Consecuencias de los incendios en Bogotá: ¿qué deben evaluar las autoridades ambientales?

Martes, 09 Abril 2024 22:53
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La pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire y las afectaciones de la vida silvestre en las zonas forestales son algunas de las repercusiones que han dejado estos eventos. 

"El niño" sigue siendo una amenaza presente en la ciudad.||| "El niño" sigue siendo una amenaza presente en la ciudad.||| Ministerio de ambiente.|||
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  • Coautor 1: Lorenzo Villegas de Pombo

La vista de la ciudad ha cambiado. Ahora, basta con levantar la mirada desde el centro, Chapinero, Usaquén, San Cristóbal, Usme o Sumapaz y ver que los cerros característicos de la capital no son los mismos. Ya no son la vegetación verde y espesa de antes; las cordilleras están llenas de manchas amarillas y anaranjadas, de trozos negros y vacíos, de las heridas del fuego. Basta también con mirar hacia abajo y ver el pasto seco de los parques, las copas caídas de los árboles para darse cuenta de cómo el fenómeno de “El Niño va desgastando a Bogotá poco a poco.  

Aunque no tenemos las temperaturas tan elevadas como las de enero, aunque otra vez hay cielos grises y lluvias moderadas, principalmente en el centro y el norte de la ciudad, las consecuencias del fenómeno de “El niño” siguen afectando a la capital, desde los bajos niveles de los embalses hasta las repercusiones de los incendios forestales que se presentaron durante el primer trimestre del año.  

Es claro que las consecuencias de este fenómeno no van a desaparecer cuando inicien las precipitaciones y bajen las temperaturas. Las instituciones gubernamentales y ambientales de la ciudad como la Secretaría Distrital de Ambiente y la CAR deben trabajar para recuperar lo que perdió la ciudad. Según Adriana Soto, la Secretaria de Ambiente de Bogotá, desde el mes de febrero, un grupo de 40 científicos expertos está elaborando un plan de acción para la evaluación y restauración de los ecosistemas y los suelos afectados por los incendios.  

“El Niño” es un fenómeno climático generado por el calentamiento del Océano Pacífico. Sus principales efectos son la disminución de precipitaciones y el aumento de la temperatura de la atmósfera. Esto provoca temporadas de escasez de agua y eventos, como los incendios, que afectan la calidad del aire. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), estas consecuencias son más evidentes en la región Andina y en la región Caribe.  

El 4 de noviembre de 2023, Susana Muhamad, ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible alertó al país sobre la presencia de este fenómeno en Colombia: “la época seca iniciará en diciembre y podrá extenderse durante varios meses en 2024”, afirmó en un comunicado.  Y así, como si se tratara de un presagio, para el 25 de enero de 2024 ya se habían registrado 87 incendios en distintos puntos de la ciudad, lo cual alertó a los ciudadanos por las afectaciones de los Cerros Orientales.  

Es difícil respirar en Bogotá  

La calidad del aire respirable de los bogotanos ya no es la misma. Los incendios en los cerros tutelares, y los presentados a finales del mes de marzo en las localidades del sur de Bogotá, generaron alertas ambientales, pues algunos duraron más de 48 horas activos. La concentración de material particulado ha deteriorado la condición del aire de la ciudad. Sumado a esto, hay condiciones meteorológicas adversas como las inversiones térmicas y los vientos débiles que impiden la dispersión de contaminantes, afectando la salud respiratoria de los habitantes de las zonas más próximas a los incendios.  

El Índice Bogotano de Calidad de Aire (IBOCA) ha registrado cifras que sobrepasan el rango moderado, que oscila entre los 50 y 100 puntos del Índice de Calidad del Aire (ICA). Para finales de marzo, el barrio Carvajal de la localidad de Kennedy se encuentra con un puntaje de ICA de 131 puntos, presentando una condición atmosférica regular. Esto se debe a que en las últimas semanas del mes pasado se presentaron incendios en las localidades del suroccidente de la ciudad.  

