“Al enfermo psiquiátrico lo señalan de inventarse sus malestares, se le trata como un inmaduro"

Viernes, 20 Noviembre 2020 16:19

Juan Camilo Giraldo, psicólogo egresado de la Universidad Javeriana, habló acerca de los estigmas que hay sobre la psicología, expone las fallas de las EPS en salud psíquica y señala las problemáticas que la pandemia ha revelado a nivel mental.

Juan Camilo Giraldo atendiendo a una paciente en el Colegio Calasanz Cúcuta.||| Juan Camilo Giraldo atendiendo a una paciente en el Colegio Calasanz Cúcuta.||| Archivo particular|||
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 “Cuando hablamos de lo más humano, lo deshumanizamos”, es lo que suele decir Giraldo cada vez que habla del rechazo hacia los enfermemos mentales. Tiene 44 años, trabaja desde el 2007 en el Colegio Calasanz Cúcuta, colegio del cual es egresado y allí dirige el Departamento de Desarrollo Humano del instituto.

Su vida ha estado basada en eso precisamente, en crecer como persona y ayudar a los demás a hacer lo mismo. Durante su carrera como psicólogo, siempre ha buscado dejar en claro que los problemas mentales son algo que todos podemos sufrir y que deben dejar de ser tratados como anormalidades. 

Por eso, Giraldo considera que la salud mental debe ser abordada con mucha más humanidad, para él es algo tan personal y relevante en todo ser humano que si se trata el asunto desde la frialdad y la lejanía solo se le quita cualquier tipo de valor.

¿Por qué estudió psicología?

Cuando iba en quinto de primaria, tuve la posibilidad de conocer al psicólogo Jairo Clavijo e hice parte de unos cursos de sexualidad que dictó. Durante esos cursos empecé a admirar mucho a Jairo por lo que hacía y en ese momento me dije que quería ser así cuando grande. Por otra parte, tenía aptitudes para la psicología, en el colegio la gente me buscaba mucho para hablar. Además, me gustaba acompañar y ayudar a las personas a que vieran otra perspectiva de su vida en un momento de sufrimiento. Por último, mi personalidad me beneficiaba porque siempre tuve ese carisma para tratar a la gente.

¿Qué dificultades observó recién empezó a trabajar como psicólogo a nivel cultural?

Recién empecé a trabajar, en el año 2000, era mucho más complicado hablar de salud mental, para la gente era impensable tener un problema mental. Había mayor dificultad para acercarse a los pacientes, pero es algo que siempre he entendido. En ocasiones, las personas han tenido malas experiencias con los psicólogos, entonces se requiere de mucho tiempo para crear la confianza necesaria. En el caso de los estudiantes, la falta de confianza de los papás era un factor que dificultaba el trabajo. Varios padres les decían a sus hijos que no contaran sus problemas en el colegio, lo que llamamos lavar los trapos sucios en casa.

¿Cómo le explicaría a una persona que no conozca del tema el trabajo de un psicólogo?

Que es necesario un psicólogo cuando nuestra respuesta ante el mundo nos hace sufrir. Le diría a esa persona que los trabajadores de salud mental estamos para que encuentren una nueva versión de sí mismos que les permita adaptarse a eso que están viviendo. Por ejemplo, cuando alguien está depresivo siente que todo se oscurece y eso le produce mucho dolor. Ahí los trabajadores de salud mental intervinimos para identificar las cosas que le generan daño y luego lo ayudamos a cambiar la forma de afrontar eso que le provoca malestar. Lo que hacemos es darle al paciente otra visión del problema para que pueda aliviar ese sufrimiento.

¿Y cómo le explicaría a esa misma persona que con un amigo no es suficiente y que necesita un especialista?

Le diría que en general los amigos o los papás tienen una mirada subjetiva de las cosas. La diferencia es que nosotros somos objetivos, estamos viendo la realidad de la persona desde un plano mucho más amplio, no nos sesga ese factor emocional. Además, nos preparamos para darle al paciente ese panorama alternativo que necesita para superar sus problemas. Lo otro que pasa es que el amigo termina sintiéndose mal por el dolor de la otra persona y le ofrece soluciones que empeoran las cosas. Por decir un caso, si la persona está sufriendo por una ruptura amorosa, el amigo lo lleva a tomar licor y a conocer otras mujeres, lo que solo agudiza el dolor al día siguiente.

¿Pero entonces por qué la gente no recurre a la psicología?

Porque no la entienden, muchos piensan que no tiene sentido contarle sus dificultades a alguien que también sufre. En últimas tienen razón, en vista de que todos tenemos problemas.

