Era un 16 de diciembre de 2010, Yuri Niño estaba celebrando con su familia mientras que bebía un par de cervezas cerca a su casa. La incertidumbre de la llegada de su pareja le impedía disfrutar del todo el momento junto a sus familiares, le generaba angustia, miedo y ansiedad. Tanta era la inquietud que le pidió a su cuñado que la acompañara a la casa, en un intento a anticiparse a una reacción violenta de su esposo, como las que solía tener luego de desaparecer por semanas. Sin embargo, él ya estaba en casa.
No sabía cuánto tiempo había pasado, cuando se despertó en la cama del Hospital San Juan de Dios, el último recuerdo en su mente era el sonido de los vidrios quebrándose y el grito de su hija pidiendo ayuda. El dolor era insoportable, su cuerpo estaba totalmente vendado, las quemaduras eran tan graves que incluso tenía que alimentarse a través de una sonda.
Allí le brindaron la atención inicial, como lo establece la ley, pero ante la falta de equipo especializado debía ser remitida al Hospital Simón Bolívar, la unidad de quemados más grande del país. Sin embargo, el aumento de casos por las fiestas decembrinas fue un obstáculo para su atención, por lo que fue trasladada a la Clínica San Carlos donde fue hospitalizada cerca de cuatro meses para empezar su reconstrucción y controlar los daños causados por las quemaduras.
Pero ¿qué tan eficiente es el sistema de salud nacional a la hora de tratar a las pacientes sobrevivientes de quemaduras? Si bien existen por ley mecanismos para atender a las víctimas de estos hechos, en Colombia la realidad es muy distinta, el sistema tiene una brecha muy grande de cobertura y atención a las mujeres dada por desigualdades sociales, económicas y geográficas.
Pero ¿qué tan eficiente es el sistema de salud nacional a la hora de tratar a las pacientes sobrevivientes de quemaduras? Si bien existen por ley mecanismos para atender a las víctimas de estos hechos, en Colombia la realidad es muy distinta, el sistema tiene una brecha muy grande de cobertura y atención a las mujeres dada por desigualdades sociales, económicas y geográficas.
Seis años después de su ataque, el congreso legisló para proteger a las sobrevivientes, por la presión del caso de Natalia Ponce de León, una joven bogotana quién fue quemada con ácido por su expareja. Antes a las víctimas, como Yuri, se les salvaba la vida, pero los procedimientos posteriores eran considerados cirugías estéticas. Esto impedía que muchas personas sin recursos accedieran a tratamientos, dejándolas con daños profundos e irreversibles. Los expertos afirman que, si Yuri continuaba su recuperación a través del sistema de salud, hubiera tenido obstáculos como: negación de cirugías de reconstrucción, falta de tratamiento psicológico, vulneración de derechos individuales y revictimización constante ante la reclamación de sus derechos.
Aunque Colombia ha avanzado mucho a nivel legislativo para proteger el derecho a la salud de sobrevivientes de quemaduras a través de diversas leyes, sentencias y resoluciones como la de 1994, la resolución 5261. Sin embargo, en la práctica existe un vacío sistemático en el cumplimiento de estos mecanismos (vea a continuación la línea de tiempo).
Para Linda Guerrero, cirujana plástica, directora de la Fundación del Quemado y exdirectora del pabellón de quemados del Hospital Simón Bolívar, el sistema de salud nacional no brinda una rehabilitación integral adecuada para los sobrevivientes. Según datos del Ministerio de Salud, solo existen 13 unidades de quemados en todo el país, concentradas principalmente en Bogotá, que tiene cuatro, y otras capitales principales, lo que implica una brecha en la atención de las pacientes que sobreviven a este tipo de episodios.
Debido a la ineficacia del sistema de salud, fundaciones privadas han tenido que intervenir para llenar los vacíos. En el caso de Yuri la atención básica fue brindada por una institución pública de salud, el resto de su tratamiento se ha dado en la Fundación del Quemado, el seguimiento de sus cirugías nunca se ha dado desde la EPS.
