Elías Reyes es un campesino desplazado por el conflicto armado en Santander que, como muchos otros, llegó a Bogotá con sus tres hijos buscando un techo para vivir. Duró varios años pasando la noche en hoteles y paga diarios del centro de la ciudad hasta que, hace 32 años, llegó a Ciudad Bolívar, la segunda localidad que más víctimas del conflicto recibe.
Su lugar de destino fue Brisas del Volador, un barrio ubicado en la parte alta de la localidad, donde muchas personas, ante la inmensa dificultad de tener vivienda propia en Bogotá, construyeron sus primeros hogares en medio de los cerros, en la periferia de la ciudad.
Él hace parte de la gran cantidad de bogotanos que vive en las montañas. Sin discriminar entre pobres o ricos, los cerros han sido testigo de diferentes formas de vida. Mientras que en algunos sectores de Chapinero o Usaquén se han construido barrios perfectamente planeados que, a pesar de estar en estos terrenos empinados, cuentan con fácil acceso a hospitales, colegios, universidades y centros culturales, en la otra mitad de la ciudad pasa lo contrario.
Brisas del Volador, en el sur de la capital, muestra que habitar los cerros es una experiencia que depende de las condiciones sociales.
Al recorrer el trayecto de más de 40 minutos desde el Portal Tunal, en la vía hacia Alpes o Paraíso, el paisaje más recurrente son las pequeñas casas construidas sobre la ladera de una montaña deteriorada por las labores de explotación y extracción de minerales.
Pero más allá de explicar que estos barrios se encuentran lejos del acceso a los tan centralizados servicios de la ciudad, su mayor agravante resulta ser el inminente riesgo en el que sus habitantes viven de sufrir estragos por el deslizamiento de tierra en la montaña. Así lo explica Miriam Benavides, quien como Reyes, también es habitante del barrio desde sus inicios. “Aquí ya llevamos conviviendo con los deslizamientos desde hace años”, comenta.
Para un barrio con mejores condiciones sociales, construido en un cerro de otra localidad, quizá este no sea un problema, pues su planeación se realizó con medidas contra el deslizamiento de la montaña, normas antisísmicas o planes de contingencia climática. Pero en Brisas del Volador, es un riesgo de todos los días.
Juan Carlos Gutiérrez, antropólogo y especialista en Instrumentos de Ordenamiento Urbano Regional, asegura que la problemática que se vive en zonas como Brisas del Volador está permeada por el factor social. "Los desastres son todo menos naturales. Efectivamente, están asociados a la naturaleza, pero esa clase de fenómenos están más relacionados con la vulnerabilidad y exposición de comunidades pobres asentadas en zonas de alto riesgo que están allí por sus diferentes condiciones socioeconómicas, muchas veces porque les tocó", recalca el experto.
En este reportaje multimedia se exploran las historias de habitantes de este barrio del sur de Bogotá, quienes cuentan la forma en que el riesgo acecha sus vidas. En medio de múltiples vulnerabilidades sociales, necesidades básicas insatisfechas y políticas de desalojo, deben migrar hacia otros lugares, porque sus viviendas, construidas con lo que tuvieron a la mano y en el lugar en que pudieron, no representan refugio alguno frente a un desastre natural.
Este fenómeno es conocido como migración o desplazamiento forzado por razones climáticas. Según el Informe Global sobre Desplazamiento Interno, en 2024 hubo 83,4 millones de desplazados internos en el mundo, de los cuales 9,8 millones fueron por desastres naturales. Frente a 2024, esta cifra creció un 29 % y los eventos que más obligaron a las personas a abandonar su hogar fueron las tormentas, las inundaciones, los incendios y los deslizamientos de tierra, de acuerdo con el documento.
"Los países con niveles de renta baja y media continuaron llevando la peor parte en los impactos a causa de desplazamientos por desastres, y las comunidades vulnerables resultaron desigualmente afectadas", explica el informe. En Colombia, la Defensoría del Pueblo señala que entre enero de 1998 y diciembre de 2021 se habían registrado en el país 21,5 millones de personas afectadas, 3.690 fallecidos, 675 desaparecidos y 6.173 heridos como consecuencia de desastres naturales. Los deslizamientos de tierra cobraron la vida de 1.928 personas.
Quienes más están expuestos a este fenómeno, como lo señala el informe mundial, son comunidades vulnerables que en algunos casos han construido sus viviendas informalmente en la periferia de la ciudad y están expuestas a que un desastre, provocado por las crecientes lluvias, termine destruyendo su hogar y obligándolas a escapar hacia otras zonas. De manera preventiva, las autoridades en Bogotá han optado en muchos casos por desalojar, incluso violentamente, a las familias que habitan en estos polígonos de alto riesgo en la ciudad antes de que la montaña en la que viven se desprenda y la avalancha se lleve todo a su paso.
Expertos y entidades distritales explican en este reportaje esas políticas de atención, cuestionando de manera común que la informalidad en la vivienda es un riesgo latente que se debe atacar. Los relatos y los registros históricos evidencian cómo por años este problema se ha ignorado y ha derivado en la migración de estas poblaciones, un fenómeno cada vez creciente en las grandes ciudades del mundo.