Doña Juana: hogar de lo inútil que es útil

Miércoles, 06 Septiembre 2017 14:48

Ampliar el relleno sanitario o apoyar el reciclaje son algunas opciones. La primera servirá hasta el 2022, la segunda impacta de menor forma el ambiente.

|||| |||| Andrés Felipe Jiménez||||
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Un destino singular para todos los desechos: el chut de la basura o el andén del frente de la casa. Un punto de encuentro para todos ellos: el relleno sanitario de Doña Juana. El medio: una bolsa plástica, comúnmente de color negro. Pero, si se amontonaran en una bolsa blanca, el destino y sus impactos serían diferentes.

La bolsa negra, de general uso para la expulsión de residuos y de común comercio entre los vendedores informales, sale desde la basura que la gente tiene en su casa para llegar a las localidades de Mochuelo Alto y Bajo. Además, por lo común, es recogida por un sujeto vestido de verde que está acompañado por otros dos tipos. Hombres que, por su trabajo, llevan el pan a la casa al mover la basura al botadero citadino.

Doña Juana es el destino final. Allí se recibe a cuanto ciudadano se acerque a sus predios siempre y cuando haya permiso de la alcaldía o del consorcio encargado del manejo del relleno, o del celador, o de a quien le echen la bola en ese cuento. Primero que hay que ir a la alcaldía, de la alcaldía, que el permiso lo dan en las oficinas de la unión brasilero-canadiense CGR (Centro de Gerenciamiento de Residuos), que quedan en el mismo botadero en el que, para entrar, hay que pedir permiso a la alcaldía.

En su lugar, el plástico negro que sale de los hogares, entra por la puerta principal siendo bienvenida por una calle de toneladas de olor putrefacto que, seguramente, llevan poco más de un mes esperando a ser enterrados.

Al igual que los desechos de su hogar, cerca de 13 mil toneladas ingresan por la calle de honor de montañas de basura de Doña Juana cuando se tiene acostumbrado a recoger los desechos. Mal contadas pueden ser cerca de 6 mil toneladas diarias, el equivalente al peso de 1000 elefantes, un edificio de 17 pisos, y cerca de 150 transmilenios.

Cerca de cumplir 30 años como la vecina de la ciudad

Cerca de 90 años pasaron, con el gobierno local como encargado del aseo en la ciudad, pasando por graves crisis sanitarias, hasta que en 1988, fue inaugurado el actual relleno sanitario de la ciudad: Doña Juana. El origen del botadero no es del todo claro: la academia no habla acerca de cómo se consiguieron los lotes. Pero hay un punto de encuentro entre el relato académico y el de los vecinos del sector: Las Zapata.

Para 1985, la zona, que en el presente está ocupada por el relleno sanitario, contaba con cultivos de cebada, trigo, avena y habas. También había rebaños de ovinos, que en la finca de las hermanas Zapata pastaban en esta zona. Del mismo modo, las construcciones en Mochuelo Bajo y Alto eran pocas, con población que trabajaba en las dos haciendas que eran las fuentes de empleo durante la época.

El estilo de vida campesino predominaba antes del arribo del relleno sanitario. “La misma comunidad” -recuerda Gustavo Garay, un habitante histórico de Mochuelo Bajo. – “pidió a los hacendados la donación del terreno para la construcción, por mano propia, de una escuela para los niños de ese entonces. Desde los chircales de Santa Librada íbamos a traer ladrillos y así se construyó la escuela y capilla de acá”.

Don Virgilio Pedraza siempre ha vivido en Mochuelo Alto. Desde su vivienda se observan, casi en su totalidad, las 270 hectáreas que componen el botadero. “Nos dijeron que eso era para un parque para los niños y para sembrar matas”, recuerda Pedraza. Las hermanas Zapata fueron las primeras en venderle terrenos al distrito, luego, la administración comenzó a comprar las demás propiedades ante el crecimiento de las pilas de residuos. En un principio, Doña Juana ocupaba 80 hectáreas, actualmente son usadas cerca de 270, siendo ocupadas por 45 millones de toneladas de residuos citadinos.

En los 29 años de funcionamiento del relleno se han presentado dos emergencias sanitarias: en 1997 y 2015 se presentaron deslizamientos en las pilas de residuos. El más grave: el de

finales de siglo. Cerca de 800 mil toneladas de basura se movieron debido a una explosión ocasionada por la acumulación de gases. El movimiento de los desechos taponaron el río Tunjuelo generándose una catástrofe ambiental de gran magnitud que afectó a los habitantes de las localidades aledañas a Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Tunjuelito, Bosa y Kennedy. La propagación de plagas que esto generó, enfermó a los habitantes y acabó la poca actividad agrícola que quedaba: intoxicó cabezas bobinas y algunos cultivos se dañaron por la filtración de residuos en la tierra.

