Con lágrimas en los ojos, la docente Elisa Marulanda recuerda su último día enseñando en el Colegio de la Presentación Sans Facon ubicado en el norte de Bogotá. “Sacar las cosas de mi escritorio fue lo más difícil. No eran solo carpetas llenas de papeles y exámenes para calificar, eran pedazos de mi vida que iban a ser borrados para siempre”, dice Marulanda.
El momento de recogerlo todo llegó a principios del 2025, cuando, después de 126 años de operación, este colegio cesó sus actividades de manera definitiva. La noticia causó revuelo en la ciudad, pues ya son 26 instituciones educativas que, según cifras de la Secretaría de Educación de Bogotá, han cesado sus actividades entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2024.
Existen varios factores que influyen en el cierre de los colegios. Por un lado, puede estar relacionado con problemas administrativos y financieros, lo que alza interrogantes acerca del funcionamiento del sistema educativo distrital. Por otro lado, también puede deberse a cambios demográficos relacionados con el decrecimiento de la tasa de natalidad del país. “La causa principal del cierre es la disminución de alumnos en los últimos 10 años. Se pasó de tener 3 cursos por grado a tener solamente 1, por lo que no era viable económicamente que el colegio siguiera operando”, afirma Marulanda.
Camilo Bonilla, rector del colegio Tilata y experto en educación, tiene distintas explicaciones para este fenómeno. “Hay una primera razón que es natural, y es que hay menor cantidad de niños estudiando; uno por la baja en la tasa de nacimientos y dos, porque tenemos muchos niños que están afuera del sistema educativo”, señala Bonilla.
Desde 2014 hasta 2023 hubo una disminución en cuanto a estudiantes matriculados en los colegios de la capital, tal y como lo cuenta Marulanda, esta ha sido una de las grandes causas de estos cierres. En Colombia, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la tasa de natalidad para 2024 registró la mayor caída, para el corte de este año el total de nacimientos fue de 371.777, el más bajo de toda la década en donde no se registraban menos de 400.000 nacidos, mientras que, para 2014 la natalidad alcanzaba un total de 525.665. Esto representa una caída del 14,4% frente a los 434,253 bebés nacidos en el mismo periodo del año 2023.
Ángela Vega, demógrafa y profesora del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana afirma que “el problema de la caída de la fecundidad va a generar un envejecimiento de la pirámide poblacional”. Explica que, en Colombia, el descenso sostenido de la tasa de natalidad puede llevar a la reducción de la fuerza de trabajo y el empleo, “lo que puede afectar el crecimiento económico, la producción y la productividad de un país”.
Lo anterior se presenta como un factor económico dentro del cierre de colegios, especialmente en un panorama postpandemia. De acuerdo con Bonilla, la pandemia es un factor a considerar en la medida que tuvo un golpe muy importante en la economía de muchas familias y ha generado que ya no tantas tengan la capacidad económica para afrontar los costos de una educación en Colombia. “Existen un gran número de casos en los que los niños han tenido que salir a ayudar económicamente a sus familias en momentos complicados”.
La falta de inscripción en las matrículas para colegios privados y públicos está presente a lo largo de las distintas ciudades del país. Por ejemplo, el año pasado el alcalde de Medellín, Federico Gutierrez oficializó el inicio de la estrategia “En el colegio contamos con vos”, que tiene el reto de que los estudiantes de distintos distritos regresen a las aulas y tengan garantizado el derecho a la educación.
Los cierres de colegios tanto públicos como privados, ubicados en diversas zonas del sur y del norte de la capital, la Secretaría de Educación cuenta con un registró de 26 instituciones educativas, entre ellas jardínes infantiles, colegios de primaria y de secundaria, quienes, como el Sans Facon, tenían una larga trayectoría, sin embargo, para el 2024 cerraron sus puertas para siempre. Ahora, la mayoría de estas instalaciones fueron clasificadas como “edificios multiusos”, pero otras solo desaparecieron.
