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Como Olave, su obra y su memoria ¿morirán?

Algunas de las estatuas han sido acogidas por los habitantes de la localidad, quienes de vez en cuando las pintan, para mantener su característico color verde y tratan de preservarlas. Sin embargo, no hay alguna entidad oficial que se haya hecho cargo de ellas hasta ahora.

El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural -IDPC- es la entidad encargada de proteger, intervenir y conservar las obras que han sido declaradas patrimonio en Bogotá. Hasta la fecha, se han intervenido 202 monumentos ubicados en diferentes zonas de la ciudad. Según Nubia Velasco, funcionaria del área de comunicaciones de la Subdirección de Divulgación y Apropiación del Patrimonio del IDPC, solo una de las 33 esculturas hace parte del inventario de la entidad: El malabarista, ubicada justo sobre el arco de la plazoleta del Chorro de Quevedo, y la última valoración que se le realizó fue en 2013. La representante del Instituto explica que tampoco tiene conocimiento de quién o quiénes son las personas o instituciones que se encuentran a cargo de las esculturas.

A la pregunta sobre si la Institución ha implementado iniciativas para proteger las esculturas de Olave, Velasco respondió que el IDPC tiene varios programas creados con el fin de conservar los monumentos en Bogotá, por ejemplo la iniciativa de Adopta un monumento o las Brigadas de atención a monumentos, pero las estatuas de Olave no han sido tenidas en cuenta para alguno de estos procesos.

Según información de El Espectador, años después de su establecimiento, algunas de las estatuas fueron retiradas de varias construcciones porque, según la Alcaldía local, no contaban con permisos para estar instauradas allí. Luego de haber quitado la mayoría, en el año 2005 la entidad invirtió 20 millones de pesos con el fin de reubicar las esculturas de Olave. El proyecto se quedó corto e incompleto: se empezó por ubicar diez, de las cuales ocho se supone que quedaron en los techos (aunque la autoridad no tiene información sobre cuáles fueron exactamente), y dos más quedaron en espera y terminaron por ser instaladas en el parqueadero de la Alcaldía.

Sobre las figuras que se quedaron en el parqueadero, Acosta dice que “esa fue la visión errada del alcalde de ese momento, quisieron vanagloriar esas obras y eso al final termina en acumulación. Jorge no hubiera querido acumular sino procesar esas estatuas, porque cuando el arte se acumula lo único que se hace es que los discursos que contiene sigan ahí, inmóviles en el tiempo. Si él hubiera querido que las preservaran, tal vez que lo hubieran hecho las personas o gente comprometida con el discurso que contenían”.

En cuanto a la estatua del malabarista, Nubia Velasco señala que surgió gracias al proyecto de Jorge Olave, “quien decidió crear una ‘exposición permanente’ financiada por el propio artista e inspirada en personajes reales del barrio o en historias verídicas”. Sin embargo, el IDPC no brindó datos como la fecha de acogida de la escultura. La Alcaldía de La Candelaria, en una nota de prensa de julio de 2017, señaló que junto a la restauración y arreglos que se realizaron en la plazoleta del Chorro de Quevedo, al malabarista se le realizó un “mantenimiento de protección”.

Dentro de la colección de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño -FUGA-, cuya sede se encuentra en La Candelaria, que comprende de 350 a 380 obras, se encuentra una de las esculturas de Olave: una muñeca, que hasta hace año y medio se encontraba en uno de los balcones de la sede principal, como lo asegura Sergio Jiménez, director de las salas de exposición de FUGA. “Yo mismo la había restaurado superficialmente, es decir, la limpié y retoqué su pintura para conservar vivo su color verde, pero las palomas y el estar a la intemperie ya la tenían muy afectada y cuando se estaba retirando del balcón para que entrara en proceso de restauración, se partió”, cuenta el director, explicando la razón por la que la escultura fue temporalmente removida del balcón.

Por cuenta propia, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño decidió hacerse cargo de la conservación de la estatua que reposaba sobre su estructura. El proceso que conlleva la restauración de una obra de esta colección pública del Distrito, es decir, en este caso, para que la muñeca pueda volver a figurar en el ‘museo de cielo abierto’, es necesario un “estudio de quiénes pueden ser los restauradores, que envíen propuestas y estudiar la viabilidad, ver si nosotros con los recursos podemos cubrirlo; todo un proceso administrativo, legal y jurídico”, explicó Jiménez.

El material perecedero con el que se esculpió esta obra, junto a la escasa cantidad de estatuas en manos de entidades que pudieran rescatar su legado generan incertidumbre sobre su memoria. Como comenta la ex directora de FUGA, Ana Maria Alzate, el lugar donde se encontraba el taller del artista, que luego de su muerte quedó en manos de su familia, intentó reactivarse en un momento con la venta de camisetas con mensajes alegóricos al espíritu “antisistema” del trabajo de Olave, pero ahora, no se tiene información de la propiedad ni de lo sucedido con el resto de su obra.