Inicio El porqué Lo diferente Mujer y cuerpo

El porqué de los gimnasios femeninos

Sol Barbosa recuerda su trabajo en Curves, un gimnasio exclusivo para mujeres. Ella lo describe como un espacio libre: “No importa si me voy con esta camisa sucia, no tengo que mostrar nada, no tengo que aparentar, no tengo que mostrarme de alguna manera para que el entrenador me ponga cuidado”.

Barbosa es bailarina profesional y profesora de danza. Ella dirige Enguarichadas, una colectiva feminista. Para ella, los gimnasios femeninos son espacios donde las mujeres no van solo a ejercitarse, sino donde pueden establecer conexiones entre ellas y enfocar el trabajo de su cuerpo en lo que necesitan.

Ella compara esta experiencia con la que tuvo cuando asistió a un gimnasio mixto. “El entrenador era solamente coqueteándole a todas las chicas que entraban ahí, entonces era súper incómodo porque uno le quería preguntar algo y solo tenía esa actitud”, cuenta.

DESLIZA

En este contexto, los gimnasios exclusivos para mujeres y los espacios delimitados para ellas, en los gimnasios convencionales, se han convertido en una alternativa para que ellas puedan entrenar en espacios seguros, libres de acoso.

Paola Ureña es abogada, activista y defensora de los derechos de las mujeres. Ella explica que las situaciones de acoso, violencia y discriminación son las que han impulsado el surgimiento de estos espacios de entrenamiento, pues son una forma que encuentran las mujeres para no convivir con posibles agresores.

“Es muy frecuente encontrar a victimarios que hacen que, dentro de nuestros propios espacios, en donde salimos a hacer deporte, no podamos llevarlo a cabo porque tenemos miradas encima”, comenta Ureña.

Esa fue la experiencia de Alejandra*, quien, por una situación de acoso, dejó de ir al gimnasio. A principio de 2025, ella iba con su cuñada, pero el dueño del gimnasio se les acercaba y las grababa sin su consentimiento mientras hacían ejercicios. Inicialmente, ellas creían que era para promocionar el espacio. Sin embargo, nunca vieron los videos en las redes sociales. Esto las hizo sentir incómodas, así que empezaron a evitarlo y a ejercitarse con la entrenadora, aunque él seguía buscándolas.

Un día, Alejandra fue a entrenar sola. El gimnasio estaba casi vacío y ella hizo ejercicios en las máquinas de abductores. En ese momento, el dueño se acercó a ella, se ubicó en frente y sacó el celular simulando que estaba grabando un audio. Desde ahí, tras la incomodidad que le causó la situación dejó de ir al gimnasio. “Yo ese día llevé un short, no la pensé”. Esto refleja cómo las situaciones de acoso hacen que las mujeres no puedan hacer ejercicio como ellas se sienten cómodas, así como explica Ureña.

Si quiere ver la foto del gimnasio haga clic aquí

Para Barbosa, históricamente, las mujeres han tenido que buscar espacios exclusivos y los que existen han sido otorgados, es decir, el resultado de una lucha para adquirir derechos. “Nosotras natamente no hemos podido tener un espacio, adecuan los de los hombres para nosotras o tiene que ser una petición”, opina la activista.

Para ella, los espacios exclusivos en los gimnasios mixtos son una iniciativa positiva en pro de la seguridad de las mujeres, pero también dejan en evidencia la gravedad del acoso y la violencia de género: “Me conflictúa tener que llegar a estos puntos por la sociedad en la que estamos, que una mujer no pueda convivir con un hombre en espacios tan cotidianos. Es fuerte que en un mundo donde habitamos hombres y mujeres tengamos que recurrir a lugares exclusivos para nosotras”.

De acuerdo con la Alcaldía de Bogotá, en 2022 y 2023 la Veeduría Distrital realizó dos encuestas sobre el acoso sexual callejero. Los resultados demuestran que siete de cada 10 mujeres se sienten inseguras al transitar por las calles y espacios públicos de la ciudad. Adicionalmente, cada ocho de cada 10 han experimentado una situación de acoso sexual callejero en algún momento de su vida.

DESLIZA

Resignificar el cuerpo de la mujer

Ureña opina que el cuerpo de la mujer está muy sexualizado, no solo en los gimnasios convencionales, sino en general. Esta situación hace que se intimiden, duden al momento de escoger una prenda y se sientan incómodas, inseguras y acosadas en un espacio que puede parecer seguro como los gimnasios convencionales.

En este contexto, para Ureña, los gimnasios femeninos se convierten en “espacios de confianza, libertad y seguridad donde nos sentimos seguras”. Además, son una oportunidad de crear círculos de sororidad y respeto.

Para Barbosa, los espacios exclusivos no solo se tratan de excluir a los hombres, sino que surgen porque los espacios entre mujeres son muy importantes. Los espacios de entrenamiento para ellas les pueden ayudar a sentirse más seguras con su autoestima frente al cuerpo: “no estamos pensando en que entramos al gimnasio para hacer un producto para el hombre, sino entramos al gimnasio porque queremos estar, vernos y sentirnos bien con nosotras mismas y con nuestros cuerpos”.

*El nombre fue cambiado para proteger la identidad de la fuente.