Club Swinger

Martes, 22 Noviembre 2016 20:10

¿Aceptaría que su pareja tuviera sexo con otra persona? ¿Le gustaría ver el acto sexual de su pareja con otro? Esto es lo que pasa en un club swinger al norte de Bogotá.

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Cuando se habla de una relación de pareja, la fidelidad es uno de los aspectos importantes. La fidelidad, en cuanto a ser monógamo, es una de las frecuentes causas de separación, pero esto no es algo que afecta a las personas swingers. Tienen un estilo de vida poco común, intercambian parejas.

En Bogotá hay varios lugares donde se reúnen estas parejas, más de los que se creen. Son muy clandestinos. Si no se es parte de esta comunidad, cómo se llega, por el voz a voz. No es un grupo homogéneo, son hombres y mujeres heterosexuales, bisexuales y gays.

Al norte de la ciudad está ubicado un bar swinger, quienes van y el dueño del lugar prefieren que lo llamen “club”. El estatus, la clase alta, caracterizan este lugar desde el primer momento. Un edificio blanco, en una zona residencial estrato 5-6. Camionetas blindadas frente a la portería. Un par de escoltas en la esquina. La fachada es como cualquier edificio de apartamentos, tiene 6 pisos. El primer piso es como un lobby de hotel. Tiene una recepción, un mueble café en forma de media luna, pegado a la pared. Un espejo a lo largo de la pared detrás del mueble. Hay dos celadores uno en la puerta y otro dentro de la recepción. No tienen el común uniforme de todos los edificios, es un uniforme vino tinto en tela, usan un sobrero, no hay bolillo pero sí un arma. La iluminación es con luz amarilla, que se refleja en el piso de baldosa haciéndola brillar.

El celador anuncia por el citófono la llegada de las parejas. Sale de la recepción y los deja en la puerta del ascensor. Dentro de éste, hay un hombre sentado en una silla y oprime el número 3. El ascensor tiene espejos en las paredes y en el techo.

No dejo de mirarme en el espejo, y a mi amigo. Lo llevo de la mano. Aunque es de noche, estamos en Bogotá, es agosto y hace un frío increíble, me sudan las manos y siento todo el cuerpo caliente. Tengo risa nerviosa. Y el corazón acelerado. Todo lo que siento es inevitable no trasmitirlo. El señor sentado en la silla me pregunta si es mi primera vez, quiero decir que no, pero sin responderle me dice “se le nota”.

En el piso 2 la música se empieza a escuchar, la temperatura empieza a subir. En el piso 3 la puerta se abre, no hay pasillos, se abre directamente en el apartamento. Un espacio bastante amplio. Desde adentro del ascensor se ve la división. Son dos “habitaciones”, separadas por una pared delgada que va hasta la mitad del apartamento. Aunque no hay una puerta, tienen unas cintas para hacer el ingreso. Hay un hombre y una mujer con uniformes negros y camisa blanca, Tienen audífonos y radios. Deben reconocer a alguna de las personas que vaya a ingresar, es decir, no entra quien no se conozca. Si las personas que van a entrar no han ido nunca, deben ser llevado por otra persona que ya haga parte del club.

El costo es de $150.000 pesos por persona. No hay un consumo obligatorio, pero no hay una sola pareja que vaya y no compre algo. Es un lugar muy íntimo y la mayoría de las personas se conocen. Venden trago, comida y alucinógenos. Pepas y otras drogas en polvo para inhalar. Todo es visible, no hay ningún tabú, es un ambiente relajado.

Aunque el corazón sigue acelerado todo es muy natural. Las personas son muy elegantes. Cada pareja viene y va en esa habitación, tomándose un trago hablando, saludándose entre ellos. Me empiezo a relajar. No siento el ambiente tenso que pensaba antes de entrar. Siento una que otra mirada como si me trataran de reconocer, pero no es incómodo.

