Lunes, 21 Septiembre 2026 09:11

Daniel tampoco tiene quien le escriba

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En una finca de Zipacón, Daniel Aguirre, un hombre de ochenta y dos años, ha hecho del aislamiento una forma de vida. Mientras el silencio y la rutina marcan sus días, una pensión de sobreviviente que reclama desde la muerte de su esposa permanece atrapada en la espera.

En El coronel no tiene quien le escriba, Gabriel García Márquez retrata a un hombre que espera mes tras mes, año tras año, una pensión de jubilación que nunca llega. Es una espera que define su vida, que la paraliza y la sostiene a la vez. Más de sesenta años después, Daniel Aguirre vive exactamente eso. "Daniel no tiene quien le escriba." Ni cartas, ni noticias, ni el reconocimiento del Estado que prometió honrar la memoria de su difunta esposa con una pensión que aún no llega. En noviembre de 2024, cuando ella falleció, Daniel se convirtió en viudo. Ahora aguarda lo que el sistema promete pero tarda en darle.

En una finca en Zipacón, donde él vive como un ermitaño a los ochenta y dos años, la soledad no es castigo sino elección. Este señor ha dominado el arte de la desaparición: desaparecer del mundo ruidoso, de las obligaciones, de las expectativas. Su vida es un manifiesto silencioso contra el afán. Y sin embargo, espera. Espera lo que le corresponde, como esperó antes en la vida.

En este reportaje fotográfico visitamos al abuelo que nadie visita, al hombre que eligió vivir sin el peso del arrepentimiento, al señor que continúa en su finca, esperando y no esperando a la vez.

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