El servicio de bicicletas compartidas de Tembici llegó a Colombia con la promesa de transformar la movilidad urbana y, al menos en los datos oficiales, parece cumplirla: en su página web exhibe una alta tasa de puntuación positiva por viaje, con un promedio de 4.4 desde enero a noviembre del 2025. Pero, esta imagen optimista contrasta con lo que ocurre en redes sociales.
En plataformas como X, Facebook e Instagram se multiplican los reclamos de usuarios que reportan fallas recurrentes como bicicletas dañadas, estaciones fuera de servicio, cobros inesperados y demoras en la atención al cliente. Estas denuncias, constantes y visibles, pintan un panorama más complejo del que sugieren las cifras oficiales.
La distancia entre la narrativa institucional y la experiencia cotidiana de los usuarios plantea preguntas sobre la calidad real del servicio y los mecanismos de control y respuesta. Hablamos con algunos usuarios del sistema y encontramos patrones recurrentes: costos elevados, reducción de estaciones y bicicletas sin partes por los hurtos al sistema.
La situación deja ver que el sistema de bicicletas compartidas está en un punto crítico. Entre el deterioro de la infraestructura, los cambios en los planes, la reducción de estaciones y los constantes reclamos de los usuarios, Tembici enfrenta un escenario que pone en jaque la continuidad y confiabilidad de su modelo en Bogotá. Mientras las cifras oficiales siguen dibujando un panorama favorable, la experiencia diaria de quienes dependen del servicio revela una realidad que exige respuestas urgentes y decisiones estructurales antes de que el sistema termine por desmoronarse.
A esto se suma un problema más profundo: la falta de una estrategia clara para frenar el deterioro y recuperar la confianza de los usuarios. Sin un plan que garantice mantenimiento oportuno, reposición de partes robadas, estabilidad tarifaria y comunicación transparente, el sistema no solo corre el riesgo de seguir perdiendo usuarios, sino de convertirse en otro proyecto de movilidad que se apaga lentamente. El reto no es menor: si Tembici no actúa a tiempo, Bogotá podría quedar sin una de las alternativas sostenibles más importantes que ha tenido en los últimos años.