Clases universitarias virtuales, de la costumbre a la incertidumbre (detrás de una pandemia)

Jueves, 14 Mayo 2020 16:10

Las clases de las universidades de todo el país han suspendido sus actividades presenciales, por lo menos hasta el 31 de mayo a raíz de la crisis sanitaria que presenta el país causada por el coronavirus. Ahora, las clases presenciales de todas las universidades colombianas son online. Levantarse a las 7 de la mañana, bañarse, desayunar, salir, coger Transmilenio, llegar a la universidad, ir a clase, comer empanada con gaseosa, volver al aula, almorzar, asistir a la última clase, tomarse unas “polas” con los amigos y para la casa de nuevo.

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Este podría ser un día normal de cualquiera de los miles de colombianos que asisten a una institución de educación superior, pero desde el 24 de marzo absolutamente todas las instituciones del país cerraron sus puertas para adentrarse en una nueva forma de enseñanza que desafiaría la forma tradicional de dar clases y pondría a prueba a profesores, alumnos, y directivos de las instituciones de todo el país.

Acceso a internet limitado

“Casi todos los que están fuera de Bogotá tienen problemas con el internet”, Juan Torres, estudiante de la Universidad Nacional

Según el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones en Colombia 21,7 millones de personas cuentan con acceso a internet, esto supone que más de la mitad de la población no tiene acceso a este servicio que en países como Canadá y México ya es considerado básico. Esto es un gran desafío para las universidades, especialmente las públicas, que tienen que ofrecer al 100% de sus estudiantes el acceso a clases, pero no tienen muchos recursos disponibles.

Karol Barragan, profesora de la Universidad Nacional, calcula que aproximadamente el 20% de la población de la “Nacho” tiene problemas relacionados con wifi, acceso a internet o falta de dispositivos electrónicos necesarios para acceder a la virtualidad. Muchos profesores de esta institución han donado parte de su salario para apoyar a los estudiantes con estas dificultades, se han donado mercados, computadores, tablets o comprando datos, pero no se ha podido completar el 100% de la población, ya que, los recursos son muy escasos.

Adaptación a la virtualidad

“Al principio me sentía agobiado, tenía miedo de cómo se afectaría mi aprendizaje, ahora me siento bien”, Fredy Contreras, estudiante de Medicina de Los Andes.

Zoom, Google meet, Microsoft teams, entre muchas otras aplicaciones pasaron a sustituir los salones de clase. Los profesores que llevaban años acostumbrados a una pizarra, un marcador y un borrador como sus únicas herramientas de trabajo se vieron obligados a adentrarse en las nuevas tecnologías para poder seguir transmitiendo el conocimiento a sus estudiantes. Y a su vez, los alumnos que en su mayoría nunca habían asistido a una clase en línea pasaron a tener la totalidad de sus clases de esta manera.  

Mireya Cortés, profesora de la Universidad de La Sabana, nos cuenta que este fue un proceso que la obligo a salir de su zona de confort, la situación le impuso hacer cosas que nunca pensó cómo convertirse en una “youtuber” de la química, aprendió herramientas de diseño tecnológico, herramientas para la elaboración de laboratorios virtuales, etc. Pero también está el otro lado de la moneda, profesores que por su edad o simplemente porque no quieren no se han adaptado a estas nuevas formas de enseñanza, profesores que simplemente mandan talleres y lecturas, pero no explican nada, perdiendo así gran calidad de aprendizaje.

“Me he sentido muy mal, no dan ganas de estudiar, cuando íbamos a presencial el hecho de bañarse y tener que ir a la universidad lo ponía en ambiente de estudiar, uno en la casa no entiende nada”, Juan Torres

El encierro, la falta de un espacio de estudio adecuado, el estrés propio del semestre sumando con el de la situación que se vive, entre otros factores ha afectado el aprendizaje, además ha afectado la salud mental de los universitarios. Muchos estudiantes no están seguros si se matricularan para el otro semestre, no solo por la economía de sus familias que ha sido afectada por la contingencia, sino por la calidad de educación que se está recibiendo de manera online.

Reinventar la educación

“Mis estudiantes se preguntan ¿ahora que se inventara la cucha para la clase?”, Mireya Cortés, profesora de la Universidad de la Sabana

Algo que todos tienen claro es que la calidad de enseñanza que se da a través de una pantalla no se puede comparar con la que se tiene en un aula física, por ello, los profesores han tenido que reinventarse para poder dar unas clases de calidad a los alumnos. Mireya Cortés, profesora de la Universidad de La Sabana es un ejemplo claro de profesores que se han sabido reinventar para esta nueva forma de enseñanza. Ella hace videos de YouTube explicando los temas, sus clases se caracterizan por ser entretenidas para los alumnos, nadie falta nunca, ya que siempre trata de mantenerlos activos. Además, ha hecho “gamificación” de las clases, es decir, hacer juegos para la clase, hace a los estudiantes competir por equipos, hay retos diarios, hacen vídeos en Tik Tok, hacen infografías, etc. Logra que a pesar de las circunstancias sus alumnos tenga interés y motivación por la clase.

¿Qué nos espera?

Se rumorea que la Universidad Nacional no volverá a tener clases físicas este año, mientras que universidades privadas como la del Rosario o Los Andes piensan en una metodología mixta de clases virtuales y presenciales. Lo único claro es que al menos que se encuentre una vacuna para compartir el coronavirus, seguiremos teniendo, por lo menos, algunas clases virtuales, por lo cual es importante perfeccionar los métodos que se están aplicando para estas clases y conseguir que el 100% de los estudiantes puedan acceder sin problema a la virtualidad.