“Cuando pasó lo del deslizamiento”, dice Itver Ruiz, presidente de la junta de acción comunal de la vereda Paticos, “vinieron los de la alcaldía a darnos un tapabocas a cada uno que debía durar para quince días”.

En el año 2012, el fallo 02 del Consejo de Estado condenó al distrito a pagar la suma de 227 mil millones de pesos por el deslizamiento del 97. Tal vez ni mañana, ni pasado mañana, ni en 10 años será recibida la más mínima cantidad de dinero. La tragedia fue hace veinte años, la condena hace cinco y jamás nadie se ha asomado al menos a cambiar el tapabocas que les dieron para evitar las enfermedades, que igual se presentaron, como la gastroenteritis, derivada de bacterias que se generan de los residuos como la salmonella.

La expansión del botadero ha hecho que las veredas deban incluirse en las dinámicas urbanas. Además, el incremento de la población que llega a los cuatro barrios incorporados como urbanos en Mochuelo Bajo, conlleva una demanda de recursos y servicios públicos que, para el caso específico del acueducto comunitario conformado en el año 2000, llega a los 800 suscriptores aproximadamente. En la zona actualmente hay cerca de 3665 personas.

El relleno sanitario de Doña Juana, en la capacidad que le dan sus 270 hectáreas, debía ser usado hasta el año 2012. Para ese entonces, bajo la administración de Gustavo Petro, el gobierno local, a través de la Unidad Administrativa de Servicios Públicos, encabezada por Guillermo Asprilla, presentó un proyecto de manejo de residuos en el que se buscaba incluir a cerca de 30 mil recicladores, con el fin de aprovechar mejor los residuos que fueran reciclables y de este modo enviar menos basura al relleno sanitario. El programa fue conocido como basura cero.

En 2014, la Corporación Autónoma Regional, amplió la licencia en el uso de los terrenos del relleno sanitario hasta el primer trimestre de 2022. Así, la articulación con el reciclaje en el manejo de desechos se convierte en una opción

El destino de la bolsa blanca

Cuando los residuos son separados para ser reciclados, como se ha promulgado, en una bolsa blanca se genera un impacto ambiental menos negativo.

Según cifras de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), solo el 30 % de los residuos desechados son orgánicos, es decir que no pueden ser utilizados nuevamente. Las mismas cifras promedian que cada persona produce aproximadamente 1 kilo de basura diario. Lo que además quiere decir que, de las 6000 toneladas de basura que se producen diariamente, pueden ser recicladas 4200.

Pero la basura de unos es el sustento de otros. El sobrante 70% de la basura que llega a rellenos sanitarios, como Doña Juana, puede volver a ser útil y servir en la lógica económica de los recicladores.

A pesar del alto porcentaje de lo que puede volver a ser útil en una bolsa de basura negra, y que ayudaría a la sostenibilidad ecológica y económica de unos individuos, los números dicen que tan solo el 10% de los residuos son recuperados. Colombia se encuentra por encima de Estados Unidos en recuperación de papel gracias, en gran parte, a la labor de los recicladores. La cifra, si más gente reciclara, podría ser mejor.

La Uaesp en un estudio llamado “La caracterización de los residuos sólidos en Bogotá” concluyo que los productos para la limpieza en el hogar tienen menor uso en los niveles 2 y 3, frente a los estratos 4, 5 y 6. Los estratos 5 y 6 hacen un mal uso de los residuos de residuos biológicos infecciosos como toallas sanitarias, pañales desechables, condones, apósitos, papel higiénico y similares. Son también, los estratos donde más son usados los artículos anteriormente mencionados con un 52%.

En las viviendas se genera una cantidad elevada de residuos como pilas, baterías y productos electrónicos. En el estrato 6 de Suba, esa concentración llega al 11,58 por ciento y en Usaquén al 53, 26 por ciento. Esto se debe, en gran parte, a que la gente no sabe qué hacer con ellos.

Intente usar una bolsa de color blanco y colabore así con tres vidas: la de un extraño, la de otro extraño -que puede sacar utilidad de ese plástico-, y la suya. La labor de todos los martes, jueves y sábados es más compleja de lo que cualquiera puede imaginar, pero la gente del común la simplifica: hay que sacar la basura de la cocina, el baño y el cuarto, ponerla en el andén de la casa o tirarla por el chut de la basura y esperar a que al otro día haya desaparecido. Separe residuos reutilizables, como el plástico, el papel –que no sea higiénico- y el cartón; y envíe lo orgánico al carro de la basura que pasa día de por medio, el ambiente y el futuro quizá se lo agradezcan.