Una vida por los secuestrados

Jueves, 19 Abril 2012 02:34
Escrito por

“Mire que viene alguien, es ¡Doña Marleny! ¡Doña Marleny! ¡Marica viene para acá!”, gritó alguno de los soldados en medio de la selva, al ver acercarse ente la maraña a dos mujeres con un cartel y unas velas.

Marleny Orjuela.||| Marleny Orjuela.||| Foto cortesía: Patricia Rincón, Semana|||
1975

“Mire que viene alguien, es ¡Doña Marleny! ¡Doña Marleny! ¡Marica viene para acá!”, gritó alguno de los soldados en medio de la selva, al ver acercarse ente la maraña a dos mujeres con un cartel y unas velas. Eran Marleny Orjuela y Amparo Rico, madre de un secuestrado, que iban junto al entonces miembro del secretariado de las Farc el ‘Mono Jojoy’ y su hermano alias ‘Grannobles’. Los soldados se amontonaron contra el alambre de púas que los cercaba y entre gritos, lágrimas y miradas atónitas vieron entrar a la pequeña caravana.

Esa señora vitoreada en medio de la selva, llevaba tres costales llenos de mensajes para los secuestrados. Y es esa misma señora, que hoy encabeza el proceso de liberación de 10 uniformados, que hace parte del plan de las Farc para acabar con el secuestro extorsivo como su método de financiación.

El 3 de agosto de 1998, a las 6 de la tarde, empezó el enfrentamiento en la base antinarcóticos de Miraflores, en el Guaviare; que terminó 24 horas después, con el secuestro por parte de las Farc a los policías y miembros del ejército que combatieron hasta que las municiones se acabaron. Alrededor de 130 personas fueron privadas de la libertad en aquel ataque. Uno de ellos era el policía Hernán Zambrano, primo de Doña Marleny.

Con esta cruzada, que fue uno de los ataques mas contundentes que se les ha hecho a las Fuerzas Armadas. Marleny, madre de dos hijas, felizmente casada cambió su vida. Tomo la vocería de esas familias de militares y policías secuestrados y abanderó todo el movimiento de liberación de estos. En 1999 se entrevista con Víctor Julio Suarez, mas conocido con el alias del ´Mono Jojoy’, y después de más de 30 visitas al Caguán, le permitió ingresar para llevar mensajes y traer pruebas de supervivencia de los secuestrados.

Ese día de la visita de Marleny, según lo cuenta Diter Ávila, militar que también fue privado de la libertad en la base de Miraflores, junto Zambrano, los guerrilleros empezaron a decirles que era posible que llegaran mensajes de los familiares. Sin embargo, incrédulos siguieron con un día normal, de rutina de secuestrado, con cadenas al cuello, enfermos y sin fuerzas mentales ni psicológicas como para escribir algo. Como alas 10 de la mañana “llegó Doña Marleny, abrazó a su primo y después nos saludó a todos” escondió el gesto de impresión y dolor bajo un fuerte abrazo, que “sentimos como el de alguna madre” recuerda.

A Doña Marleny los secuestrados la conocían por las noticias que cada cierto tiempo se colaban entre la selva, cuando algún guerrillero se los permitía. Se escuchaban los mensajes que dejaba en ‘Radio recuerdos’ y el programa de ‘La Carrilera de las cinco” de Antena Dos, junto a otros familiares. “Ella siempre tomaba la vocería en los comunicados” recuerda Ávila.

Ese día Marleny, empezó hablarles a los 50 secuestrados, de todo lo que tuvo que hacer para poder acompañarlos ahí por un rato. Entre tanto, de los tres costales, empezó a sacar las encomiendas de los familiares. Cartas, colores, camisas con estampados, fotos, fueron entregados. Estas encomiendas fueron recogidas precipitadamente por ella, puesto que le aceptaron la entrada de un momento para otro, sin mucho aviso, para que el ejército no la siguiera, y no hubiera tiempo para hacer inteligencia.

El gesto de preocupación e impresión de esta contadora de la Universidad Santo Tomás, era muy bien contrastado por la alegría que suponía estar con los secuestrados, de los que se desconocía si seguían con vida hasta ese momento. Este primer contacto fortaleció el vínculo de ella con ellos, a los que adoptó como si fuera su madre. Sus objetivos se hicieron mas firmes y como lo dice ella: “hasta que el último policía o militar no salga liberado, no voy a descansar”, no pierde el ánimo.

Ella intercedió por los enfermos, que estaban siendo tratados bajo cualquier síntoma con una pastilla de acetaminofén. Le dijo al ‘Mono Jojoy’ que “los mantuvieran sanos”, que pusieran mas atención en esto.

Después de este campamento, como a las 4 de la tarde, siguió con la pequeña caravana que visitaría a otros campamentos. "Vimos cómo desde esas jaulas se despedían, y no aguantamos. En la primera curva del camino, nos sentamos a llorar, no sé cuánto, pero mucho", contó Marleny. Aunque minutos antes les estuviera diciendo a los cautivos que “mucha verraquera, no se dejen caer”.

Con cada uno habló sobre sus familias, sobre quienes llevaron las encomiendas, ella distinguía a todos, tiene un poder de retentiva capaz de hacerle recordar todas las caras y sus historias. De hecho sabe todos los nombres de aquellos que han sido asesinados en cautiverio.