Fuente IBOCA: Mapa de Bogotá destaca la calidad del aire por sectores. Hacia el sur de la ciudad la calidad del aire es que en el norte y en la zona de los cerros orientales.

“Nosotros aquí en el Suroccidente de Bogotá tenemos otro tipo de vegetación. Tenemos pastos, rastrojos, arbustos de baja talla y mucho pasto”, afirmó Camilo Cano, sargento jefe de la estación de Bomberos de Bosa. Además, explicó que incendios generados en lugares como el parque Gibraltar, donde hay zonas con pastos de más de 80 centímetros de profundidad, generan una gran cantidad de humo de rápida expansión con partículas no quemadas, afectando la salud y el aire respirable de los habitantes de localidades como Kennedy, Bosa, Ciudad Bolívar, Fontibón y Tunjuelito.  

Así que, el Grupo Especializado en la Gestión Integral del Riesgo contra Incendios Forestales, del Cuerpo Oficial de Bomberos, sigue atento a cualquier alerta de los habitantes por los focos de calor que se presenten en las zonas de pastos resecos, mientras llega la época de precipitaciones. 

 

Lo que les espera a los bosques y las especies 

Los incendios de cobertura vegetal han generado degradación de los hábitats y se han reducido los atributos ecosistémicos como el balance hídrico de los ríos. Hay un reto en la recuperación de la vegetación de los cerros, principalmente porque los cerros orientales de Bogotá tienen especies no nativas como los pinos y los eucaliptos.  

El sargento Cano explicó que estos individuos arbóreos absorben mucha humedad y resecan los suelos. Los pinos, por ejemplo, tienen una resina altamente inflamable, lo cual hizo que los incendios se propagaran más fácilmente. Por ello, incendios como los del Cerro del Cable tardaron más tiempo en ser controlados, pues había capas de acícula de pino de hasta un metro de profundidad, generando incendios subterráneos que demandaron un trabajo físico más dispendioso para su contención. 

Ahora, las autoridades ambientales deben hacer planes para restituir los individuos arbóreos y controlar este tipo de vegetación foránea que hay en los cerros, pues “no pasa lo mismo donde tenemos zonas de bosques con vegetación nativa (...) esa vegetación nativa es más resiliente, es más fuerte, tiene más humedad y no permite que se presente un incendio tan rápido”, explica Cano. Según un informe del 29 de febrero de la Secretaría de Ambiente, esta entidad, junto al Jardín Botánico, ya cuentan con 54.180 individuos arbóreos para la restaurar la vegetación de los Cerros Orientales.  

Las afectaciones en estas zonas, que en muchos casos son consideradas zonas de reserva y protección, hacen que los animales silvestres se vean vulnerables. Especies como búhos, lagartos, camaleones y aves chotacabras se pudieron rescatar en los incendios ocurridos en Bogotá, pues tuvieron que escapar de sus hábitats naturales y emigrar a zonas urbanas para huir de las llamas 

Estos animales, además de verse expuestos a situaciones de captura, caza y tráfico ilegal, fueron afectados por las temperaturas extremas, estrés calórico, deshidratación, afecciones respiratorias y también se presentó la muerte de algunos individuos, explicó el Ministerio de Ambiente en su circular sobre las acciones para mitigar el efecto del fenómeno del niño 

Las instituciones también deben extender sus esfuerzos a la recuperación de la fauna afectada. Viviana Camelo, profesional del Grupo de Fauna de la Secretaría, anunció que la Secretaría de Ambiente instaló espacios móviles en algunas de las zonas de los incendios para tratar animales heridos. De la misma manera, el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA) dispuso equipos de médicos veterinarios para brindar atención a los animales que habitan zonas aledañas de los incendios. Según el alcalde Carlos Fernando Galán, más de 200 animales fueron rescatados gracias a estas entidades. 

El cuerpo oficial de Bomberos destina gran parte de sus esfuerzos para proteger zonas como los humedales y las reservas. Ese es el caso de la localidad de Bosa dónde hubo alerta por los incendios forestales en las últimas semanas de marzo. En este sector se forestales, y se prioriza el cuidado del Humedal de La Isla y el Humedal Tibanica que tienen una importancia vital para el territorio: “Son dos ecosistemas acuíferos que tienen vegetación nativa y fauna silvestre que hay que resguardar”, afirmó Cano.   

