¿Quién está viendo teatro en Bogotá? La crisis silenciosa de las salas

Martes, 30 Junio 2026 11:46
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El teatro en la capital atraviesa una paradoja: mientras la oferta escénica se mantiene activa e incluso en expansión, la asistencia del público no crece al mismo ritmo

Grupo de teatro Escena 215 de la Universidad del Rosario. Foto sacada de:       @escena215.ur||| Grupo de teatro Escena 215 de la Universidad del Rosario. Foto sacada de: @escena215.ur||| @escena215.ur|||
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Viernes 8:17 p. m. La función ya empezó. En una sala con capacidad para 80 personas, no más de 15 asistentes ocupan las butacas. El actor en escena proyecta la voz como si estuviera frente a un teatro lleno. Aunque no lo está, actúa como si lo estuviera porque esa es la regla no escrita del oficio: el espectáculo no se detiene, pase lo que pase.

Bogotá se ha consolidado históricamente como una de las capitales teatrales más importantes de América Latina, en gran parte gracias al impacto del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, creado en 1988 por la actriz Fanny Mikey y el ex ministro de cultura Ramiro Osorio. El festival, considerado uno de los eventos de artes escénicas más importantes del mundo, ha llegado a reunir más de 800 funciones, compañías de los cinco continentes y millones de espectadores de diversos países en la ciudad.

Diversas fuentes culturales e institucionales como la UNESCO, la Alcaldía Mayot de Bogotá, el Instituto Distrital de Artes, señalan que este evento convirtió a Bogotá en una referencia internacional del teatro en español y en un punto de encuentro para las artes escénicas latinoamericanas. Incluso, la ciudad llegó a ser reconocida como la “capital mundial del teatro” por el alcance y dimensión del festival.

Además de grandes escenarios como el Jorge Eilecer Gaitán, Julio Mario SantoDomingo o el Colón, Bogotá mantiene una amplia red de salas independientes como el Teatro de Garaje, Teatro Libre, Teatro La Candelaria, o la Fundación Gilberto Alazate Avendaño y una agenda cultural que la posiciona como uno de los principales circuitos teatrales tanto del país, como del continente. Sin embargo, la industria no está en su mejor momento.

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La inmediatez de las redes sociales

Para Alejandro Campos, director, actor y comediante, hay una ausencia en las salas, pero no es una ausencia nueva, es algo que se viene presentando desde hace años. “Una cosa es lo que hace el Teatro la Candelaria, o Quinta Porra, presentan clásicos, y si te preguntas cuantos fueron, no fueron ni la décima parte de la gente que fue a ver Mujeres a la Plancha. ¿Eso es teatro?”.

Para Alejandro la gente va, pero las salas no se llenan y si se llenan es por los amigos, familiares de los actores o directores. “La gente tiene la cultura de lo gratis, y el teatro cuesta”. Según Alejandro Campos, las personas piensan: ¿para qué pagar una obra si lo puedo ver por internet?

Para Campos, otro factor que influye en la decaída de los públicos en la sala es la inmediatez que buscan los espectadores, un efecto de las redes sociales: “En una película si quieres ver algo en específico la adelantas, en el teatro no pasa, tienes que esperar todas las escenas, lo que puede llegar a ser aburrido para algunas personas. Por eso vas a ver a algunos después de los cinco minutos de empezar la función mirar el teléfono”.

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Inyección económica vs beneficios reales 

Según el Ministerio de Cultura de Colombia, el teatro ha recibido un impulso sostenido en términos de infraestructura y financiación. Desde la implementación de la Ley de Espectáculos Públicos en 2011, se han destinado más de 78.000 millones de pesos para la construcción, adecuación y dotación de escenarios en el país. Esto evidencia una apuesta por fortalecer el sector.

A nivel nacional, el mismo Ministerio informó que en junio de 2025 se recaudaron más de 17.800 millones de pesos por concepto del impuesto a espectáculos públicos de las artes escénicas, convirtiéndose en el mes de mayor recaudo registrado en ese año. Para al final del 2025, la recaudación fue 104 mil millones de pesos, la cifra más alta desde 2011.

Sin embargo, el crecimiento económico del sector no se refleja en una asistencia constante a las salas independientes a ver teatro, puesto que las cifras incluyen cualquier actividad o grupo que se presente en una de estas instalaciones en Bogotá. Al respecto, Campos plantea una cuestión irónica y pone como ejemplo la presentación de “Mujeres a la Plancha” en el teatro La Castellana: “¿el hecho que se paren un teatro lo vuelve teatro?”.

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El teatro: un legado de la identidad bogotana

“El público bogotano es experto en ver teatro”, comenta el director de teatro, Jaime Niño. Según él, en los años 90 había un público formado, pero después ese mismo público se fue concentrando en lugares específicos como el teatro Jorge Eliercer Gaitán, Teatro libre o La Castellana y se olvidaron de la periferia.

La gente fallece y esa realidad también tiene implicaciones en el circuito teatral. Jaime Niño explica que si no hay trabajo de formación de retroalimentación y construcción de público se ven las fallas. Para él, ya no se alimenta de teatro en las nuevas generaciones como se solía hacer antes.

¿Qué hacer para mitigar la crisis?

Una de las estrategias que ha implementado el distrito es la Ruta Teatro 2026, impulsada por la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, que reunió a más de 5.500 asistentes en 84 funciones realizadas en distintas salas de Bogotá. Según los datos oficiales, el evento alcanzó una ocupación promedio del 83 % y uno de los hallazgos más relevantes fue que seis de cada 10 asistentes visitaron una sala de teatro por primera vez gracias a esta iniciativa. Además, cerca del 99 % afirmó que volvería a asistir a una obra, lo que evidencia que sí existe interés por el teatro cuando se generan estrategias de acceso y difusión más amplias.

Así mismo, según Jaime existen precios asequibles para la comunidad bogotana, “hay bonos de 40-60 mil pesos para siete horas de teatro, supremamente barato”.

La situación de las salas independientes en Bogotá no significa que el teatro esté muriendo, sino que está atravesando una crisis silenciosa. La ciudad continúa produciendo obras, formando actores y manteniendo una cartelera constante, pero enfrenta el desafío de volver a formar públicos porque una sala vacía no siempre significa falta de talento, muchas veces significa falta de visibilidad, de acceso o de costumbre cultural.

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