El ambiente es de rumba, mucha música electrónica, 2 o 3 canciones de reggaetón y 1 canción de salsa en toda la noche, por petición de uno de los clientes frecuentes. Está iluminado con dos colores de luz, roja y azul. Las luces son bajitas, el lugar es muy oscuro. En la primera habitación hay una barra como en cualquier bar, sillas altas para quedar a la altura de los tragos. Hay dos bartender que regularmente hacen show con las botellas.

Llega el momento de pasar a la otra habitación. Otra vez se me acelera el corazón, no me quiero levantar de la silla. Había tratado de no mirar al otro lado de la pared, pero en un descuido vi pasar a una mujer desnuda.

Antes de pasar a la siguiente habitación, las personas se van hacia una esquina que tiene un tipo de vestidor. La mayoría entran desnudas, cogidos de la mano con su pareja. La música es más fuerte, la luz es más intensa pero más opaca.

Hay una cama muy grande. Algunas parejas están acostadas conversando, los demás están alrededor hablando, bailando o inhalando alguna sustancia. En esta habitación ya no hay barra, pero si hay un mueble con diferentes botellas, como las que hay en los aeropuertos que son como bares móviles. Una mujer sirve vasos de tragos. El costo por vaso es de 30.000 pesos. El espacio es bastante amplio, hay sofás y puf reunidos, con centro de mesas pequeños.

Las personas son adultas. La mayoría tienen más de 30 años y su relación es de esposos, muy pocas parejas son novios. Todos tienen muy buena postura, la espalda es recta, la cabeza levantada. Sus movimientos son suaves. Si se piensa en el consumo de drogas, se imaginaria algo brusco, tipo La vendedora de rosas, pegados de un tarro o fumando marihuana con gestos duros en la cara. Estas personas lo hacen diferente, con naturalidad, sin verse mal, como si las sustancias no alteraran en nada su comportamiento. Comúnmente el gramo de tussi, -la droga más usada en toda la noche-, cuesta $80.000 o $100.000, en el lugar cuesta $300.000.

Las parejas empiezan a interactuar, la relación se da visualmente, no se escucha un acuerdo verbal para ir a tener sexo. Casi todos los intercambios se hacen entre dos parejas, es decir esposo y esposa, cambian con otra pareja sin la intervención de otra persona. Hablan, se drogan, toman, bailan y uno a uno empiezan a irse hacia la cama.

Estoy muy tranquila aún cuando en la habitación solo hay 6 personas con ropa, incluyendo a los trabajadores. Pero, cuando empiezo a ver el contacto físico me pongo muy nerviosa, no quiero mirar, aunque se les nota que no les molesta. Me paso del sofá donde estaba, que dejaba hacia mirar directamente en la cama, y me siento dando la espalda en uno de los puf.

Una señora se hace en el sofá que acabo de dejar, me mira y no quiero hacer contacto visual. Me pregunta cuántos años tengo, le respondo con la cabeza abajo. Después me pregunta con quién entré, no quería ser grosera ni parecer asustada, levanto la cabeza lentamente y la señora no me está mirando. Le respondo con tranquilidad y ella me dice que esta con su esposo. De hecho su esposo esta con el hombre con quien yo entré. Me siento mal, no sé qué decir. Pero después entiendo que en realidad no importa.

Con la naturalidad que caracteriza cada cosa que pasa, empiezo hacer preguntas que en otro lugar seguramente no sería capaz de hacer.

- ¿Usted por qué está acá y no allá con otra persona, como su esposo? -Primero, porque la pareja de la persona con quien está mi marido eres tú y pues estas acá –se ríe-. Segundo, porque nunca lo hago, hace mucho tiempo venimos acá y antes de este sitio, íbamos a otro. Toda nuestra relación siempre a tenido esta actividad. A mí no me gusta… o bueno… no es que no me guste…. es que no me nace, ¿Me entiendes?

Digo que sí con la cabeza, aunque en realidad no entiendo. Continua:

- Desde el noviazgo sabía que a él le llamaba la atención este estilo de vida y pues yo siempre he sido muy fresca, aunque no sabía que hasta este punto – se ríe y me señala a su esposo.

