“Manuelita Sáenz tenía un alma mestiza, rebelde y libertaria”: Sergio Botero

Miércoles, 15 Marzo 2017 04:36

En la época de la colonia en América Latina, la élite guardaba el honor para distinguirse de las demás clases sociales.

Salón Manuelita en la Casa-Museo Quinta de Bolívar|||| Salón Manuelita en la Casa-Museo Quinta de Bolívar|||| Foto: Maria Camila Ayala||||
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Manuelita Sáenz sostuvo un romance con Simón Bolívar entre 1822 y 1830. Su amor por el Libertador y el que le tenía a la Gran Colombia la llevó a luchar por ellos y por su propia libertad, a pesar de que la sociedad se lo prohibiera por su condición de mujer. El pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer en conmemoración a las mujeres que luchan por la igualdad de derechos. Esta fecha fue proclamada por la ONU en 1977 en honor a mujeres que en 1908 murieron tras un incendio en su fábrica, mientras se encontraban en huelga reclamando un salario igual que el de los hombres y la disminución de las horas laborales. Un siglo antes de este acontecimiento Manuelita Sáenz ya batallaba por los derechos de las mujeres, a través de sus expresiones de amor.

En 1795 nació Manuela Sáenz en Quito, hoy Ecuador. La quiteña fue fruto de una relación extramatrimonial entre el español Simón Sáenz y la criolla María Joaquina de Aizpuru, por ello fue denominada “hija bastarda”. En 1822 conoció a Bolívar y tuvo un amorío con él hasta que el Libertador murió en 1830. Según Sergio Botero, historiador de la Universidad Javeriana, Manuelita Sáenz es conocida por ser la amante de Bolívar, pero su romance la llevó más allá de eso. “Manuela Sáenz y Simón Bolívar serán siempre referentes para la libertad y el amor”, dice Botero.

Las cartas entre la quiteña y Bolívar muestran que “Manuelita Sáenz tenía un alma mestiza, rebelde y libertaria”, señala el historiador. En uno de los mensajes, Manuelita le dijo a Bolívar que estaban “unidos para la gloria, así la historia nunca nos reconozca”. Botero indica que Manuelita mostraba su amor por el Libertador en público y que lo hacía porque “necesitaba de amar y ser feliz”. Por esa razón, el historiador afirma que a Sáenz no le importó que los demás vieran su relación, pues la libertad de exhibirla la consideraba como un derecho.

La quiteña se mostraba ajena a las habladurías de ese entonces. “Las damas la aborrecían por ser la amante del Libertador”, cuenta Juan Camilo Guerra, Guía de la Casa-Museo Quinta de Bolívar. Este desagrado lo haya el orientador en que Manuelita y Bolívar mantenían una relación que no estaba unida por el matrimonio, hecho que era mal visto por la sociedad de inicios del siglo XIX.

Manuelita resaltó entre las mujeres de su época por la forma en que se comportaba y en que ignoraba las prohibiciones del momento. “Ella rompió con esos esquemas limitantes y luchó por su derecho a ser ella y mandar sobre su espontaneidad individual y apasionada”, indica el historiador. Sergio Botero dice que el amor fue una forma de asumir la libertad por parte de Sáenz. Incluso desde antes de tener un vínculo amoroso con Bolívar, Manuelita había hecho lo prohibido por el amor y la libertad.

Guerra comenta que la quiteña fue internada en un convento para ocultar su condición de “hija bastarda” y así preservar el honor de su familia que pertenecía a la élite de ese entonces. Del reciento se escapó a sus 17 años con un oficial. Por su huida, Sáenz fue obligada a casarse con James Thorne. Cuando conoció a Bolívar dejó a su esposo y vivió en una relación afectiva con el Libertador, persona que alguna vez le regaló un piano-costurero, objeto que hoy veríamos como un piano-tocador.

En la Casa-Museo Quinta de Bolívar se encuentra el “Salón Manuelita”, en el que se halla el piano-costurero y demás elementos que alguna vez le pertenecieron a la quiteña. Durante el mes de marzo el recorrido guiado por la Casa-Museo incluye datos sobre las mujeres de la época de la independencia, especialmente de Sáenz.