Son las 4:00 de la mañana, la alarma suena y la niña debe irse al colegio. Hay que preparar el desayuno, alistar la ropa, dejar arreglada la casa y despacharla. Ya son las 7:00 de la mañana, ya es hora de ir a clase, hay que caminar, el alimentador siempre tarda. Ya casi son las 8:00. Todavía hay 20 minutos de trayecto. A lo lejos se ve edificio, solo falta subir el ascensory llegar, por fin, a la clase de grado décimo, que valida para culminar sus estudios, en una manzana del cuidado.
Esta es la rutina de Deisy Miranda, una mujer vallecaucana que llegó a la capital hace 15 años, junto a sus cuatro hijos. Lo que antes eran edificios comunes, hoy son manzanas del cuidado, espacios que permiten a mujeres como Deisy y su hija mayor, Tatiana, tener un lugar para culminar su proceso de validación del bachillerato.
A las 11:00 de la mañana el día ya está en marcha, hay una segunda rutina: preparar el almuerzo, organizar pendientes. A las tres de la tarde debe moler el maíz para que las arepas estén listas en la noche. Las arepas que prepara cada día son el sustento de su casa.
Al igual que ella, cerca de 273 mil mujeres son usuarias de las manzanas del cuidado en Bogotá, una política pública que ha resultado eficiente para vincular a las mujeres en la economía, y que les ha permitido acceder a servicios distritales.
El 68% de las personas que conforman estos espacios, son mujeres entre los 29 y 59 años, quienes buscan apoyo con el cuidado de sus hijos, o, en este caso en particular, un lugar para culminar sus estudios y estar más preparadas para asumir proyectos económicos.
Actualmente existen 27 manzanas del cuidado en la capital, ubicadas en diferentes zonas urbanas dentro de las localidades. Este porcentaje hace parte de un plan del Distrito a término 2027, en el que se espera contar con 31 puntos de atención, de acuerdo con Juliana Londoño, subsecretaria del cuidado y políticas de igualdad, de la Secretaría de la Mujer de Bogotá.
Actualmente existen 27 manzanas del cuidado en la capital, ubicadas en diferentes zonas urbanas dentro de las localidades. Este porcentaje hace parte de un plan del Distrito a término 2027, en el que se espera contar con 31 puntos de atención, de acuerdo con Juliana Londoño, subsecretaria del cuidado y políticas de igualdad, de la Secretaría de la Mujer de Bogotá.
En estos espacios se ofrecen servicios gratuitos e integrales en cinco componentes: formación, respiro, generación de ingresos, cuidado y transformación cultural, que funcionan bajo un modelo de simultaneidad, mientras la cuidadora recibe servicios, la persona a su cargo es atendida en el mismo lugar.
Las manzanas tienen guarderías, áreas de computación, lavandería, bibliotecas y diferentes espacios que permiten que los cuidadores tengan un espacio para ellos. Además, del acompañamiento psicológico, legal y financiero con el que cuentan si requieren alguna asesoría.
Desde 2023 las manzanas del cuidado se denominaron una política pública distrital, en la alcaldía de Claudia López. En este sentido, para el POT 20357 del 2022 contempla el cuidado como un pilar para el desarrollo de la ciudad. Y aunque Bogotá ha sido pionera de este este sistema, sin embargo, Uruguay y México, tienen modelos similares.
La lucha por el cuidado se viene dando desde los años 70, en los que colectivos feministas le pedían al Estado el reconocimiento del cuidado como un trabajo y una labor que aporta de manera significativa a las economías nacionales. Este ha sido un proceso que se ha construido a lo largo del tiempo.
En el caso de Colombia los trabajos de cuidado no remunerado representan el 20% del PIB nacional, según datos del DANE de 2020. Pero esta cifra pone en evidencia la desigualdad que existe en este campo, en especial teniendo en cuenta que ya hace más de diez años que se reconoció el aporte del cuidado a la economía.
Clara Mayor, socióloga que realizó varias investigaciones dentro de las Manzanas del Cuidado explica que las mujeres seamos cuidadores viene de la división de los roles de la división sexual del trabajo. La mujer es la que se queda en la casa: “no se le reconoce trabajo doméstico, sino solo el trabajo que tenga un salario, esos espacios son importantes”.
