Según datos del operador del mercado eléctrico XM y la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME), la generación en Colombia depende mayoritariamente de la hidroelectricidad que aporta alrededor de dos tercios de la producción anual.
El resto de energía proviene, principalmente, de generación térmica (gas, carbón y combustibles líquidos), mientras que la solar y la eólica terrestre han aumentado su participación en los últimos años. Sin embargo, siguen representando una fracción menor frente a la hidráulica.
El crecimiento de fuentes renovables no convencionales se ha tratado de acelerar desde 2019, impulsado por subastas y nuevos proyectos en operación. Sin embargo, la energía marina, incluida la mareomotriz, no participa en el sistema.
La oceanógrafa Andrea Morales, profesora e investigadora en dinámica océano-atmosférica, en una entrevista para Plaza Capital informó que el país sí ha evaluado el potencial energético de olas, corrientes, mareas y gradientes térmicos mediante modelación numérica y análisis de datos satelitales. “Las limitaciones son económicas y regulatorias”, explicó.
Le puede interesar: Colombia en deuda con el medioambiente tras 5 años de haber firmado el acuerdo de París
Diversificación pendiente y vacío normativo
La energía mareomotriz aprovecha el movimiento periódico de las mareas, determinado por fuerzas gravitacionales. A diferencia del viento o la radiación solar, que dependen de condiciones meteorológicas variables, el comportamiento de las mareas puede predecirse con alta precisión a largo plazo.
Esa previsibilidad es considerada una ventaja técnica. Pero Colombia no cuenta con lineamientos específicos para la instalación de infraestructura mareomotriz.
La implementación requeriría permisos de uso del lecho marino por parte de la autoridad marítima (DIMAR), estudios de impacto ambiental y articulación entre entidades energéticas y ambientales. Hasta ahora, no se ha tramitado ningún proyecto comercial de este tipo.
El contraste es evidente en otras tecnologías. De acuerdo con la UPME, la capacidad instalada de fuentes renovables no convencionales, principalmente solar y eólica terrestre, ha crecido de manera sostenida en los últimos años, superando varios gigavatios de capacidad incorporada al sistema. La política pública ha priorizado estas fuentes por su menor costo relativo y mayor madurez tecnológica.
La alta dependencia de la hidroelectricidad también introduce un factor de vulnerabilidad climática. Durante eventos asociados a El Niño, la reducción en los niveles de los embalses obliga a aumentar el uso de plantas térmicas, lo que incrementa costos y emisiones. Organismos como la Agencia Internacional de Energía (AIE) han señalado que los sistemas con alta concentración en una sola fuente renovable pueden beneficiarse de estrategias de diversificación.
En Colombia, esa diversificación se ha orientado hacia fuentes de energía solar y eólica terrestre. La energía proveniente del mar no ha sido incorporada a la planificación sectorial.
A esto se suman barreras económicas. La tecnología mareomotriz se fabrica principalmente en Europa y Asia, lo que implicaría importación de equipos, transporte marítimo especializado y mantenimiento en ambientes altamente corrosivos. Frente a tecnologías ya consolidadas, los costos iniciales son mayores.
No deje de leer : ¿Cuáles son los principales retos que enfrenta la transición a la movilidad eléctrica en Colombia?
Zonas no interconectadas y el caso de Tumaco
La discusión adquiere otra dimensión en las Zonas No Interconectadas (ZNI), es decir, en territorios que no están vinculados al Sistema Interconectado Nacional. En estas áreas, el suministro eléctrico depende en gran parte de plantas diésel, una alternativa más costosa y con mayores emisiones frente a fuentes renovables.
De acuerdo con cifras oficiales del sector energético, cientos de localidades en regiones como el Pacífico, la Amazonía y el Caribe insular hacen parte de las ZNI. En muchos casos, el servicio es limitado en horas y depende del transporte continuo de combustible.
Es en este contexto donde se ubica la investigación de maestría en energías renovables desarrollada por Antonella Ramón, estudiante de la Universidad del Rosario, en Tumaco, Nariño. El estudio evalúa el potencial de instalar turbinas submarinas ancladas al fondo marino para aprovechar corrientes de marea en sectores específicos de la bahía.
Tumaco presenta condiciones técnicas favorables: rangos de marea significativos, zonas someras cercanas a los 20 metros de profundidad y estrechamientos naturales que aceleran las corrientes.
La investigación se centra en cuantificar el recurso energético disponible mediante modelación y análisis de datos.
Antonella Ramón explica que uno de los desafíos estructurales es la ausencia de fabricantes nacionales de esta tecnología. Además, cualquier instalación requeriría permisos de uso del fondo marino y estudios ambientales detallados.
Para Andrea Morales, este tipo de estudios permite dimensionar el potencial real del recurso antes de discutir viabilidad comercial. Sin un marco regulatorio y sin señales de política pública, la transición hacia proyectos operativos sigue siendo incierta.
¿Cómo se ve el panorama internacional?
La energía mareomotriz tiene antecedentes operativos a nivel internacional, aunque su participación global es reducida frente a otras renovables.
En Francia, la central de La Rance opera desde 1966 mediante un sistema de dique que aprovecha el desnivel entre mareas. En el Reino Unido, especialmente en Escocia, se han desarrollado proyectos con turbinas submarinas en corrientes de marea en fases piloto y comerciales limitadas. Japón también ha explorado sistemas de generación marina asociados a infraestructura costera.
Sin embargo, incluso en estos países, la energía mareomotriz representa una fracción pequeña de la generación nacional. De acuerdo con reportes internacionales del sector energético, la expansión global de energías renovables en la última década ha sido liderada principalmente por la solar fotovoltaica y la eólica.
En América Latina, Uruguay es uno de los referentes en diversificación renovable, con una matriz eléctrica que supera el 90 % de generación a partir de fuentes renovables, principalmente hidroeléctrica, eólica y biomasa, sin participación significativa de energía mareomotriz.
En el caso colombiano, aunque la matriz presenta una alta proporción renovable por su base hidroeléctrica, la energía proveniente del mar no ha superado la etapa de estudios técnicos. La existencia de potencial identificado en ambas costas contrasta con la ausencia de proyectos comerciales y de regulación específica para su desarrollo.