Mientras que el sistema demora meses en procesos administrativos, entidades como la Fundación del Quemado pueden otorgar citas en menos de 24 a 48 horas y subsidiar tratamientos para poblaciones vulnerables que no tienen acceso a servicios mínimos: “La fundación me ayudó no sólo con las cirugías sino también con el tratamiento psicológico, mío y de mis hijos. También me apoyaron con mercados cuando lo necesité y siempre estaré agradecida por lo especiales que han sido”, cuenta Yuri.
La caracterización de casos de sobrevivientes de quemaduras, centrada en Bogotá de la Revista Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva establece que la mayoría de los episodios se presentan en mujeres y niños de estratos 1 y 2, lo que implica que existe una brecha no solo en la atención médica sino también en condiciones de vida que no impliquen un riesgo para la población: “Los pacientes de zonas alejadas quedan en un estado de absoluto abandono, y en parte a eso se deben sus quemaduras, tras el tratamiento inicial también enfrentan obstáculos. Muchos pacientes nunca reciben controles post-operatorios, lo que deriva en secuelas físicas graves”, explicó Guerrero.
Una de las fallas más críticas del sistema tanto en las entidades prestadoras de salud como en las instituciones prestadoras de Salud es la clasificación de los procedimientos reconstructivos post-hospitalización en el rostro como "estéticos". Esta visión ignora que la función principal de la cara es el relacionamiento social. Según la Revista Latinoaméricana de ciencias sociales y humanidades el 65% de las pacientes con cicatrices faciales desarrollan conductas de aislamiento social debido al temor extremo al juicio y la mirada del otro.
Al negar estas cirugías, el sistema bloquea la capacidad de la sobreviviente para reintegrarse a su entorno laboral y social, lo que genera situaciones de aislamiento y rechazo en espacios públicos. Esto afecta principalmente a las mujeres sobrevivientes de quemaduras, ya que impone una barrera para que puedan sentirse cómodas con su apariencia, lo que las revictimiza reproduciendo dinámicas de violencia estética.
Para Silvia Rivera doctora en psicología y ciencias de la educación de la Universidad de Lovaina, existe una revictimización de las pacientes debido a que la piel es una superficie de encuentro con otras personas y el entorno. En este sentido, si los sistemas de salud reducen las reconstrucciones a términos de vanidad, invalidan el sufrimiento de las víctimas y desconocen la integridad de las pacientes: “La violencia hace creer a las mujeres que sus cuerpos están mal, y entonces las pacientes perciben su cicatriz no solo como una herida, sino como un signo de desviación irremediable frente a la norma estética” explica Rivera.
Luego de una quemadura las pacientes deben pasar por decenas de cirugías. La respuesta inicial ocurre en las primeras 48 horas con la estabilización hemodinámica y el control del daño, seguida de una fase hospitalaria que se extiende de 1 a 4 meses dependiendo de la gravedad y la necesidad de desbridamientos e injertos. Una vez cerrada la herida, inicia el periodo de formación y maduración de la cicatriz, que dura entre 6 meses y 2 años, tiempo durante el cual es obligatorio el uso de fisioterapia constante para evitar deformidades. Finalmente, el proceso de adaptación psicosocial y las cirugías reconstructivas de revisión pueden prolongarse más de 2 años o incluso décadas. Vea a continuación la infografía.
Cuando Yuri fue quemada, la reacción instintiva de sus hijos fue llevarla hacia la ducha, un acto que permitió que su recuperación fuera exitosa: “Al aplicar agua, se enfría y detiene la onda de calor, se disminuye la profundización, el agua ayuda a limpiar. Nuestro consejo es cualquier quemadura aplicar agua fría por lo menos por media hora”, afirma la doctora Linda Guerrero.
Fueron aproximadamente cuatro meses de recuperación con asistencia médica en los que Yuri fue recobrando la movilidad poco a poco: “Mi única motivación eran mis hijos”. En ese momento, no tenía un trabajo estable, el tiempo se detuvo para Yuri, pero no para el dueño de la casa que cobraba el arriendo, no para sus hijos que no tenían a nadie más que a ella. Por eso incluso cuando su cuerpo no estaba preparado, y sus heridas estaban lejos de sanar, Yuri se encaminó en la búsqueda de trabajo y sacar a sus cuatro hijos adelante.