Los rostros del trabajo para los que tienen que salir a la calle en cuarentena

Domingo, 17 Mayo 2020 10:47

Sin duda alguna, esta cuarentena (que el pasado 11 de mayo cumplió más de 50 días en Bogotá) le ha dado un golpe certero a la economía del país. Si bien el Gobierno Nacional dispuso ayudas para algunos sectores de la economía, hay otros que siguen en las calles trabajando para devengar sus ingresos. Algunos trabajan cobijados por las excepciones del Decreto 593 y otros simplemente no pueden subsistir si se quedan en casa. Este es el panorama que se vive en un país donde, según el DANE, la tasa de informalidad es del 47,7%.  

Foto: Las aplicaciones móviles de domicilios y mensajería son actualmente la población que más transita las calles.|Foto: La mayoría de los vendedores informales, a pesar del aislamiento preventivo, siguen en las calles para conseguir su sustento diario.|Foto: Para adaptar el servicio de transporte a las circunstancias, los taxis únicamente pueden ser solicitados por aplicación móvil o llamada telefónica.|Foto: Según ECOS (Empresas Colombianas de Seguridad Privada) cerca de 450 mil personas trabajan para la seguridad privada y al poder laborar durante la cuarentena, han hecho grandes esfuerzos por acatar las prevenciones.|Foto: De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, al día 29 de abril, 417 médicos se han contagiado del coronavirus en Colombia.||| Foto: Las aplicaciones móviles de domicilios y mensajería son actualmente la población que más transita las calles.|Foto: La mayoría de los vendedores informales, a pesar del aislamiento preventivo, siguen en las calles para conseguir su sustento diario.|Foto: Para adaptar el servicio de transporte a las circunstancias, los taxis únicamente pueden ser solicitados por aplicación móvil o llamada telefónica.|Foto: Según ECOS (Empresas Colombianas de Seguridad Privada) cerca de 450 mil personas trabajan para la seguridad privada y al poder laborar durante la cuarentena, han hecho grandes esfuerzos por acatar las prevenciones.|Foto: De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, al día 29 de abril, 417 médicos se han contagiado del coronavirus en Colombia.||| Nicolas Díaz Malpica|Nicolás Díaz Malpica|Nicolás Díaz Malpica|Nicolás Díaz Malpica.|Nicolás Díaz Malpica.|||
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Muchos de aquellos que salen son trabajadores informales y otros son los reconocidos en el Decreto para esta cuarentena. De un grupo o del otro, ambos confiesan que la situación ha sido bastante complicada y que temen por todo lo que venga a partir de ahora.

 

Domiciliarios y mensajeros

A la hora de pensar en qué personas se ven más en las calles, es fácil proyectar la imagen de un sujeto con mochila naranja o verde, pedaleando por toda la ciudad. Desde que empezó la cuarentena, muchos hemos optado por, al menos una vez, pedir nuestra comida o algún producto a domicilio por las aplicaciones móviles. Si bien el servicio de domicilios por las aplicaciones móviles ha incrementado notablemente, no ha sido así para todos.

Jorge Daryanid, es un joven venezolano de 22 años que trabaja desde hace más de un año para la aplicación Rappi. Dice que el trabajo por estas épocas ha sido muy complicado, pues se recorre prácticamente toda la ciudad en el día y hace más o menos entre tres y cuatro pedidos. El dinero que recauda al día no es suficiente para pagar el arriendo de su apartamento en Suba, sus necesidades básicas y las de su familia por la que responde. Tiene una bebé y por eso cada que llega a casa, hace una cuidadosa limpieza de sí mismo y de todo lo que tiene para poder entrar a su casa seguro. Por el esfuerzo que hace, la recompensa que recibe y lo expuesto que se siente, cree que no es justo: ‘es muy maluco’. Toma todas las precauciones personales y del producto, procura al máximo prevenir el contagio por el bienestar de su familia y del cliente.

 

Vendedores informales

Carlos es un carpintero paisa que, desde hace 10 años, se dedica a hacer oficios varios en barrio Portales del Norte al noroccidente de Bogotá. Desde que dejó la carpintería (porque se aburrió), ahora pinta las casas, fachadas, canchas, hace de electricista, ‘mejor dicho hago de todo’ en el barrio. Cuando no está haciendo alguno de estos trabajos, se dedica a vender todo tipo de cosas en la calle. Entre todas las cosas que ha vendido, el eucalipto es uno de los productos que más lleva ofreciendo, pues lleva nueve años vendiendo esta planta. Carlos dice, que últimamente, por el virus, la gente le ha comprado mucho.