Sí claro, aunque tampoco existe alguien sin problemas

Exacto, o sea ¿dónde está la persona que no padece ningún dolor emocional? También ocurre que no se les da importancia a las enfermedades mentales. En el libro de Juan Carlos Rincón (“La depresión no existe”) dice que es preferible estar enfermo de cáncer en términos de empatía porque ese sufrimiento que demuestra la persona está justificado en la gravedad de su enfermedad. En cambio, al enfermo psiquiátrico lo señalan de inventarse sus malestares, se le trata como un inmaduro que no tiene razón para estar depresivo o bipolar. En ese aspecto la sociedad no ha avanzado.

En eso no ha avanzado la sociedad, no obstante ¿se ha mejorado a nivel cultural respecto a la salud mental?

Que se haya logrado entender que el alma al igual que el cuerpo tiene vida y dinámica propia es un gran avance. La comprensión de que la persona con depresión no tiene esa enfermedad porque quiere, sino debido a que realmente se siente así es muy importante. Igualmente, que los papás ahora sean más respetuosos ante el criterio profesional es algo que ayuda mucho.

Respecto al acceso a la salud mental, ¿cómo hace una persona para obtener ayuda psicológica?

El proceso ideal partiría con el sistema de salud aclarándole a la gente que, así como hay síntomas de malestar físico, también los hay en lo mental. El procedimiento debería ser que primero el médico descarte los problemas físicos debido a que puede ser que se crea que alguien está deprimido y no, resulta que tiene anemia. Por lo tanto, una vez no se encuentre ningún problema en el cuerpo, se debe remitir a psiquiatría para que se determine si hay que medicar o pasar a psicología.

Lo que me cuenta sería lo ideal, pero ¿qué es lo que realmente pasa?

Lo que realmente pasa (ríe) es que la gente no va, piensan que esas cosas son bobadas de ellos. Sin embargo, los que van a consulta en EPS se encuentran con médicos que no están interesados en la salud del paciente, hay un gran problema porque los médicos no saben diagnosticar dificultades mentales.

Si los médicos durante una parte de su formación universitaria estudian salud mental ¿por qué diagnostican tan mal en este aspecto?

Porque no se les enseña a hacer. Psiquiatría muchas veces es el sitio de rotación donde no se les presta atención. El enfermo mientras más afectado del cerebro o del corazón sea lo consideran de mayor clase, al igual que al médico que trata esas dificultades. Lo contrario pasa con el psiquiatra, se le desvaloriza en lo económico y en reputación puesto que creen que solo receta pastillas y ya. Esto lleva a que los médicos no se interesen por la salud mental, hacen preguntas de rutina y no miran a la persona. Para diagnosticar una enfermedad mental se necesita observar al paciente y analizar su comportamiento.

En cuanto a las EPS, ¿cuáles son las fallas que tienen tratando la salud mental?

Fallas de todas. Yo trabajé en Montelíbano, Córdoba, en una EPS, pero luego renuncié. En una ocasión me asignaron a un paciente durante cinco sesiones, una vez acabaron las consultas pedí que le dieran otras cinco y negaron la solicitud, me decían que en cinco terapias ya debía salir la persona. ¿Qué había de base? pues la plata, en ese tiempo, en el año 2005, pagaban 3000 pesos por consulta. Entonces claro, para que fuera rentable trabajar se necesitaban tener muchos pacientes y atenderlos en poco tiempo. A pesar de que me ordenaban hacer consultas de 15 minutos, yo las hacía de 45 minutos. La dueña de la EPS me regañaba porque perjudicaba las ventas y por eso siempre le dije que si quería que me fuera lo hacía, pero que no me iba a volver un mercader de lo psicológico.

Desde su punto de vista, ¿qué destapó esta pandemia respecto a la salud mental?

Yo digo que el COVID-19 es el mejor test de salud mental que pudo haber creado la naturaleza. Si nos hubiesen preguntado antes de la pandemia lo que haríamos si llegaba un virus y nos encerraba durante un año, todos hubiésemos respondido (empieza a usar un tono irónico) que aprovecharíamos para leer más o pasaríamos más tiempo con la familia (deja de hablar de esa manera y ríe un momento). Ahora que no es una pregunta hipotética, sino que es real, lo que hizo el COVID fue llevarnos al límite y decirnos ¿qué son ustedes como seres humanos?

Muchas cosas estaban guardadas y no se había presentado un detonante que nos hiciera enfrentarnos a esa realidad que negábamos. Por ejemplo, un matrimonio que se consideraba a prueba de todo. Claro, era genial porque antes nunca se veían, ahora que llevan siete meses metidos en la casa empiezan los problemas y se dan cuenta que no se soportan. Entonces, lo que hizo el encierro fue poner en jaque nuestras saludables relaciones interpersonales que de saludables no tienen nada (ríe).