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Esculpiendo la memoria colectiva

La pescadora, el zapatero, los albañiles, el ejecutivo, el malabarista y la tendera hacen parte de los 33 personajes que Jorge Olave inmortalizó en estatuas. En vida, el artista declaró en un documento al Instituto Distrital de Patrimonio Cultural que las esculturas “fueron concebidas desde un primer momento como un monumento a la gente común, a los anónimos del barrio, en un intento de integración y de involucrar a los ciudadanos que existen y tienen su propia historia”. El escultor fue asesinado en el año 2013 y a los dos días, fue encontrado por su hija Laura en su taller. El legado a través de su obra pertenece a los habitantes de La Candelaria, quienes se han apropiado de las estatuas y sus historias.

Olave viajó a Nueva York en 1975, ciudad en la que vivió varios años. Durante esa época, el escultor se dio cuenta de que la prioridad de la mayoría de los artistas más reconocidos era siempre destacar, marcar y poner sus obras en exhibición para que fueran apreciadas. Sebastian Acosta, periodista que trabajó con Olave durante dos años, recuerda los años que vivió el artista en Estados Unidos y asegura que allí, descubrió que el valor del arte no estaba en cuánto se podía vender o cuánto reconocimiento podía obtener su creador, sino en la capacidad de involucrar a las personas en los procesos artísticos.

Así, Jorge Olave regresó a Bogotá decidido a embarcarse en proyectos con los habitantes e inició el proceso de construcción de las estatuas. Según Acosta, todos los personajes fueron allí retratados porque aportaron voluntariamente al proceso creativo. Los moldes fueron realizados en cada uno de los anónimos del barrio que sirvieron como modelos y cubrían completo el rostro y el cuerpo. Las estatuas están elaboradas a partir de resinas sintéticas y fibra de vidrio; materiales que permiten trabajar con una buena calidad de detalles, a un costo más bajo, conservar los moldes y hacer monumentos más livianos, lo que facilita su traslado y limpieza. Sin embargo, las estatuas son huecas por dentro y esto, sumado a la fragilidad de los materiales, para nada facilitan la conservación del monumento.

De hecho, como menciona el periodista, la intención de Olave nunca fue iniciar procesos oficiales de conservación de las estatuas, sino que las personas se apropiaran tanto de ellas que decidieran mantenerlas en buen estado por cuenta propia o que, como es el curso natural de las cosas y de las personas, estas desaparecieran.

Para ubicarlas, el artista reunió un grupo de trabajadores que se adentraron en casas y talleres de La Candelaria, dialogaron con los propietarios e instalaron la escultura en el lugar. Olga Díaz, dueña de la vidriería y marquetería ‘La Candelaria’, esquina sobre la que reposa El zapatero, recuerda claramente a Jorge Olave y el día en que llegó, le contó de su proyecto y ella accedió a acoger a una de las esculturas sobre su techo, aunque hoy no está muy segura de a qué persona real representó allí el artista.

Cabe decir que aunque las estatuas están inspiradas en personas reales, es poca la información que hay sobre ellas, pues era un trabajo que realizaba solamente Olave y del que no hay mucho registro. Sebastián Acosta asegura que las personas que habitan en la localidad se han apropiado de las esculturas creando nuevas historias, y así le dieron forma a una ficción de la obra sin necesidad de un discurso oficial, tal como hubiera querido Olave.


La Candelaria es uno de los espacios artísticos con mayor riqueza en el país. Cada año allí se realizan diferentes ferias y eventos alrededor del arte como Barcú, Odeón Intensivo y el Salón Nacional de Artistas. Según la Alcaldía de Bogotá, en el año 2019, La Candelaria logró que su Centro Histórico se convirtiera en la primera Área Turística Sostenible del país. El paisaje urbano, conformado por casas y estructuras coloniales, graffitis, pinturas y esculturas, tanto como las de Olave como de los demás artistas, son varios de los principales atractivos turísticos de la capital.

A pesar de esto, actualmente no existe un reporte oficial en el que se expliquen las condiciones en las que se encuentra cada una de las 33 esculturas o los procesos de intervención que se les hayan realizado. Sin embargo, los habitantes de la Candelaria aseguran que aún se encuentran 10 en toda la localidad, exceptuando dos que están ubicadas tras las rejas del parqueadero de la Alcaldía de La Candelaria.