La artista feminista que abandonó las galerías

Jueves, 16 Abril 2020 12:01

María Montoya, una artista feminista, narra su experiencia y opiniones respecto a la participación de las mujeres en los espacios artísticos. 

Proyecto de bordado con mujeres.||| Proyecto de bordado con mujeres.||| Cortesía María Montoya.|||
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María Montoya, es una artista emergente que ha llevado a cabo una exploración del género como parte fundamental en el arte. Se ha convertido en una artista feminista y queer que lejos de realizar un arte realista y clásico, ha decidido usar técnicas de la pintura pop y el bordado como nuevas formas de representar lo contemporáneo.

La artista, de 25 años, busca deconstruir los roles de género y la división binaria del sexo (hombre mujer) para dar apertura a la diversidad sexual y de género desde el ámbito artístico. Sus primeros proyectos artísticos se basaron en sus vivencias personales y se dedicó a convertir los insultos y ofensas que recibía por no ser tan "femenina" en obras de arte. Actualmente, se dedica a realizar y vender obras en sus redes sociales, desarrollar proyectos colectivos sobre género y realizar talleres de bordado con mujeres.

¿Cómo cree que se ve actualmente la participación de las mujeres en los museos y galerías en Colombia?

Yo pienso que a pesar de que se cree o se piensa que se ha “abierto la mente” a aceptar y recibir a mujeres artistas dentro de un medio como el arte, ha sido y sigue siendo muy jodido. El arte al igual que muchos otros espacios de la vida han sido meramente masculinos o han sido para el hombre, nunca para la mujer, entonces cuando uno va a un museo e incluso a galerías (aunque creo que es más común en los museos) la mayoría de las obras son de pintores o de artistas masculinos, es muy difícil encontrar obras de artistas mujeres.       

Según su experiencia, ¿cómo ha visto la participación de las mujeres en otros países?

Yo hace poco estuve en Brasil y me sorprendió increíblemente. Fui a un montón de museos y galerías y todas las exposiciones eran de mujeres feministas, incluso de mujeres del siglo XX, entonces eso me llamó mucho la atención y me pareció buenísimo y pensaba que es increíble que hasta el arte sea para los hombres, porque si fuera también para las mujeres yo no me habría sorprendido tanto de su participación. A mí me encantó y ojalá que en Colombia pasara eso.

¿Cuál fue su apreciación de este tipo de obras?

Las obras son absurdas, de verdad yo veía las obras de las mujeres y de los hombres y las comparaba y las de las mujeres eran tremendas, tenían otro carácter, eran muy distintas e impactantes.

¿Cómo ha sido su participación en galerías y museos como artista mujer feminista?

En mi experiencia personal yo tuve la fortuna, no debería ser una fortuna, pero desde el primer semestre en la Universidad del Bosque yo empecé a exponer en distintos circuitos, de pronto en exposiciones universitarias, en exposiciones privadas y yo la verdad dejé de hacerlo porque la verdad me molestaba mucho el sistema de las galerías. El curador se interesaba en mi obra y lo que hacía era subir los precios de mis obras a precios absurdos, con los que yo no estaba de acuerdo, no porque yo considere que mi obra no lo valga, sino porque eso la hacía inaccesible.

¿Qué era lo que más le molestaba del sistema de las galerías?

Odiaba que le subieran a mi obra a precios tan altos y fueron piezas que nunca se vendieron, que nunca compró nadie porque no les gustaban, no les interesaba y porque los precios eran absurdos. Y aparte de eso, ellos le suben los precios para quedarse con un montón de plata, muchas de las galerías se quedaban con el 50% y para mí eso es muy irrespetuoso, entonces lo último que he hecho con galerías ha sido en espacios de amigos, galerías que son más incluyentes y que no funcionan como este sistema del que hablé antes.

Respecto al género, ¿qué barreras encontró en los espacios artísticos?

Siempre era complejo ser mujer, ser una artista emergente es muy complicado porque la gente piensa que uno no es nadie y piden un montón de trayectoria, o fama y otros requerimientos que para mí son innecesarias. Para mí si hay un talento, si hay una imagen que mueve, que choca, es suficiente y básicamente ser artista mujer en Latinoamérica, que es desde donde yo hablo, siento que es un trabajo de uno solo. Hay que guerreársela un montón.

¿Cómo ha enfrentado entonces la decisión de abandonar las galerías?

En mi caso, yo me aprovecho un montón de las redes sociales porque para mí es la galería perfecta. Es una galería a la cual tiene acceso cualquier persona con una red de internet. A veces mucha gente no se atreve a entrar a una galería física o un museo porque tienen la idea de que la galería es un espacio o para gente que solo hace arte o para gente de élite, porque en realidad es ese el ambiente que se siente y que incluso yo siento dentro de las galerías siendo artista.

¿Qué ventajas traen las redes como plataformas para exponer el arte?

Las galerías son un espacio muy hostil, pero las redes son un espacio muy abierto donde las personas tienen más libertad. Para mi funciona muy bien usar las redes como mi propia galería sin tener que pagarle una comisión a alguien por estar ahí, sin tener que someterme a un espacio tan hostil, tan frívolo y tan comercial, preferí hacer uso de mis redes y aprovecharlas al máximo y yo todo el tiempo estoy haciendo algo, yo no puedo parar, entonces todo el tiempo estoy posteando cosas y así es como yo he llegado a hacerme un espacio dentro de este medio, muy alejado de las galerías porque yo las dejé totalmente.

¿Qué propuestas artísticas con enfoque de género conoce?

Hasta hace un año se abrió la primera sala de arte LGBTIQ en el Museo Nacional de Bogotá y a mí la verdad me emocionó muchísimo porque se estaba logrando que un museo reconocido tenga una sala de exposiciones de arte más diversa y más inclusiva.

¿Por qué cree que es importante el desarrollo de este tipo de propuestas?

Porque si nos ponemos a pensar el arte está empapado de género y de diversidad. Básicamente, gran parte de la vida del arte es el género, pero siento que hasta ahora se está empezando a hacer. En los museos a veces hay obras con enfoque de género, pero tienen poca visibilidad. En cambio, en el Museo Nacional era toda una sala de arte LGBTIQ que es algo que ya rompe un paradigma gigante.

¿Qué papel juegan las redes sociales en el arte con enfoque de género?

Las redes son un espacio que está empapado de arte LGBTIQ, están llenas. Incluso hay mucha gente que no se formó para ser artista, pero yo veo lo que hacen y digo: “¡esto sin duda es arte!”. Entonces siento que más allá de las galerías los espacios que ahora se están formando para las mujeres y para la diversidad de género son los espacios virtuales con las redes sociales.