Hernán Zambrano, el primo de Marleny, estuvo secuestrado por las Farc hasta el 28 de junio de 2001. Y sucedió después de varios intentos de negociación del grupo guerrillero con un Estado que no permitió que surgiera una ley de canje humanitario. Entonces, hubo una liberación unilateral en la que Zambrano y más compañeros fueron liberados. Los militares y policías de altos grados siguieron secuestrados, ya que eran elementos esenciales para un posible próximo canje con el gobierno.

Después de esta liberación, Marleny tomó mas fuerza y siguió con la idea de buscar la libertad para todos, de hecho volvió tres veces más a la espesura de la selva a llevar un poco de luz a los secuestrados. Jhon Frank Pinchao, ex secuestrado de las Farc, tuvo la oportunidad de ver a Marleny en la selva tres veces. Para él, ella era “un canal de comunicación necesario, que nos servía para mantenernos estables, para saber como estaban nuestras familias”. Y aunque ahora la relación de ellos sea distante, la recuerda con un gran cariño y no le alcanzan las palabras para agradecer esos “momentos de felicidad que nos daba”.

Como aquellas madres argentinas que se plantaron cada semana en la Plaza de mayo, pidiendo justicia por sus hijos desaparecidos o torturados en la dictadura. Marleny decidió hacer su propia manifestación y creó el ‘Plantón Libertario’, que desde hace 11 años frente al Congreso y al Palacio presidencial, intenta llamar la atención de transeúntes y turistas que estén cerca.

Un grito de rabia que sale de un megáfono y se pierde en la inmensa Plaza de Bolívar, va diciendo: "Vivos se los llevaron, vivos los esperamos"; "hoy somos pocos, mañana seremos muchos"; "no somos muchos, pero somos firmes". Y estos son los mensajes de Marleny con otras mujeres que los martes hacen cita casi sin falta. Escogió además ese día para coincidir con las plenarias de los concejales, que los hace pasar por allí.

Además de estos ‘Plantones Libertarios’, en 2003 crea junto a otras madres Asfamipaz (Asociación Colombiana de Familiares Miembros de la Fuerza Pública retenidos y liberados por grupos guerrilleros) que intenta visibilizar el drama de las familias de los uniformados que han sido privados de la libertad.

Estos secuestrados son para Marleny un arma política clave para el grupo insurgente, de allí su valor. Pero es deber del Estado tenerlos muy presentes, puesto que estas personas estaban a su servicio cuando fueron retenidas. Y como dice ella “se les debe”. Además que le duele, que al contrario de los familiares de los guerrilleros detenidos que pueden visitarlos en la cárcel, a ellos les toca conformarse con “enviarles mensajes radiales de los que no tenemos certeza de su recepción” dice a un portal de internet.

Una de las peticiones mas recurrentes de Marleny es la de no rescate a sangre y fuego, que fue muy común en los mandatos de Uribe, y que para ella solo ponen en peligro a los secuestrados. Exige un acuerdo humanitario, dialogar con las Farc para las liberaciones. Y de hecho esta lucha ha dado frutos ya que ella es la vocera de Colombianos y Colombianas por la Paz, y adelanta un proceso histórico con la guerrilla, que ha prometido no volver a secuestrar jamás.

Marleny es de Anzoátegui, un pequeño pueblo en el Tolima, al que no ha regresado hace rato. "Mis padres eran unos campesinos luchadores que nos enseñaron a mí y a mis dos hermanos el amor por el prójimo" le contó Marleny a El Tiempo. Ella estudió su primaria en el colegio Carlos Blanco Nassar, y "Era muy indisciplinada y hacía bastantes travesuras con mis amigas, especialmente con Luz Marina Jaramillo y Clemencia Romero".

Esta mujer menuda y de crespos negros cortos, según cuenta, es una gran lectora y una buena jugadora de baloncesto. Nunca se le ocurrió que pudiera terminar siendo una activista social. Ha sido señalada como simpatizante de la guerrilla por el contacto que ha tenido con esta. Sin embargo ha podido quitarse estas etiquetas y con la llegada de Luis Eduardo Garzón a la alcaldía de Bogotá en 2004 apoyó en un programa dentro de la Secretaria de Gobierno, que le permitía continuar con su misión con los secuestrados.

Además Marleny logró que el Congreso aprobara un proyecto de ley para que los familiares de los secuestrados uniformados reciban el salario de estos, mientras permanezcan privados de la libertad. Así mismo apoya a la búsqueda de libertad de los 378 civiles que tienen las Farc bajo su poder, según cifras de País Libre.

Con estas palabras: “Quisiéramos solicitar a la señora Marleny Orjuela, esa incansable y valiente mujer dirigente de Asfamipaz”, se dirige un comunicado de las Farc hacia esta tolimense, para hacerle un llamado a que ayude en los procesos de liberación. Este puesto se lo ha ganado con merito y con perseverancia. Porque ella es la que desde 1998 ha cambiado su vida por los secuestrados, nadie nunca ha tenido este gesto tan humano por tanto tiempo, y sin ningún beneficio.

Marleny cambió su modus vivendi por una rutina de una activista social. Hasta su vestir ha cambiado, sus camisas están llenas de mensajes claros y contundentes en contra del secuestro, a favor del acuerdo humanitario.

A “Marleny, yo creo que cada uno de nosotros, los ex secuestrados, debemos agradecerle eternamente, y luchar por lo que ella nos dio, la libertad. Pelear por los sueños que dejamos en pausa y no desfallecer. No recuperaré el tiempo perdido en la selva, pero disfrutaré las cosas que me da la vida, lo hago al máximo. Su labor fue para que no nos dejáramos morir en la selva y no la podemos defraudar ahora ya libres", apunta Diter Ávila, ex secuestrado y compañero del primo de Marleny.