De las gradas a las calles: hinchadas futboleras políticamente activas y su llegada a Colombia

Viernes, 22 Mayo 2020 18:58

 

 

Las banderas y consignas antifascistas han empezado a aparecer en los estadios colombianos.||||||| Las banderas y consignas antifascistas han empezado a aparecer en los estadios colombianos.||||||| Foto: Santiago VIllegas|||||||
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Llega la tarde de domingo, Independiente Santa Fe es local nuevamente y la hinchada, como siempre, al estadio. En la grada popular, la lateral sur, entre más se acerca la hora del partido, crece considerablemente la fila para ingresar al ‘Campín’.  Allí, abundan casacas futboleras, gorras con el escudo de la barra, ‘mechas’ largas, sudaderas tres rayas y tatuajes ‘sangriblancos’. La regularidad se rompe cuando llegan skinheads con sus chaquetas bomber, gorras, lemas como A.C.A.B (All Cops Are Bastards) y más elementos que entremezclan una clara línea política con la pasión futbolera.

En la tribuna, el carnaval es generalizado. Como la mayoría de los presentes, el ‘parche’ antifascista de La Guardia Albi – Roja Sur (barra “brava” de Independiente Santa Fe) alienta a los ‘leones’ al compás de tambores y trompetas. De la pasión futbolera y del amor por los ‘cardenales’ no queda duda. Pero, salta a la vista (no solo por la vestimenta) que estos seguidores no son iguales a los del resto de la grada. Más allá del amor por Santa Fe, quienes integran Red Guards United convergen en torno a posiciones políticas compartidas ligadas a la izquierda y a la oposición radical frente a actitudes racistas, sexistas, xenófobas, clasistas y en general fascistas.

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La aparición de grupos como Red Guards United en las tribunas colombianas no es algo nuevo; tal tendencia va en alza. Prueba de ello es que en barras como el Barón Rojo Sur (de América de Cali), la Rexixtencia Norte (de Independiente Medellín), el Holocausto Norte (de Once Caldas) y Los del Sur (de Atlético Nacional), han ido apareciendo ‘parches’ que se reúnen no solo por el amor a su equipo de fútbol sino en torno a ideales como el antifascismo.

Entendiendo al antifascismo: de los libros a las canchas continentales

Al ver que en las barras futboleras han venido aumentando las manifestaciones antifascistas, surgen algunas preguntas ¿Qué raíces ideológicas permean al antifascismo? ¿De dónde proviene y por qué ha aparecido en el fútbol? Para hablar de esto, es necesario remontarse a lo que se opone; el fascismo.

Teniendo en cuenta el libro Anatomía del fascismo, escrito por el historiador Robert Paxton, podría entenderse al fascismo como una corriente basada en el nacionalismo que busca construir una comunidad totalmente “pura” sin importar lo que esto implique. Así, tal ideología permite y legitima comportamientos racistas, xenófobos, sexistas o clasistas si estos son entendidos como el camino para forjar la anhelada “nación pura”.

En primer momento, el antifascismo puede ser pensado como la anteposición radical al fascismo. Pero, para el historiador y militante Mark Bray, tal definición se queda corta, pues desconoce las diferentes vertientes, interpretaciones y maneras de lucha que desde la izquierda le han sido atribuidas al antifascismo.

En el libro Antifa, Bray define al antifascismo como un movimiento político revolucionario que se usa para combatir a la extrema derecha; no solo al fascismo. Esta explicación permite inferir que si bien todos los colectivos antifascistas se oponen radicalmente a la extrema derecha -junto a la totalidad de sus formas, planteamientos y posturas-, no la combaten de la misma forma y tienen luchas puntuales determinadas por los espacios y tiempos en los que se mueven.

Ahora, en el fútbol europeo, es posible rastrear inferencias tanto del fascismo como del antifascismo desde los años 30 del siglo pasado. De acuerdo al sociólogo experto en estudios del deporte Alejandro Villanueva, el balompié ha sido un paralelo de las situaciones sociales y políticas del entorno; se ha visto permeado por estas. Ejemplo de lo anterior es el equipo italiano A.S Livorno, que resistió de manera significativa frente al régimen fascista de Benito Mussolini, y, que incluso tuvo como seguidores a intelectuales y activistas de izquierda. Uno de ellos fue Antonio Gramsci, filósofo, politólogo, sociólogo y periodista italiano.   