Su esposo está penetrando a otro hombre. Me volteo rápido. Me da taquicardia. Empiezo a sudar. Me tomo un vaso de whisky de un solo sorbo. Empiezo a toser aunque no tengo nada en la garganta. Deseo que me den ganas de estornudar, bostezar. Quisiera que mi cuerpo me provocara todas las acciones que me permitieran evitar hablar.

Nunca me hubiera imaginado que una mujer viera a su esposo tener sexo con un hombre y no sintiera nada. Trato de relajarme, ponerme en su lugar pero se me hace mucho más complicado. Me hago la imagen mental y es terrible, aún más cuando la imagen no es solo mental si no que los tengo detrás mío.

Se me olvidó que estaba ahí y que la había dejado hablando sola por no sé cuantos minutos. No sé cómo retomar la conversación y solo sonrió. Ella, sí quiere hablar, sigue la conversación:

- Claro que esto yo no se lo cuento a nadie, mis amigos más cercanos si saben que somos swinger pero no que él hace eso…

Vuelve a mirar a su esposo como queriendo que yo mire, pero no quiero voltearme solo me quedo mirándola.

- Los de los hombres no empezó hace mucho. En el momento fue duro… o bueno raro… porque nunca habíamos hablado de eso, creo que no contemplaba esa posibilidad. Fue en el momento que estaba mirando a un hombre que me di cuenta que habían tenido conexión. No sabía qué hacer, porque no quería juzgar, pero tampoco me sentía del todo cómoda. Antes de ir hacia ese hombre me cogió de la mano me dio un beso y me miró a los ojos, fue una clase de aceptación. Todas las parejas tienen reglas, como para algunos sea no estar con otra persona del mismo sexo, la de nosotros es que yo decido si el puede estar con alguien, depende de cómo yo lo miro y en ese momento sin pensarlo o decidirlo le di mi aceptación.

Aunque no me conoce, su tono de voz es como si tuviera que darme alguna explicación del por qué su esposo hace eso.

Muchas de las parejas del lugar, ya intercambiadas, tienen sexo en la misma cama. No puedo decir exactamente que hace cada una, porque no me atrevo a mirar. Pero en cuanto a los sonidos, pensaba que iba a ser algo perturbador, escuchar gritos o gemidos, o lenguaje obsceno parecido a la famosa frase de Esperanza Gómez “Jueputa que rico”. Pero no, sí escucho algunos gemidos, pero no son fuertes, o no sé si es porque la música está muy alta.

El uso de condón es obligatorio. No se puede tener ningún tipo de sexo fuerte, golpes o palmadas. Una de las parejas termina, y se van al mueble de tragos. Están al lado mío desnudos. La mujer tiene el pelo como si se acabara de peinar en un salón de belleza, su maquillaje esta perfecto, ni un poquito corrido. Usa una cadena de oro, un reloj y su anillo de matrimonio. Pasan unos minutos y llegan sus respectivas parejas, se besan. La escena es tan irreal, que si no lo estuviera viendo seguramente no lo creería.

En toda noche muchas de las parejas solo tienen un intercambio, aunque algunas hacen 2 o 3 cambios más. Quienes no tienen sexo, se sientan a mirarlos. Para ninguna de las partes es incómodo. Trato de identificar algún gesto de sorpresa, de crítica, pero nada. Se me olvida que esta es su vida, que la única que no entiende ni lo ve normal soy yo. Ni siquiera muestran una mirada de morbo, y eso fue lo que más me sorprendió. Venía con la idea de que iba a ser algo sucio, burdo, obsceno, poco decente, todo menos que iba a encontrar algo elegante.

La única forma que encuentro de transmitir lo que me dejo la experiencia de entrar al club es el popular dicho “al que le gusta, le sabe”. Aunque no fue el ambiente horrible que pensé, tampoco es algo normal, no podría llegar a tener sexo en púbico o mirar a otros. Pero para estas personas, que no es solo una forma de salir de la rutina si no que además es su estilo de vida, es como cualquier salida de rumba de los demás.