Si bien al comienzo del aislamiento preventivo hacía muy buenas ventas, ahora está vendiendo más bien poco. Indica que llevaba treinta atados diarios y los vendía todos (60 mil pesos), pero ahora está vendiendo en promedio ocho, nueve atados (15-20 mil pesos). Vive en el barrio 20 de Julio, al otro lado de la ciudad, pero dice que le va mejor vendiendo en el norte. Se tiene que hacer diariamente 25 mil pesos para poder seguir, pues vive solo en arriendo y paga 15 mil pesos diarios por una habitación, gasta 5 mil pesos de transporte y tiene que conseguir lo de su comida. No recibe ninguna ayuda del gobierno y confiesa que ‘todo lo que tengo es lo que me trabajo’. Como Carlos, hay miles de vendedores informales que diariamente, aún exponiéndose al virus, salieron a conseguir lo de su diario, pues les queda casi imposible sobrevivir si se quedan en sus casas.   

 

Taxistas

Aunque los taxis prestan un servicio muy cercano con los pasajeros, el Gobierno Nacional ha permitido su labor igualmente con pico y placa. Sin embargo, los taxistas también han definido estos tiempos como complicados y de adaptación, pues la demanda ha disminuido considerablemente desde que solo pueden prestar su función desde las aplicaciones o por llamada telefónica a las empresas.

Yebrail es taxista hace 18 años y dice que nunca había trabajado con las aplicaciones; pero ‘ahora toca así hermano, solo puedo llevar pasajeros de las aplicaciones y que estén con las debidas protecciones’ (tapabocas y guantes). Él también usa su respectivo tapabocas y guantes. Le aplica alcohol en aerosol al carro cuando deja un pasajero y al final del día. Cada que puede hace desinfección total del vehículo. Yebrail confiesa que antes hacía $160 mil pesos diarios y ahora hace entre $60 y 80 mil pesos. Dice que esto durará con restricciones un buen tiempo, pero igual tendrá que seguir adaptándose para poder trabajar.    

 

Vigilantes y seguridad privada

Las empresas de seguridad privada son otro sector de la economía que no paró de trabajar a pesar de la cuarentena. Con las últimas noticias de abusos a dos vigilantes en conjuntos residenciales, algunos trabajadores como Yair se sienten decepcionados por estos hechos. Yair dice que le parece injusto con los colegas que, aun cuidando los residentes las 24 horas y tratando de protegerlos del virus, existan algunos que los agredan física y verbalmente.

‘Uno trata de seguir ordenes y de cuidar a los residentes, pero no está bien que, por no dejar entrar gente externa a los conjuntos, a uno lo agredan, uno lo hace por el bien de todos’. Por suerte, él se moviliza en su moto desde su casa hasta el trabajo y así evita el transporte público y las aglomeraciones, y cuando llega al trabajo o a su casa, se cambia totalmente de ropa y la guarda en una bolsa aparte. Por último, agradece seguir con el trabajo, pues se ha enterado que hay otras empresas que están despidiendo personal y es muy difícil vivir en estas condiciones y sin trabajo. 

 

Médicos y trabajadores de la salud

El sector de los trabajadores de la salud ha trabajado las 24 horas del día y los 7 días de la semana para luchar contra la pandemia. Sin duda es un trabajo ejemplar y que merece el respeto de todos los ciudadanos, pues salvan vidas de miles de personas a diario y exponen las suyas. Sin embargo, parece que muchas veces no ha sido clara esta percepción, dado que semanalmente se escuchan casos de agresiones y discriminación a profesionales de la salud en las calles y barrios del país. Si bien al comienzo de la cuarentena en Colombia, como en otros países, sonaban aplausos a las 7-8 de la noche en señal de apoyo a los trabajadores, los mensajes discriminatorios en las casas de los médicos y posteriormente en las calles fueron apareciendo.

Por su seguridad, esta enfermera decidió no darme su nombre. Trabaja en una clínica de la localidad de Suba, la segunda localidad más contagiada en Bogotá. Ella se encarga de medir la temperatura de todas las personas que entren al centro médico y si están por encima de 37.5 grados, la remite a urgencias y le hacen una valoración general para mirar sus síntomas y si es un posible contagiado. Dice que la identificación de casos sospechosos en la clínica ha sido volátil, hay días que identifica cerca de diez o quince personas y hay días que no hay ninguno. Confiesa que no ha recibido actos de discriminación en ningún lado, pero en la calle si siente que algunos le miran raro. No ha sufrido por falta de elementos de protección, pero entiende y apoya a sus colegas médicos que han salido a hacerse escuchar en algunos hospitales del país, pues considera indispensable tener garantías laborales y de protección para aquellos que están en contacto directo con los infectados.

 

Para los que tienen que salir a las calles

Como estas personas, en Bogotá, durante la cuarentena salieron cerca de 414.000 personas según la Policía Nacional. Un 14% salió a trabajar cobijado por el Decreto del gobierno, pero igualmente muchos, fuera de ese porcentaje, también salieron porque necesitaban conseguir un jornal. Aunque hubo ayudas del gobierno, estas no llegaron a todos los que lo necesitaron, y por eso tuvieron que salir a las calles a conseguir algo de ingresos.

Así nos damos cuenta que el aislamiento cayó, dentro de lo que cabe, bien para algunos, pero otros lo consideraron un privilegio que no se podían dar, pues sin dinero no lograban quedarse en sus casas.