Museo a cielo abierto: el valor artístico y social de la obra de Jorge Olave
Jorge Olave fue un artista social, todas sus creaciones estaban ligadas a problemáticas sociales e involucraban a las personas. Según Sebastián Acosta, el escultor no realizó sus obras pensando en su autoría, pues nunca buscó el reconocimiento ni la fama. Es por esto que las esculturas no están en galerías y hay pocas distinciones oficiales a su trabajo, la labor de Olave más que artística, fue primordialmente humana y social.
El escultor siempre estuvo en contra de la monumentalización de los grandes próceres, quienes buscan ser eternos. “Entre más rápido desaparezcan se siente que esas personas se van yendo del lugar”, dice Acosta, que también explica que el problema de que permanezcan allí por mucho tiempo es que los discursos que estos personajes representan se mantienen inmóviles durante años y se le da validez a sus ideologías incluso en épocas completamente diferentes. Es por esto que Olave decidió esculpir personas del común que también podían tener historias y labores valiosas, pero que tarde o temprano podían desaparecer.
Las personas representadas son habitantes que estaban comprometidos con la obra, no eran los más reconocidos del barrio, sino personas que dentro del proceso artístico podían aportar algo a la sociedad sin importar la jerarquía social. “Él encontraba en las personas de bajos recursos un valor social muy transformador, buscaba formar redes; se supone que cada uno de nosotros es un pincel y puede ser parte de una gran obra, pero ni siquiera lo hemos pensado porque estamos muy individualizados”, cuenta el periodista.
El artista puso las esculturas encima de los tejados en algunas de las casas de La Candelaria, en vez de en el suelo o en lugares como el centro o las plazas sencillamente exhibidas; Olave prefería que estuvieran en lugares donde se realizaban las diferentes actividades de las personas del común como la zapatería, carpintería, hogares, entre otros. Sebastián manifiesta que el escultor enfatizaba en que “cada persona se merece su monumento en el lugar que trabaja”. Jorge Olave también dijo en vida que sus obras eran parte de un ‘museo a cielo abierto’, pues cuando las obras se encierran para ser expuestas en ciertos espacios, se limita al público y se vuelve excesivamente institucional.
El periodista también asegura que por La Candelaria era sorprendente ver cómo las personas no sabían quién era él, pero sí sabían la historia de los monumentos, pues la gente incluso, por ganar dinero con los extranjeros, se inventaba diferentes historias de cada una de las esculturas. “Era un tour obligado en La Candelaria, no solo mirar la arquitectura colonial, sino el misterio de los monumentos”, dice Acosta.
El artista, junto con la comunidad, realizó diferentes obras, además de las 33 esculturas. Entre ellas, murales en varias calles de Bogotá, también el proyecto ‘Pintura Cinética Mural’ en el que gracias a voluntarios y propietarios, convirtió en un espacio de arte cientos de casas de la localidad de Ciudad Bolívar.
Olave también realizó el graffiti llamado ‘La Sombra del Poeta’ en homenaje al centenario de José Asunción Silva, quien fue uno de los poetas colombianos más reconocidos del siglo XIX. Con esta misma imagen del graffiti, el artista realizó una escultura de metal que donó a la Fundación Gilberto Alzate Avendaño donde, como relata Sergio Jiménez, cuentan con tres obras, las dos esculturas mencionadas anteriormente, ‘La muñeca del balcón’ y ‘La sombra del poeta’, y una pintura que fue expuesta por la participación de Olave en una de las salas de exhibición.
En su momento, cuando las esculturas comenzaron a ubicarse por toda La Candelaria y mientras estuvieron intactas, tuvieron un gran impacto en las personas. Así lo recuerda Ana María Alzate, exdirectora de la Fundación que lleva el nombre de su padre,“a la gente le encantó, se convirtió en algo representativo del barrio, el equivalente a los graffitis e intervenciones murales que hoy ocupan este lugar de recordación”.
El arte de Jorge Olave era principalmente participativo, como señala Alzate, porque su forma de trabajar involucraba directamente a las personas, lo que rompía la barrera entre el artista y el espectador, al invitar a la gente del común a crear con él las esculturas. “No recuerdo si fue en Ciudad Bolívar u otro barrio popular de Bogotá, se organizó con la gente para que se pintaran las escalinatas, las fachadas, en fin... siempre tuvo interés en que la gente actuara con él y un gran amor por La Candelaria y por la capital”.
