María José Pizarro: “Las nuevas generaciones no solo deben hacer presencia en las calles, también en las urnas”

Lunes, 09 Noviembre 2020 12:40

La representante a la Cámara se define a sí misma como un ser humano igual a cualquier otro. Cree en la vida y en la gente. Cree en las mujeres. La niña que corría de una ciudad a otra, que estuvo exiliada en cuatro países, que nació entre la guerra y las persecuciones, dejó de huir porque ahora puede hablar. 

María José Pizarro, representante de la Cámara por Bogotá.|María José Pizarro|María José Pizarro en marcha feminista en Bogotá||| María José Pizarro, representante de la Cámara por Bogotá.|María José Pizarro|María José Pizarro en marcha feminista en Bogotá||| Cortesía Andrés Gómez|Cortesía Andrés Gómez|Cortesía Andrés Gómez|||
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La congresista María José Pizarro no siempre quiso ser conocida ni gozó de la calma que tiene ahora, pero sus experiencias la formaron para luchar por la equidad de este país que parece más un escenario de enfrentamientos, uno que tuvo que vivir en carne propia. No lo escogió, pero se siente muy afortunada de ser el fruto del amor entre Carlos Pizarro Leongómez - víctima de un atentado que acabó con su vida - y Myriam Rodríguez, militantes de la extinta guerrilla M-19.  

María José nació en marzo de 1978, tan solo nueve meses antes de que estallara uno de los periodos más violentos de Colombia. Con el robo de armas al Cantón Norte, punto estratégico para las Fuerzas Armadas, el M-19 marcó un hito histórico, pero fue condenado a la brutalidad del Estatuto de Seguridad propuesto por el presidente Turbay Ayala. Las torturas hacia cualquier opositor del gobierno, incluidos sus padres, eran crueles pero lamentablemente legítimas. Los primeros 12 años de su vida vivió entre la incertidumbre y el miedo a quedar huérfana por los constantes allanamientos y amenazas a su familia.

El Gobierno de Virgilio Barco tenía intenciones de paz con el M-19 y un año después se firmaron en nombre de Carlos Pizarro. En ese momento, María José, al igual que todo el país, percibía las buenas nuevas. Su padre se postulaba para las elecciones presidenciales, pero el 26 de abril de 1990 fue asesinado y ella solo pudo llorarlo con esos ojos grandes de largas pestañas, como las de su padre, los mismos con los que hoy mira cara a cara a sus opositores políticos en los debates del Congreso. 

Creció, viajó huyendo de su dura realidad e intentó comprender qué había pasado en su infancia, en su familia, en su historia. El relato que se repartía como pan caliente en el país calificaba a su padre de villano. Se cuestionó si realmente existían los malos y los buenos. En el 2010 entendió que debía ser ella quien pintara en la memoria histórica colombina una escala de grises entre tanto blanco y negro. Decidió continuar con el legado político de su padre.

El equipo de campaña y ahora amigos destacan de ella su sencillez, sensibilidad y humildad. Andrés Gómez, el community manager, cuenta que al principio de la contienda electoral por el Congreso en 2018 viajaban en Transmilenio por toda Bogotá hablando con la gente y sintiendo las calles. Poco a poco tuvo que ir acoplándose a la vida de político que, irónicamente, está lejos de dar y recibir amor de los ciudadanos, aunque ella trata de romper esa brecha.

Cuando pasa por momentos de tensión, sobre todo en los álgidos debates suele recoger su cabello crespo y abundante. Aunque es firme en lo que piensa y dice, no es que se enoje fácilmente; solo el arribismo, la corrupción y la mezquindad despiertan en ella el fuego de la ira. Le han gritado por la calle “guerrillera” o “hija de asesino”, ante esos comentarios hace oídos sordos y sigue su camino. Es una mujer rumbera, le gusta bailar salsa y son cubano cuando quiere compartir con sus allegados. Siempre le regala una sonrisa a quienes le hablan con amor y respeto. La inspira la juventud y los sueños de las nuevas generaciones, el feminismo y sus objetivos de igualdad y el futuro, que lo define como lo opuesto al Centro Democrático.

El pasado 13 de octubre se votó la moción de censura hacia el Ministro de Defensa en la Cámara de Representantes. María José fue una de las congresistas que lideró y propuso la moción desde la bancada de la oposición por el abuso policial cometido el 9 de septiembre en Bogotá y por la respuesta del ministro ante estos. La Cámara rechazó la moción: 136 votos a favor de que el ministro continuara ocupando su cartera, demostrando las mayorías que dirigen el legislativo. A pesar de ello, María José no se rinde y continúa esperanzada por un mejor devenir, pues es una de las autoras del proyecto de ley que busca prevenir y sancionar los excesos de fuerza de la Policía. La entrevistamos en Plaza Capital. 