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Hay clubes futboleros que parecen a estar destinados a tener una tendencia política marcada. Entre ellos está Rayo Vallecano de Madrid España. ¿Por qué? El barrio en el que se fundó este club, Vallecas (ubicado al suroriente de Madrid) es de carácter obrero y se vio fuertemente azotado durante la Guerra civil española por bombardeos constantes a mano del bando que se alzó contra la Segunda República Española -apoyado por la Italia fascista de Mussolini y la Alemania nazi de Adolf Hitler-.

El club deportivo de Vallecas y su hinchada mantienen vigente la idea de equipo obrero que responde a sus raíces y territorio. En 1992, un grupo de jóvenes que asistía constantemente a ver el fútbol se organizó para crear un bloque de animación antifascista en las graderías. Desde aquel entonces tomaron el nombre de ‘Bukaneros’ y empezaron a llevar al estadio actos políticos como el homenaje al Día contra el Racismo en los Estadios de Fútbol.

Además de Bukaneros, en Alemania los ultras del St. Pauli -también de tradición obrera- se autodenominan ultras antifascistas, en Grecia los Gate 7, en Escocia los Green Brigade, en Francia los Marseille Trop Puissant y el listado puede seguir hasta colmar todo el continente europeo.

Así como en Europa, las gradas latinoamericanas han venido recibiendo la creciente ola de hinchadas antifascistas. Desde México hasta Argentina, estos colectivos se han organizado para hacer frente al fascismo en un escenario que podría pensarse poco usual por cómo ha sido entendido normalmente; el fútbol. El sociólogo Alejandro Villanueva contó que así como cambia el entorno, varía el carácter entre los grupos antifascistas europeos y latinoamericanos:

“En Latinoamérica hay lógicas en las que hinchadas antifascistas ponen por encima del amor a los colores la lealtad y el reconocimiento a otro antifascista. Hay unos vasos comunicantes e intenciones de conformación de grupos antifascistas en todo el continente. Esta no es una práctica muy vista en Europa.”

Un ejemplo de la solidaridad entre los ‘antifas’ latinos es el acompañamiento de barras argentinas a las brasileñas que se han organizado para protestar frente a la presidencia de Jair Bolsonaro, entendido por tales hinchadas como un símbolo de la extrema derecha latinoamericana.

Solidaridad y ‘parches’ antifascistas en Colombia

Al igual que en Latinoamérica, las hinchadas colombianas políticamente activas actúan solidariamente entre sí. Muestra de ello es la creación de la Red de Hinchadas Antifascistas de Colombia que reúne a ‘parches futboleros’ como Red Guards United (de Independiente Santa Fe), Honor Antifa (de Once Caldas), Barricada Antifascista (de América de Cali), Barricada Aurirroja (del Deportivo Pereira) y Antifa Medallo (de Independiente Medellín).

La solidaridad entre tales grupos se demuestra con las manifestaciones conjuntas que hacen frente a injusticias que ocurren en el día a día y atañen a la comunidad futbolera. Por ejemplo, el pasado 25 de marzo, la Red de Hinchadas Antifascistas sacó un comunicado denunciando la situación de hacinamiento y represión que vienen sufriendo hinchas de Independiente Medellín y América de Cali durante su regreso de Argentina y Chile, países en los que estaban alentando a sus equipos.

“Fuera de los escenarios políticos, la solidaridad se da en todo contexto. Por ejemplo, durante viajes para ver los partidos. Se hace el recibimiento de los visitantes para que puedan disfrutar del fútbol en paz. También pensamos en proyectos, conversatorios, movilizaciones y demás. Aquí, la unión es lo que prima. El mensaje es claro: el fútbol no nos tiene que dividir.”, dice Mabel Villa, integrante de la Red de Hinchadas Antifascistas

Ahora, ¿No choca esta manera de entenderse y solidarizarse entre hinchadas antifascistas con la de barras futboleras populares? Pues, la mayoría de nociones socialmente compartidas y noticias hablan de una fuerte rivalidad entre las hinchadas marcada por los colores. Sobre esto, Francisco Mayorga, miembro de Red Guards United, afirma que tiempo atrás, La Guardia (barra de Santa Fe), veía la solidaridad entre ‘parches’ antifa como una falta de seriedad que rompe con todo código de cualquier barra. “Tuvo que pasar un tiempo para que lograran entender que todo tenía que ver con una lucha política un poco más profunda”.

