acostumbrados a vivir con sentimientos negativos, como la rabia, el rencor y la ira que algo de bondad y amor postulan un cambio de percepciones”, cuenta. 

 

Filosofía del vaishnavismo

La entrada definitiva a la comunidad empieza después de que la persona se siente preparada, y se concreta con una iniciación, en donde el gurú asigna su nombre espiritual. El de Laura es Lila Kanti Devi Dasi. Lila significa pasatiempos, las historias de krishna, Kanti es encantador y Devi Dasi es la conexión con la divinidad en las mujeres, que hace referencia a los aspectos de sirviente en el ideal de servir divino que se vincula con los pensamientos más encantadores de Krishna. 

En la filosofía del vaishnavismo, se aprende primero a mirar hacia adentro y después observar hacia afuera. Se entiende cada situación como una forma de realizar una reflexión interna, como lo explica Lila: “ Cada situación te llega para mirar hacia adentro, conocerte, aceptarte y también quitar las máscaras de las inseguridades”. Además es aprender a controlar cada emoción que afecta el entorno.

 

Etapas dentro de la vida espiritual

Su amiga Sabrina Bell de 37 años, quien en la comunidad es Gopi Charan Dasi, a quien conoció en el ‘ashram’, el templo donde practican la fe, cuenta que su amistad es para toda la vida, que tiene cimientos tan profundos que son de corazón a corazón, pues no tiene un propósito materialista. Era eso lo que buscaba Laura, una conexión a un nivel más profundo y un entorno más saludable.

Lila ha pasado varias etapas durante su camino espiritual y procesos de sanación, momentos de dificultad, tiempos en lo que tiene que aceptar y preguntarse acerca de su accionar. Ella entiende, sin embargo, que esas dificultades se solucionan con tolerancia, apreciando el sendero recorrido y reconociendo los momentos de satisfacción. En los que acepta lo que queda de su “superficialidad”, así como la recuerda su hermana Catalina Riveros, de 25 años, explica que Laura, antes de ser Lila, era vanidosa. “Yo la admiraba, era tan dedicada con cada aspecto del cuidado de su rostro, tomaba sus brochas y se maquillaba, no podía salir sin una gota de maquillaje, se arreglaba muy bien porque cada detalle tenía que ser perfecto.” Lila recuerda su pasado, afirma aceptarlo y que comprenderlo le ayuda a estar en paz con ella misma.

 

El cambio

“El cambio que tuvo Laura, fue muy grande pero para llegar a él tuvo que pasar por momentos difíciles, de mucho crecimiento, pero fue lo mejor gracias a eso nuestra relación mejoró”, también explica Catalina. Antes discutían por casi todo, no se lograban entender. Ahora, como Lila, al hablar con ella siente paz, sus palabras le transmiten armonía y aprendizaje.

Es un proceso de dedicación, de llenar vacíos internos, teniendo una adaptación y autocontrol de sí mismo, afirma Lila. Se enfoca también en la yoga, sobre la cual realizó un instructorado y dicta clases. Ella practica el Bhakti yoga, que es el yoga del amor, es la práctica que ayuda a conectarse con Dios, a establecer una relación de amor y devoción con el supremo atractivo. Lila lo realiza todos los días como parte de su rutina diaria en el proceso de vincularse con los planos materiales, el cuerpo, la mente y el alma. Para los devotos esta doctrina, es estar en paz con la divinidad, “Es poder sanar su interior y regresar casa a su hogar con Dios. 

 

Y los chakras 

Los devotos del vaishnavismo reconocen también que el cuerpo tiene chakras, es decir, “puntos energéticos”, como explica Lila. Se tratan de siete centros de energía que se sitúan a lo largo de la columna vertebral y que rigen cada uno un área del cuerpo, aspectos de la personalidad y las etapas del crecimiento espiritual. La práctica de yoga “es un estado espiritual y psicológico, mediante ejercicios se relaja la mente y el cuerpo preparándolo para que la conciencia sobrepase el plano material” y la meditación busca enfocar cada energía en diferentes posturas que le sirven a Lila para controlar o alinear sus chakras, dar calma y equilibrar su cuerpo, mente y alma.  

Lila ha estado en un proceso de siete años en el vaishnavismo y afirma que los años previos a su trabajo espiritual contribuyeron en gran medida a encontrar el pilar de su vida. Cuenta que acepta y agradece a su pasado ya que, gracias a lo vivido, reconoció una necesidad de cambio que logró encontrar en la comunidad. Ésta, actualmente, representa una parte importante de lo que es hoy en día.

 

Ahora quiere seguir fortaleciendo sus relaciones actuales y crear nuevas tanto a nivel interno como en el externo. Desea continuar con su vida en el ashram construyendo su espiritualidad, mirando cada conflicto interno, aceptándolo y cambiándolo. Cada vez más, Lila deja a Laura solamente en el pasado.