¿Cree que Colombia está preparada para recibir el cambio que necesita en el 2022?

Debería estar más que lista cuando vamos a tener dos millones más de pobres en el país y unas condiciones difíciles para las pequeñas y medianas empresas. Esta pandemia ha evidenciado que el gobierno benefició a las grandes corporaciones e hizo muy poco para proteger a la ciudadanía. Más ahora que el ministro Carrasquilla anuncia que se vienen nuevos impuestos, no se trata de castigar a las clases medias para aumentar los niveles de pobreza, sino de echar mano de ese pequeño porcentaje de la población que concentra grandes riquezas para permitir que el país progrese. Yo no sé si la gente ha tomado la conciencia para tener un gobierno que genere un mínimo de equidad y un ambiente libre de violencias. Lo que se requiere es que la gente deje de vender su futuro, las nuevas generaciones no solo deben hacer presencia en las calles, también en las urnas.

Con las continuas masacres y los abusos de miembros de la Policía hemos visto el recrudecimiento de la violencia, ¿cómo hacerle frente a esto desde el Congreso si, por ejemplo, la moción de censura al Ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo no prosperó?

Tenemos unas mayorías abrumadoras en el Congreso que no permiten que haya una deliberación más allá de las decisiones que toman clanes políticos familiares y territoriales. Tampoco se puede dar una discusión democrática para saber si las personas que están a cargo de ciertas carteras deben permanecer allí o no. Ellos votan a favor de sus intereses y cualquier iniciativa diferente tendrá muy poco respaldo, nosotros estamos casi nadando contra la corriente. Se necesita es transformar el Congreso con una composición más equilibrada que permita autonomía del legislativo para no estar a merced de las decisiones que toman las bancadas gobiernistas.

“Las nuevas generaciones no solo deben hacer presencia en las calles, también en las urnas”

¿Qué otros elementos cree que deberían cambiar de la política colombiana?

Primero debería haber una lucha frontal contra lacorrupción en todos los niveles. Debería existir un carácter democrático y empírico de quienes ejercemos la política, estar allí para defender los intereses de la gente y no de unos sectores privados. Creo que necesitamos una conciencia política que le permita a la gente tomar decisiones. Yo no digo que voten por uno, qué voten por sectores de derecha o institucionalistas pero sabiendo exactamente por quién votan.

¿Qué apropió de su padre en su forma de hacer política y de acercarse a la gente?

Es una política cercana a la ciudadanía. No es doctrinaria, no es de buenos y de malos o que hable un lenguaje incomprensible, buscamos conversar con la gente desde su propia naturaleza, su realidad y cotidianidad. Lo siguiente es intentar recuperar valores que a veces están alejados de la política como la alegría o el cariño, estamos en un ejercicio de retornarle la credibilidad a la política, es un proceso arduo… Yo heredé de mi padre la libertad de pensamiento, el amor por mi país, el honor, la ética, y otros que parecen desterrados de la política.

¿Alguna vez ha sentido cerca a su padre después de su muerte?

[Risas] No, pues yo siempre lo siento cerca y siempre he sentido una energía bonita a mí alrededor. Encuentro a mi padre en muchísimas cosas, en personas sobre todo. Aquí se trata de viajar liviano, recuperar su legado, levantar sus banderas de coherencia, valentía y compromiso. Ojalá si está en algún lugar mirando se sienta orgulloso de la mujer que soy, esta mujer adulta, madre y sujeto político.


En 1978 empezó una persecución hacia todos los opositores del gobierno, entre ellos a sus padres y familiares, ¿qué momento le marcó más de los que vivió en aquella época?

Definitivamente el exilo. Cada uno tuvo su complejidad pero donde tome conciencia de lo difícil que era la situación que estábamos viviendo fue en el exilio a Francia. No vi a mis padres en dos años, alejada del país, de mi familia, de mi identidad y un año después de haber regresado y de estar exiliada en Ecuador con mi madre, sucede el asesinato de mi padre. Eso rompió en dos mi historia personal. Yo creo que esos dos acontecimientos marcaron mi niñez, mi vida y bueno… muchos dolores que he tenido que sanar en el alma.

¿Cree que, a pesar de los acuerdos de paz, en la memoria de los colombianos sigue reinando la historia de los vencedores?

Avanzamos desde el 2010, ahora estamos retrocediendo. Veníamos en un proceso de reconocimiento e incorporación de distintas voces. Hoy el problema no es que tengamos o no instituciones de memoria, sino el ejercicio que estas hacen. Yo trabajé en el Centro Nacional de Memoria Histórica y vi una gran producción de investigaciones, trabajo con las organizaciones, reconocimiento de múltiples sectores de víctimas. Hoy lo que veo es un Centro de Memoria enmudecido. En mi criterio, están dejando morir la producción de memoria y la reflexión del país en términos históricos. No sé cuál es el relato que va a prevalecer con el paso de estos cuatro años y de personas negacioncitas del conflicto en las instituciones de memoria.

