Al llegar a Lejanías, en Vista Hermosa, Salomón Ibarra, periodista comunitario cuenta que las persecuciones se detuvieron puesto que está no es una zona en la que los agentes del Estado ingresen fácilmente. Sin embargo, se enfrentaron ante dos problemáticas aquí. La primera, es que en esta vereda en la que habitan hace más de treinta años, no hay nada que asegure la posesión del inmueble o lugar que se encuentran, sino que poseen un documento de compraventa que les dio el anterior residente.
En este caserío no hay ninguna persona con un documento legal ante el Estado que asegure la posesión de la tierra en la que habita, ya que los baldíos rurales son predios de la nación. Adriana Patricia Fuentes, abogada y especialista en ambiente y desarrollo rural, en un informe comentó que el país carece de inventarios completos y actualizados sobre la situación de la tenencia de la tierra en zonas rurales, y por eso no se tiene información de los derechos de propiedad sobre la tierra en las áreas de parques. Por su parte, según un informe dado en el año 2017 por la Contraloría General de la República se estima que el 87% de la tenencia de la tierra en parques es informal. Es decir, pase tantos años habitando este lugar, no van a tener un documento de propiedad.
Mery Quintero, una de las periodistas comunitarias de Voces del Guayabero, señala que las autoridades han destruido cultivos, han contaminado la tierra con la fumigación, han confiscado bienes y además que algunos líderes comunitarios, han sido detenidos al intentar proteger a su comunidad del desalojo que el Estado está buscando.
La segunda problemática es que, ante la normativa del Parque, el acceso a servicios como la energía eléctrica también está limitado y esto afecta sus posibilidades de conexión. Para acceder a internet, los residentes deben comprar pines de conectividad que les permiten tener internet durante un tiempo limitado. Las tarifas de estos pines varían entre 2 mil y 10 mil pesos dependiendo de la cantidad de horas.
Esta precariedad tecnológica representa enormes dificultades al momento de difundir su información, especialmente para quienes hacen parte de los medios comunitarios en la región.
“Sí, claro, porque pues no contamos por lo menos la parte donde nosotros vivimos no contamos con señal, ni una Internet permanente, ahí para para coger internet nos toca comprar por medio de pines de wifi por ahí y eso es muy pésimo, tiene que estar muy de buenas para encontrar un rato que esté bueno el internet para poder realizar estos trabajos”, afirmó Salomón Ibarra.
Por otra parte, ‘Mincho’, fundador de Voces del Guayabero, aseguró que la limitada calidad del servicio de internet afecta directamente su capacidad para realizar su trabajo periodístico, ya que antes de contar con conexión en Nueva Colombia, debían trasladarse a Puerto Nuevo, otro caserío en Vista Hermosa para publicar el contenido en línea, el costo de este traslado equivale a 100 mil pesos colombianos.
Eliana Camargo, cofundadora de Más por Tic, emprendimiento que lleva la tecnología y uso de diversos canales de participación a sectores como el agro, comentó que el principal obstáculo para tener conectividad en zonas rurales, es la falta de recursos que el Estado propicia. “Colombia no tiene una red consolidada de telecomunicaciones”, aseguró, “por esto los actores privados como Tigo, Claro, etc, deben actuar y lo han venido haciendo”. Otra causa por la que no se tiene una red de conectividad integra en estas zonas, es por el desconocimiento de oportunidades, menciona Camargo.
¿Cómo difunden la información en un lugar sin conectividad?
El medio “Cuarto Mosquetero”, liderado por Lina Álvarez, ha desempeñado un rol fundamental en la consolidación de Voces del Guayabero, brindando talleres de formación en periodismo para la comunidad local.
Periodistas de Voces del Guayabero participan en las capacitaciones del Cuarto Mosquetero
Créditos: María Paula Montañez y Sebastián Montes
Los periodistas comunitarios se capacitan en diversas áreas como fotografía, redacción y edición, lo que les permite producir y publicar contenido de manera autónoma. “Pues legalmente hemos sido reconocidos por otro medio como es el Cuarto Mosquetero que son los que nos han brindado las escuelas para nuestra formación. Entonces, pues no ha sido por parte de ellos, se nos va a facilitado un poco sobrepasando tantas dificultades que se nos presentan en nuestros territorios como discriminación…”, aseguró ‘Mincho’.
Actualmente, Voces del Guayabero difunde su trabajo principalmente a través de su página de Facebook, aunque están en proceso de ampliar su presencia en otras redes sociales. A pesar de la llegada del internet en 2020 mediante un proyecto del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), la conectividad sigue siendo limitada y costosa, lo que representa un obstáculo significativo para la labor periodística en la región.
A estas dificultades técnicas se suma un contexto de riesgo constante para quienes ejercen el periodismo en territorios como el sur del Meta. “Las zonas como las del sur del Meta son muy complejas para ejercer el periodismo, en un Estado donde hay lógicas hegemónicas del uso del espacio con las armas”, menciona Emanuel Quiroga, periodista de la FLIP (Fundación para la Libertad de Prensa); en el 2023, el principal agresor de los periodistas fueron los funcionarios públicos, se tuvo una cifra de casos de agresión, es decir, cada tercer día del 2023 un funcionario público agredía a un periodista.
Como se ha mencionado anteriormente, la zona en la que reside Voces del Guayabero, tiene muchas problemáticas para informar. La conectividad, el territorio y la seguridad son problemas incesantes y reales para esta comunidad. En este contexto, Quiroga advierte: “Ignorar o no entender qué hacen los periodistas puede llevar a que los agredan, y el poder de intimidación de los actores públicos es muy grande”, finalizó Quiroga.
Por su parte, ‘Mincho’ informó que no es imposible hacer periodismo en esa zona del país pero que, a la vez, no es una tarea fácil, ya que la conectividad para ellos es limitada y costosa, teniendo en cuenta que dependen al 100% de las redes sociales para divulgar su información. A su vez, informaron que dicha situación a veces les desanima porque les toma mucho tiempo llevar acciones mínimas como subir un video a su página. “Cuando nosotros comenzamos aquí en Nueva Colombia no había internet. Nos tocaba pagar un transporte de aquí hasta Puerto Nuevo, que medio había un internet bueno para poder publicar”, respondió ‘Mincho’.
Esa precariedad tecnológica también implicaba un alto costo económico y logístico, lo que afectaba directamente la continuidad del trabajo periodístico.
“Ese transporte costaba 100 mil pesos ida y vuelta. Allá nos tocaba hacer todo, publicar lo de dos o tres días para no tener que bajar cada tres días. Porque si bajamos todos los días, pues, imagínense, 100 mil diarios a donde llegaba uno. Gracias a Dios ya hoy en día contamos con internet. Pues, no muy bueno, pero se cuenta con algo”, agregó.