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Las formas de abordar un problema histórico

En la actualidad, Brisas del Volador continúa con algunos puntos en riesgo alto y moderado de deslizamiento, de acuerdo con los informes técnicos del IDIGER. En 2020 la Alcaldía Local de Ciudad Bolívar entregó el primer muro de contención ubicado en el Centro Educativo Distrital Brisas del Volador, donde dos años antes hubo una remoción de masa que afectó la cancha deportiva y dos salones.

En 2022 entregaron la segunda obra de mitigación en el barrio, la cual previene el deslizamiento entre la parte alta y baja del barrio, protegiendo las viviendas de más de 200 habitantes que por muchos años se vieron afectados por el deslizamiento de tierra y lodo en temporadas de lluvias.

A pesar de ello, en 2023 el IDIGER identificó como último dato disponible que 523 familias se encuentran habitando en viviendas con alto riesgo no mitigable. En su mayoría son estructuras informales, construidas con material de recuperación y en predios inestables al borde de las montañas. Precisamente en el mismo año, la policía desmontó 29 estructuras de vivienda y realizó 18 operativos de seguridad, acciones enmarcadas dentro de la política contra los tierreros en la localidad.

Según lo consultado a la Secretaría Distrital de Seguridad, su principal estrategia es la sensibilización de la ciudadanía para prevenir la compra de lotes en invasiones, así como la lucha contra delitos como la venta de estupefacientes, la extorsión y el homicidio que se cometen aprovechando los escenarios de vulnerabilidad y riesgo de la población en estas zonas.

“Como resultados se tiene un total de 526 personas beneficiadas en actividades de gestión del riesgo lideradas por el Consejo Local de Gestión del Riesgo y Cambio Climático”, aseguró para esta investigación la alcaldesa local Piñeros.

Así mismo, durante el 2024 se capturaron en toda la ciudad 58 individuos por el delito de urbanización ilegal, principalmente en Ciudad Bolívar, Usme y Usaquén, localidades que registran el mayor número de puntos con alto riesgo de deslizamiento del total de 272 que existen en toda la ciudad, de acuerdo con datos de la Alcaldía de Bogotá.

Desde Brisas del Volador, los vecinos solicitan que las instituciones intervengan integralmente estos barrios entendiendo que quienes habitan en su mayoría los asentamientos informales son personas excluidas del acceso formal a la vivienda. “No solo es que vengan a desmontar casas, sino que tengan en cuenta que eso provoca que las personas se queden muchas veces en la calle”, recalca Ana Benilda Parada, líder del barrio.

En el Plan Distrital de Desarrollo para esta administración se contempla como una de las estrategias principales para la población en riesgo reasentar 3.200 hogares. El llamado de la comunidad es a proteger y acompañar constantemente a esas personas, para que el reasentamiento sea la solución definitiva en los casos no mitigables.

Cada año ocurre al menos una emergencia por deslizamiento en Brisas del Volador. Por cuenta del cambio climático, Bogotá sufre temporadas de lluvia cada vez más agresivas, como la ocurrida en los últimos meses de 2024 en la que en un solo día (7 de noviembre) llovió lo equivalente a las precipitaciones de un mes entero, según señaló en su momento la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Tan solo este año, en el que las lluvias se han prolongado incluso en los meses de sequía, se registran hasta 77 emergencias en 24 horas, con semanas en las que se presentan en promedio cuatro deslizamientos de tierra, de acuerdo con la Secretaría de Ambiente, sobre todo en zonas de alto riesgo como Brisas del Volador.

Estas temporadas invernales vuelven a poner la lupa sobre la falta de respuesta institucional a una intervención profunda orientada a estas poblaciones que, aunque reconocen que están en un lugar en riesgo, les prima el afán de conseguir un techo para sus familias.

"Hay que insistir en eso: los sectores sociales, como los de Brisas del Volador, que están expuestos al riesgo, son en su mayoría pobres y terminan autoconstruyendo su hogar donde pueden o donde por descarte les tocó. Lo último que se debe hacer en estos casos es recurrir al desalojo y, por el contrario, debería haber un reordenamiento del territorio cuya base sean los ecosistemas y la gente para evitar los despojos. Es costoso, sí, pero es una planificación que se debe asumir", concluye Gutiérrez

De hecho, ya van a ser casi 30 años desde que la misma Alcaldía alertó el riesgo en este barrio, pero mientras tanto la población que allí llega se ha multiplicado. Cada noche decenas de familias se acuestan a dormir sin saber si la montaña se va a rodar. Al día siguiente, las autoridades pueden llegar a informarles que deben desalojar, pero las personas regresan en silencio a su montaña arriesgando su vida, porque, dicen, no sienten garantías para acogerse a los tardados procesos institucionales.