“Cuando reconocemos el dolor que hemos causado y el que nos han causado, podemos hacer un tránsito hacia la reconciliación”


¿Sobre qué aspectos de la memoria histórica dice ‘esto debería contarse desde otras perspectivas’?

Nosotros estamos en un país en el que se superponen las violencias entonces el que fue victimario también fue víctima. Seguramente la persona que estuvo en la guerrilla también ha sido torturada o tuvo que ingresar a las filas de la guerrilla porque el Estado no le ofrecía otras ventanas. No importa si el agresor viene de las Fuerzas Armadas, si es un guerrillero o un paramilitar, no importa cuál sea el origen, la violencia debe ser castigada, es reconocer que ha habido excesos de todo lado. Mientras el país no empiece a desterrar la violencia y deje de justificarla, tendremos una sociedad partida en dos con un desconocimiento de lado y lado y la sensación de que no hay justicia ni verdad. Cuando reconocemos el dolor que hemos causado y el que nos han causado, podemos hacer un tránsito hacia la reconciliación.

Después del asesinato de su padre y de cumplir la mayoría de edad, decide viajar por Sudamérica en su proceso de comprender todo lo que había ocurrido…

Viajé en condiciones difíciles, echando dedo, vendiendo artesanías en la calle y conviviendo con gente que no tenía nada. Ahí entendí las enormes dificultades y causas para la rebeldía.  Lo que quería transformar una generación que se reveló contra el orden establecido era la ausencia de espacios democráticos, de igualdad, de futuro... Fue encontrarme con una realidad que yo conocía pero que no había vivido, es distinto saberloa vivirlo y entender que no solo estás en la pobreza sino que te condenan a no poder salir de ella. Una sociedad de ese tipo invitaa la rebeldía de distintas maneras. Hoy no estamos en 1970, el mundo ha cambiado, hay otras reflexiones, otras formas de expresarse, de manifestarse, de transformar realidades y no podemos responder como nuestros padres ante una sociedad injusta. Tampoco podemos quedarnos cruzados de brazos, tenemos una responsabilidad con el planeta y con quienes van a heredarlo.

Si dependiera únicamente de usted, ¿qué reformas le haría a la Policía?

Lo primero es que la Policía, siendo una fuerza cívica, debe dejar la formación castrense y salir del Ministerio de Defensa, como sucede en otros países. Debe haber un personal más formado, gente con vocación como lo digo con la política. Además, que las personas puedan prosperar, eliminar el monopolio al interior de la línea de mando para que puedan ir ascendiendo a medida que hacen bien su trabajo. Tendríamos que ir paulatinamente desmontando al ESMAD, no porque tenga que acabarse y ya, sino porque su actuación ha sido desproporcionada y así no se debe contener la protesta: cada vez que hay una vemos choques entre la ciudadanía y la Policía. Tienen que haber mejores salarios, de lo contrario son altamente corruptibles. Y no sé si la lucha contra el narcotráfico, que es más que ir a coger al muchacho que está fumando marihuana, tendría que ser una de las funciones de esta institución.

Poco le preguntan sobre su madre. Ella también militó en el M-19 y,pese a que tenía que escapar, aún así era responsable por sus hijas, ¿qué admira de ella?

De mi madre, todo. No sería quien soy si ella no hubiese sobrevivido, es una mujer que sacó adelante a sus hijas sola en medio de enormes dificultades. Es comprometida y nos ha legado ese orgullo de ser mujeres, nos dio la oportunidad de crecer en un entorno libre de violencias, de machismo, de patriarcado, libre para construirnos como mujeres. Bueno, ella es la guía, es la que está siempre ahí pendiente de que no erremos el camino. Para mi madre… todo.

¿Qué le diría a esos tuiteros, incluso políticos, que la critican por tener iPhone?

Les diría que lo que buscamos es que todo el mundo pueda tener igualdad de oportunidades, no que vivamos todos en la pobreza y sin nada. Esto se trata de eliminar la desigualdad, no de ahondar en ella. Nosotros buscamos un capitalismo muchísimo más democrático y que el Estado cumpla su función social. Ellos tienen su visión pero nosotros no estamos cuestionando lo que ellos tienen, estamos cuestionando lo que su política le quita a la gente.

¿Qué hace María José Pizarro un domingo?

Pues a mí me toca trabajar. [Risas] estar con mi hija y con mi familia, sembrar, estar cerca del verde, compartir con ellas… La intimidad, el espacio personal. Estar cerca a la naturaleza, allí es donde soy más feliz.