Para Leonardo Ajenor, profesor de la Universidad Distrital y coordinador académico del colegio Colombo Brighton, los cierres de los colegios en Bogotá se han debido a cuatro grandes factores. El primero de ellos es el incumplimiento de los lineamientos declarados por el Ministerio de Educación en cuanto a infraestructura, recursos y calidad. La población es un segundo factor “si no hay nueva población, pues entonces vamos a tener un déficit en los colegios, no vamos a encontrar el punto de equilibrio y vamos a tener que cerrar”, asegura Ajenor.
Ajenor identifica un tercer factor que denomina como “una nueva visión de la educación”, para este docente “la educación necesitaría transformarse estructuralmente, casi hasta desaparecer el modelo actual de educación tradicional presencial”, en ese sentido, para él “debemos transformar la escuela de una entidad que transmite e ideologiza a un facilitador del desarrollo de habilidades”. Lo que causa que muchas instituciones que no se han modificado o transformado, desaparezcan con el tiempo casi de forma natural. Hay un último factor que es la situación socio-económica de Colombia que ha hecho que “toda la población vaya en declive de su bienestar”, afirma Ajenor, dificultando que se pueda asumir los costos de la educación privada generando los cierres de estas instituciones.
El colegio la Presentación llegó a un acuerdo con el colegio Eucarístico Villa Guadalupe para que los estudiantes se pudieran instalar allí sin mayor problema. Elisa Marulanda no encontró conexión con otro plantel educativo, por lo que decidió retirarse unos meses antes de lo planeado y dedicarse a su vida matrimonial. Sin embargo, no todo el cuerpo docente corrió con la misma suerte.
De acuerdo con Bonilla, el cierre de los colegios representa una afectación muy importante para los profesores. “Van a tener que salir a buscar nuevas oportunidades con menos chances, especialmente dentro del sistema educativo privado donde hay menos ofertas de empleo”. El experto en educación explica que la mayoría de los docentes de colegios privados en Colombia son por contratos a término fijo; algunos solamente por la duración del año escolar. Es decir que, después de la culminación del contrato, que por lo general son 10 o 11 meses máximo, esa población queda flotando.
“Los docentes que hacen parte del Magisterio no contemplan este riesgo, pues, en caso tal de que un colegio oficial cierre, los profesores son reubicados. No es como en un colegio privado en el que en cualquier momento uno puede perder su trabajo, sobre todo en casos como este”, explica Bonilla.
Javier Cruz, docente del distrito, señala que en áreas como Suba Tibabuyes, donde según la Secretaría de Planeación de Bogotá residen 259,983 personas, no se ha evidenciado una reducción en la matrícula estudiantil, ya que se trata de una de las zonas más densamente pobladas de la ciudad. “No hemos notado este cambio, ya que los salones siempre han tenido alrededor de 40 estudiantes y continúan siendo así”, afirma Cruz.
No obstante, en otras zonas de Bogotá, esta disminución sí se ha reflejado en algunos colegios públicos, como el Colegio Prado Veraniego, ubicado en la UPZ Prado, también en la localidad de Suba, que tiene una población de 118,658 habitantes. Según Cruz, cuando estos casos ocurren en instituciones del distrito, es común que haya un excedente de docentes, lo que podría llevar al cierre del centro educativo y dejar a miles de estudiantes sin plaza escolar.
El cierre de colegios en Bogotá es un reflejo de cambios profundos en la sociedad y en el sistema educativo. Factores como la disminución de la tasa de natalidad, las dificultades económicas y la falta de adaptación a nuevas formas de educación han contribuido a que instituciones con décadas de historia cierren sus puertas de manera definitiva. Más allá de los números, estas clausuras tienen un impacto humano significativo: docentes que pierden su empleo, estudiantes que deben buscar nuevos espacios de aprendizaje y comunidades que ven desaparecer parte de su identidad.
Este fenómeno plantea preguntas urgentes sobre el futuro de la educación en la ciudad. ¿Cómo deben adaptarse las instituciones para enfrentar los cambios demográficos y socioeconómicos? ¿Qué papel juegan las políticas públicas para garantizar el acceso a una educación de calidad? Mientras estas respuestas se debaten, la realidad es que cada cierre no solo marca el fin de una etapa educativa, sino también la pérdida de un espacio de encuentro, formación y construcción colectiva que deja una huella imborrable en quienes lo habitaron.