 

Incendios: ¿El niño o la acción antrópica? 

Según el sargento Cano, la mayoría de los incendios en Bogotá han sido por la acción del ser humano: “Los cerros tutelares tienen senderos (...) por esos mismos senderos suben personas que hacen fogatas, hacen campamentos, caminatas y muchas veces queda basura olvidada, botellas y fogatas no muy bien apagadas, aunque está prohibido en los cerros de Bogotá hacer ese tipo de quemas”.  

El jefe de Bomberos explicó que este tipo de acciones son las que, sumadas a las condiciones climáticas y propias del fenómeno, generan los incendios: “en el área que se quemó podemos encontrar que hay ropa o hay cables quemados en un área forestal. Eso nos deja como conclusión, cuando se investigan los incendios forestales, que muchos tienen causas ajenas a la naturaleza, como tal han sido por descuido del ser humano”. 

En los incendios de las últimas semanas de marzo, en Gibraltar y el Porvenir en Bosa, los vecinos han informado al cuerpo de Bomberos que se han realizado quemas prohibidas, que pueden ser el epicentro de estos eventos. Entre esas quemas están las quemas de basura y la quema de cable para sacar cobre. Además, Cano cuenta que realizando recorridos por los humedales del sector han encontrado viviendas improvisadas de habitantes de calle donde generan quemas al interior de las reservas.  

 

El abecé para mitigar los efectos de "El Niño"

El Sargento Camilo Cano explica cómo mitigar los efecto de "El Niño"

Según el Observatorio Ambiental de Bogotá, las instituciones van a fortalecer su presencia en las zonas ambientales para mitigar y restaurar los efectos del fenómeno de “El Niño” en la ciudad.  

El sargento explica que los Bomberos, en las 17 estaciones que operan en la ciudad, tienen “un Consejo Local de Gestión del Riesgo que tiene actividades encaminadas a mejorar y a prevenir la incidencia de todas estas situaciones”. Estos esfuerzos se hacen junto a la Secretaría de Ambiente y otras instituciones como el Acueducto. 

Los Bomberos son los encargados de atender la emergencia y contener los incendios, sin embargo, es necesario el compromiso de la comunidad, que ella misma sea la que proteja y haga veeduría de las zonas susceptibles a los incendios.  

La labor de la comunidad es importante porque cada incendio, además de costarle los ecosistemas a la ciudad, también tienen costos económicos, pues el agua que se usa para apagar los incendios es agua potable que varía de precio según el sector de donde se extraiga. Además, hay que tener en cuenta que la temporada de sequía disminuye las reservas de agua de Bogotá lo que puede generar problemas en el abastecimiento.  

Para ello, Cano da tres recomendaciones, según la ley de gestión del riesgo, para que los bogotanos puedan ayudar a mitigar los efectos de los incendios. La primera condición es conocer e identificar zonas de riesgo como los cerros, los pastales y los focos en las propias viviendas.  

La segunda condición es la reducción, donde las personas se deben aliar para reducir los riesgos, cuidar las áreas protegidas y evitar las quemas prohibidas. La tercera condición es el manejo de emergencias, pues es responsabilidad de los ciudadanos conocer las rutas de evacuación y saber cómo pueden comunicarse al 123 para que el cuerpo oficial de Bomberos pueda hacer la contención del incendio.  

Hace 25 años también hubo incendio en los cerros tutelares. Hoy se viven situaciones similares; sin embargo, el cambio climático hace que sus efectos sean más fuertes y que por eso el gobierno distrital, los gobiernos locales y los mismos ciudadanos creamos perder el control ante la crisis ambiental. Sin embargo, lo único claro es, como indica Camilo Cano, quien desde hace 23 años trabaja para controlar las emergencias en Bogotá, es que “nosotros mismos somos responsables de cuidar nuestro ambiente, de cuidar los ecosistemas”.