Lo anterior se evidencia en el Acuerdo 091 de 2003 en Bogotá, la ley 1413 de 2010 que incorporó la economía del cuidado al PIB y el Decreto 166 de 2010 sobre equidad de género en Colombia. Lo que, a su vez, permitió la posterior creación del Sistema Distrital de cuidado en 2023, mediante el Acuerdo 893 de 2023.
Según la subsecretaria para el cuidado, la territorialización del Sistema de Cuidado de Bogotá, su consolidación e institucionalización de la estructura funcional a través del POT implica reconocer, redistribuir y reducir el tiempo que las mujeres le dedican a los trabajos de cuidado desde la misma organización territorial de las ciudades.
Antes de ingresar al sistema del cuidado, Deisy fue acogida por un comedor comunitario que le facilitó la alimentación de sus cuatro hijos, lo que significó un alivio en los gastos del hogar sostenido por su puesto de arepas, que en ese momento cubría el arriendo de su casa. En su caso, el primer acercamiento a un espacio comunitario del cuidado fue ese, con el paso del tiempo las manzanas del cuidado se convirtieron en un espacio seguro, al que ingresó para motivarla a terminar sus estudios de bachillerato.
Silvia Montes, psicóloga especializada en género, explica que el acompañamiento a los cuidadores es fundamental, pues con frecuencia su identidad se diluye en el rol de cuidado. El síndrome del cuidador aparece cuando la culpa les impide dedicar tiempo a su propio bienestar sin sentir que están descuidando a la persona a su cargo. Esta carga termina afectando su salud física y mental, por lo que espacios como las Manzanas del Cuidado se convierten en un apoyo clave.
Aunque las fuentes destacan las ventajas y efectividad del programa, su cobertura en zonas rurales sigue siendo limitada. Actualmente el sistema distrital cuenta con dos buses del cuidado, que operan principalmente en la localidad de Sumapaz.
Entre enero de 2021 y octubre de 2025, estos han impactado a 5.228 personas, de las cuales el 81% son mujeres entre los 29 y 59 años, Sin embargo, las manzanas móviles alcanzan únicamente al 10% de la población en zona rural, donde habitan alrededor de 51 mil personas, según la secretaria de Ambiente de Bogotá.
En la planeación de desarrollo urbano de Bogotá, las manzanas del cuidado deberían estar ubicadas bajo un criterio de proximidad de 15 a 20 minutos caminando desde el hogar, pero ¿qué ocurre cuando los buses del cuidado se trasladan? No existe un punto fijo al que las personas puedan acercarse para beneficiarse de los servicios, ni es seguro que los buses cubran todas las zonas. Su operación depende de un mecanismo de censo que, según Juliana Londoño, funciona como una métrica para saber cuántas personas acuden.
Sumado a esto, las fuentes consultadas coinciden en que existen dificultades relacionadas con el acceso y difusión de estos servicios. La ciudadanía no tiene conocimiento respecto a cuál es la labor de las manzanas del cuidado e incluso donde podría encontrar la más cercana a su ubicación, pues algunos centros, quedan dentro de edificios empresariales, lo que dificulta su alcance. “La gente no sabe que aquí hay una Manzana del cuidado”, menciona Deisy luego de salir de clases.
Si bien, asistir a las manzanas es un compromiso, requiere de tiempo, para Clara Mayor acceder a estos servicios igual requiere tener un tiempo que muchas personas no tienen y más en cierto tipo de momentos de la vida, incluso la hija de Deisy ha rechazado trabajos de tiempo completo, solo para poder asistir a clases de manera regular.
El Sistema de cuidado ha permito que muchas cuidadoras en la capital puedan recibir educación, formación técnica, apoyo psicosocial, asesoría jurídica, actividades de bienestar e incluso ayudan a la redistribución de cargas de labores domésticas mediante iniciativas como la Escuela de Hombres al Cuidado.
Pero también es mucho el trayecto que queda por recorrer, sobremodo en materia de trasformación cultural, pues como lo menciona Juliana Londoño, “la infraestructura no basta para eliminar la "pobreza de tiempo" si no se logra transformar la idea de que el cuidado es una obligación biológica femenina”.
Las manzanas también unen desde el cuidado. Y es la comunidad lo que Deisy considera un refugio: encontró un espacio que en medio del trajín sin fin de la capital le brinda el apoyo de muchas personas que como ella tienen en sus hombros la responsabilidad de un hogar y una familia “me siento acompañada, tengo la oportunidad de hablar, de expresarme. Soy feliz ahí”