Ver: 'El coloso' de la 57

Vale la pena destacar que en el marco de programas como Goles en Paz, las barras futboleras -mal llamadas barras bravas- han establecido mesas de diálogo a nivel nacional para discutir puntos comunes y acordar ciertas medidas con el fin de evitar hostilidades y muertes por el fútbol, entre estas el “Sí a las hinchadas visitantes mientras que no haya violencia”. Fuera de tales reuniones, el sociólogo Villanueva agrega que si bien el propio funcionamiento y génesis de las barras populares les hace crear rivalidades con otros grupos, también es cierto que hay formas cooperativas y comunitarias de mutua ayuda entre hinchadas.

Dejando atrás la posible tensión entre las barras y los antifascistas, Francisco Mayorga (miembro del parche antifa de Santa Fe), comenta que la inclusión de Red Guards a La Guardia fue como el de cualquier otro subgrupo. Tuvieron que seguir toda la normativa de la barra, trabajar en salidas, viajar y ayudar con cualquier tema para ir ganándose su lugar.

De ‘opio del pueblo’ a escenario contestatario

En los procesos de gestión y colaboración con La Guardia, Red Guards ha intentado despertar la conciencia crítica de los integrantes de la barra y, a la vez, ha ido cambiando posturas sexistas normalizadas en el entorno. Prueba de lo anterior es la organización de conversatorios públicos en la sede social y cultural de La Guardia para aclarar e interpretar el Acuerdo de Paz entre el estado colombiano y la guerrilla Farc – Ep.

En la tribuna sur del Campín, además de bombos, banderas rojiblancas y sombrillas, han venido apareciendo frentes (bandera que cuelga del barandal principal de la tribuna) y mini tifos –mensajes compuestos por pancartas– que reivindican las luchas sociopolíticas del parche antifa.

Durante las dos últimas conmemoraciones del Día Internacional de la Mujer, han colgado de los barandales de La Guardia frentes que destacan la presencia femenina dentro de los escenarios futboleros. Uno de estos, pintado por Red Guards, decía: “Por ellas y con ellas... luchando y alentando”. Otra bandera que apareció en la ‘sur’ del Campín, durante el Paro Nacional del 2019, decía: “De las gradas a las calles” haciendo referencia a la lucha política de Red Guards tanto en las tribunas como en escenarios extradeportivos.

Ver: Podcast/ Microcosmos en la grada

Los parches antifascistas adaptan espacios deportivos normalmente ligados a la pasión para difundir sus consignas, luchas e ideales. Colgar un frente en el barandal principal de la barra que reivindique a la mujer no es algo que ocurra usualmente en el entorno futbolero; da cuenta de la incidencia de Red Guards y sus ideales en La Guardia Albi – Roja Sur. Por el lado del otro rojo de Colombia, América de Cali, el ‘parche’ Barricada Antifascista ha desplegado tapatribunas en la tribuna sur del Pascual Guerrero que dicen: “Ama al América, odia el fascismo”.

Las consignas de estos grupos son claras y entre las más compartidas, por lo menos dentro de la Red de Hinchadas Antifascistas de Colombia, están sacar de las gradas todo tipo de acto discriminatorio (ya sea racismo, sexismo, machismos, xenofobia, entre otros), y, la lucha por un fútbol popular fuera de la mercantilización y del manejo de este como un negocio.

Aspectos como el crecimiento de las hinchadas antifascistas -y su accionar-, invitan a reflexionar respecto a los estereotipos generados en torno al fútbol tales como la asociación directa entre barras y violencia o el entendimiento de este espacio como uno netamente dedicado al ocio. Si bien algunos gobiernos han usado al fútbol como “opio del pueblo” (no olvidemos el partido entre Millonarios y Unión Magdalena transmitido durante la Toma del Palacio de Justicia en 1985), es claro que la culpa no es del deporte sino de los fines para los que es articulado.