Tembici, el sistema de bicicletas compartidas, se convirtió en la primera red de bicicletas compartidas de la Bogotá y una alternativa real frente al transporte motorizado. En una urbe marcada por los trancones, la contaminación y la falta de tiempo, el sistema ofreció una opción limpia, práctica y eficiente para trayectos cortos. En su primer año, registró más de un millón de viajes, una cifra que demostró que la bicicleta podía ser más que un vehículo recreativo: podía ser también una herramienta de movilidad cotidiana.
Su impacto en el transporte sostenible fue inmediato. Al reducir las emisiones y promover hábitos más responsables con el ambiente, Tembici se convirtió en un símbolo de cambio urbano. Muchos usuarios comenzaron a incorporar la bicicleta como parte de su rutina diaria, combinándola con otros medios como TransMilenio o el SITP. No obstante, la limitada cobertura del sistema, concentrada en el nororiente y centro de la ciudad, dejó por fuera amplias zonas del sur y el occidente, donde el acceso a alternativas sostenibles sigue siendo una deuda pendiente.
El sistema benefició principalmente a estudiantes, trabajadores y ciudadanos que necesitaban moverse de forma rápida y económica entre lugares cercanos. Para muchos, Tembici representó una solución accesible para la llamada “última milla”, ese tramo que separa las estaciones de transporte masivo de los destinos finales. Sin embargo, el aumento de las tarifas, tras la salida de patrocinadores clave como Itaú y Vanti, cambió la percepción del servicio: lo que comenzó siendo una opción asequible terminó costando más que un pasaje de TransMilenio. Esto redujo su competitividad y alejó a gran parte de sus usuarios habituales. Ahí el sistema de bicicletas compartidas empezó a debilitarse.
Expertos consultados para este reportaje preveen que la desaparición del sistema tiene un costo social y ambiental difícil de medir. Perder Tembici no solo significaría retroceder en la lucha por una ciudad más limpia, sino también en la construcción de una cultura ciudadana que empieza a entender la bicicleta como un medio de transporte esencial. Además, la falta de una política clara que garantice su continuidad pone en riesgo los avances logrados en educación ambiental, seguridad vial y equidad en el acceso a la movilidad sostenible.
Este reportaje muestra cómo un proyecto que nació como referente de innovación urbana a nivel mundial hoy enfrenta su mayor crisis. A los altos precios se suman el vandalismo, la reducción de estaciones, los fallos en el mantenimiento y la ausencia de una estrategia pública que respalde el modelo. En Bogotá, como en otras ciudades de América Latina donde opera la empresa, Tembici carga con denuncias por cobros indebidos, quejas de usuarios y dificultades financieras. La historia del sistema refleja una paradoja: mientras la ciudad necesita más opciones sostenibles, una de las pocas que logró transformar los hábitos de movilidad está a punto de detenerse.